Neoclasismo de Vanguardia

El ambiente reformatorio se vuelve tema de moda y hasta cotidiano en nuestro bello pero vapuleado país. Igual hablamos de reformas jurídicas en materia política o hacendaria que de telecomunicaciones o financiera.

Ante esta oleada de reformas para “construir un nuevo país”, no podrían faltar aquellas del corte sociológico; y es que en días pasados recibimos la honrosa noticia de contar ahora con una nueva clasificación de “clases sociales” que a decir de la grandiosa Secretaría de Economía son:

  • Clase Baja Baja: aquella grande concentradora (tendiente al monopolio) del 35% de la población del país (cerca de 40 millones), entre los que destacan trabajadores temporales inmigrantes, comerciantes informales, desempleados, y aquellos que “desperdiciando las múltiples oportunidades de desarrollo” viven de la asistencia social.
  • Baja Alta: con el honroso 25% de la población (cerca de 30 millones de mexicanos) y en donde ubican principalmente a campesinos y obreros.
  • Media Baja: con 20% de la población (poco más de 20 millones), donde encontramos oficinistas, técnicos, supervisores, artesanos calificados.
  • Media Alta: con 14% de la población (arriba de 15 millones), donde ya destacan hombres de negocios y profesionistas exitosos.
  • Alta Baja con 5% de los habitantes, poco más de 5 millones de personas y que se integra por “familias que son ricas de pocas generaciones atrás”, pero cuyos “ingresos económicos son cuantiosos y muy estables”.
  • Alta Alta: el selecto 1% de la población, poco más de 1 millón de mexicanos y que se integra por “antiguas familias ricas, que durante varias generaciones han sido prominentes”.

Muchas reflexiones pueden suscitarse al respecto y quizás sería materia de mucho análisis. Sin embargo abordaré las que en el momento me vienen a la mente con mayor insistencia:

  1. Cambiar la clasificación de clases sociales para llegar a lo que denomino “Neoclasismo de Vanguardia”, ¿En que cambia la situación de los integrantes de cada “clase”? ¿Acaso volvemos al principio fundamental del cambiara para permanecer igual?
  2. ¿En dónde quedó el país “clasemediero” pregonado como logro del panismo? ¿Acaso no encontramos al 80% de la población clasificado dentro de la clase “media baja” para abajo y 60% en las clases bajas (a pesar de la enorme distinción que con esta clasificación puede dar ser de entre los bajos, los menos bajos)?.
  3. Encontramos indudablemente, y para no desentonar con las clasificaciones mundiales, al selecto 1% poseedor de la mayor parte de la riqueza en la nación, pero observamos la llegada de un nuevo 5% (¿acaso políticos y empresarios prominentemente favorecidos por el sistema y el erario público?) que han logrado superar la barrera “clasemediera” para al menos ver de cerca la espalda del selecto 1%.
  4. Si nos apegamos a la clasificación, algunos podemos considerarnos afortunados por avanzar a base de trabajo, uno o dos escalafones en la clasificación, pero no deja de lastimar la alta concentración en los bajos estratos. Nuevamente ¿De qué les sirve la nueva diferenciación?
  5. Finalmente y quizás la observación más importante es que no deja de sorprender la poca congruencia entre las acciones de gobierno. Por un lado la nula sensibilidad social, moral y hasta política que se tiene para con la ciudadanía en la que ahora, en una maniobra que margina incluso en el discurso a los ya de por sí marginados, da evidencia de las fallas del modelo económico, y de ahí por otro lado, la poca alineación que ese diagnóstico tiene para con el proceso reformatorio de consolidación neoliberal, que evidentemente es causa importante de la concentración de la riqueza y el ingreso que el Neoclasismo de Vanguardia que la nueva clasificación evidencia.

Seguimos viviendo en un país de contrastes y lamentablemente no se percibe un espacio por el que se vislumbre un cambio favorable.

Lo sorprendente es que ante la situación social existente, el Gobierno se permita volver oficiales este tipo de clasificaciones. ¿Ignorancia o insensibilidad? Al tiempo.

Y mientras las reformas para mover a México siguen, mejor movamos un poco el cuerpo y el sentido musical al disfrutar de Juan Luis Guerra y “La llave de mi corazón” que igual mezcla el ritmo y cadencia latina del merengue, que el mambo, el son y el interesante toque del Jazz. Y claro, para disfrutarla mejor, debe ser en vivo. (https://www.youtube.com/watch?v=RcuF_ROWtqc)

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