“Pobre Universidad Mía”

EDUARDO HERNÁNDEZ

La Universidad Autónoma de Zacatecas ha sido sin duda el bastión histórico más importante para la generación de capital social, político e ideológico de nuestro estado; semillero interminable de cuadros intelectuales y políticos, importantes luchadores sociales, grandes exponentes de arte y cultura y ¿por qué no?, grandes agentes promotores del desarrollo empresarial.

Hoy, esta gran universidad, está sumida en una gran crisis que rebasa por mucho el carácter de financiera y administrativa, y colinda si no invade los ámbitos ideológico e institucional, con sindicatos otrora fuentes de importantes conquistas laborales, que dejan entrever su debilidad institucional posicionándose plenamente en las características del sindicalismo “charro” y servil predominante en México, que día a día se muestra complaciente ante la disminución de sus logros históricos, entregando los intereses de sus agremiados a la voraz clase política y empresarial.

Trece días duró una huelga, que desde mi perspectiva, de origen fue mal enfocada y que lejos de haber generado una catarsis que diera origen a una renovación institucional, parece sentar las bases para que la universidad “cambie para seguir igual”; mientras tanto, los problemas crecen, la crisis se agudiza y la ciudadanía se decepciona por apoyar una vez más un movimiento que termina en absolutamente nada.

Si bien es cierto que el “delgadito” pliego petitorio del SPAUAZ fue satisfecho en gran parte por la Rectoría, lejos está de solucionar un problema de fondo que cada día afecta más y más directamente a sus trabajadores y coloca a nuestra máxima casa de estudios en franca vulnerabilidad ante el avance de la ideología neoliberal en la que no se percibe a la educación pública más que como motivo de estancamiento de la productividad de nuestro país, aún y cuando a pesar de su calidad no es del todo satisfactoria, sigue representando la única opción de acceso a la educación para millones de mexicanos, que han encontrado en ella un espacio su crecimiento y desarrollo.

Se desaprovechó entonces una coyuntura en la que un movimiento magisterial verdadero, respaldado ampliamente por la sociedad y el alumnado, que vio en ellos una lucha legítima por el rescate de nuestra principal casa de estudios y que debió sentar las bases para una correcta solución al problema de fondo de la Universidad: la falta de subsidio para su presupuesto, los eternos abusos de los sindicatos que representan auténticos barriles sin fondo y la deficiente administración y falta de conciencia de muchos de sus Rectores, que han utilizado a la universidad para forjar sus carreras políticas propias y enriquecerse a costa del perjuicio de muchos zacatecanos.

Sin embargo, aún a pesar del disminuido logro, los docentes cuentan con la oportunidad de reivindicar su lucha frente al alumnado y sociedad decepcionados, mediante el fortalecimiento de un movimiento que vaya más allá de exigir el pago de sus cuotas de seguridad social y que más bien se enfoque en la lucha por el rescate de fondo de tan gran institución, lucha que sin duda encontrará respaldo en amplios sectores de la sociedad zacatecana.

De no ser así, no quedará más que hacer alegoría al título del libro de Pedro Ángel Palou, “Pobre Patria Mía” en el que trata de reivindicar la figura del Gral. Porfirio Díaz al retratar su sufrimiento cuando desde su perspectiva veía derrumbarse el proyecto que a lo largo de tres décadas estuvo construyendo en nuestra nación; a partir de ello podríamos expresar nuestro lamento con un “Pobre Universidad Mía”.

Mientras todo esto sucede, no olvidemos seguir respaldando al gobierno del ayuntamiento en que nació nuestra Universidad, y que hoy en franco desinterés por su futuro, prefiere gestionar y destinar 35 millones de pesos al espectáculo público; ¡así es!, 5 millones de pesos más que los que dieron solución al irrisible pliego petitorio del SPAUAZ.

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