Comportamiento virtual: nadie está a salvo.

Por Claudia Tostado.

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Hace algunos años, cuando la gente común empezaba a usar computadoras y fue el boom del internet, las opciones eran limitadas. La mayor diversión era el correo electrónico. Ahí empezaron a difundirse las cadenas o “forwards”, de temas muy variados, desde religiosos con oraciones y ángeles de la abundancia, hasta los riesgos de caminar mientras se hablaba por teléfono celular en un estacionamiento, pasando por “La vueltita verde” y los tests del Dalai Lama para conocer tu verdadera personalidad. Ahora ya no hacemos eso (casi nadie) pero tenemos otras cosas que lo sustituyen.

La diferencia entre mi generación y la de mis padres, a nivel virtual, es muy marcada. Ellos recibían una cadena que contenía información sobre todooos los daños de la Coca-Cola, que te deshacía por dentro; que si metes un clavo dentro de un vaso con esta bebida, se deshace enseguida; que es la mejor herramienta para lavar escusados, etc. La pasada generación, horrorizada, lo reenviaba a todos sus contactos, pero no dejaba de consumir este producto. Ni dejaron de ir al cine porque en el baño les iban a inyectar una sustancia que los haría perder la voluntad y dejarse ser robados.

Nosotros no mandamos cadenas, pero compartimos artículos en Facebook, o en cualquier otra red. Hace unos días leía un artículo que compartió una amiga -hola Gaby 🙂 – sobre el daño que hace tomar té (el de las marcas muy comerciales y empresas grandes como Lipton, Tazo, Twinnings, etc.) porque contienen una cantidad exorbitante de sustancias dañinas como pesticidas y otras cosas sumamente cancerígenas. Que incluso las bolsitas, ya sean de papel o plástico al estar en contacto con agua caliente desprenden moléculas tan dañinas como el mismo diablo. ¡El té! Que ha sido la solución a un montón de problemas desde siempre. El artículo decía también que esto no sucede con los tés orgánicos, que venden al triple de precio en un estante especial en el supermercado. Y entonces yo empecé a pensar muchísimas cosas como: ¿quién hace este artículo?, ¿es una fuente válida?, tengo que investigar más, lo hacen porque quieren vender más té orgánico, ¿en realidad no debería de tomar más té de marcas comerciales?… Entonces le di like al post, y agregué un pequeño comentario (porque soy muy social) y lo que probablemente suceda con relación al té en mi vida es que voy a empezar a buscar el té orgánico en el super, y preguntar por él en las cafeterías a las que voy. Además, lo voy a usar como tema de conversación en mis reuniones para generar un debate sobre el tema (y lo voy a comentar en mi artículo de #VocesCruzadas esperando el mismo efecto), y lo voy a sacar a flote cada vez que alguien hable de té, o siquiera lo piense. Voy a tratar de persuadir a mi mamá de que hemos vivido en el engaño desde hace décadas, que no podemos continuar así, que tenemos que dejar de comprarlo. Y cada vez, que por alguna poderosa razón, tenga que tomar el malvado té, lo haré con mucho miedo, desconfianza, etc.

Esto es solo un ejemplo de las diferencias entre cómo nos comportamos virtualmente nosotros en comparación con la generación anterior. Incluso hay quienes han querido adaptar a la actualidad algunas cosas, como las ya mencionadas cadenas, poniendo imágenes con el mismo contenido y compartiéndolas en el Facebook (si tienes más de 40 años, está bien –hola tía Irene 🙂 – pero si eres joven, por favor, evítalo).

Otra de las tendencias actuales en la web es compartir artículos y posts de supuestos estudios científicos que “revelan” verdades maravillosas que justifican nuestro pésimo estilo de vida, y nos encanta compartirlo, porque ahora tenemos una razón poderosa para mostrarle al mundo que no necesitamos cambiar. Son títulos como: “Estudio demuestra que las personas que se desvelan son más inteligentes” o “Científico revela que comer pizza y tomar cerveza todos los días ayuda a tener una flora intestinal saludable” o el clásico “Las personas que dicen más groserías y malas palabras son más confiables y honestas: Universidad de Dakota del Sur.” No digo que no existan tales estudios, ni que no sea información real (aunque no lo creo) pero seguramente las personas que son “más inteligentes” porque se desvelan no lo hacen estando en el celular hasta las 4am, viendo la tele o de fiesta diario. La mayoría hemos llegado a compartir algo así, pero esto tiene los efectos contrarios de lo que creíste. La gente no va a pensar: “¡Ah! Que flora intestinal tan saludable debe tener esta persona.” La gente va a pensar que tienes malos hábitos alimenticios y que quieres justificarlo.

Las redes sociales ya están al alcance de casi todos. Facebook registra 1200 millones de usuarios al mes, la mitad de la población mundial usa ésta red social. Según resultados de una encuesta del INEGI en 2012 el 32.2% de los hogares del país contaba con una computadora (imagínense en 2014). Y ahora ya la mayoría tenemos un Smartphone con acceso a internet, en donde constantemente estamos checando y actualizando nuestras cuentas en las diferentes plataformas virtuales. Yo creo que hay un problema muy grande, y es que no sabemos usar correctamente las redes sociales. No existe un reglamento o un manual, y seguramente lo que está bien para unos está mal para otros, pero definitivamente hay cosas que no se deben hacer. Por un lado, “la conducta virtual”, lo que afecta tu imagen, lo que está bien o mal visto por los demás, y no solo por tus amigos y familia, sino por la gente que probablemente podría emplearte en el futuro, o que te emplea actualmente. Y por otro lado, los riesgos que corres al hacer un uso incorrecto del mundo virtual.

El tema de privacidad y seguridad de datos es muy amplio, y ciertamente hay muchas cosas que deberíamos saber y no sabemos. Nadie está a salvo. Solamente los que de verdad no utilizan internet, nunca, ni el correo electrónico, ni nada. Cada foto que tomas se guarda con una carga geográfica. Y cuando la subes a la web, cualquier persona (que sepa cómo hacerlo) puede saber dónde exactamente fue tomada esa foto, y de dónde la subiste. Con excepción de Twitter, en esta red social cuando subes una imagen, no tiene datos geográficos, cuestión que decidió la empresa para seguridad de los usuarios.

¿Y cuál es el peligro?

Como dice #BrunoZarazúa en su artículo “La sofisticación de la ignorancia”:

“Nunca antes se había visto tanto flujo de información como en esta era digital. En este mundo cada vez más interconectado y con la ayuda de las redes sociales, nos hemos convertido cada uno de nosotros en una suerte de fuente de noticias, causando con esto una especie de teléfono descompuesto, que muchas veces resulta en perjuicio de la sociedad.”

No te van a secuestrar, o asesinar (en la mayoría de los casos) pero el riesgo es que te pueden robar datos, incluso tu identidad (concepto que me parece equivocado, porque nadie te puede robar tu identidad, eso no se roba) pero se refieren a que pueden hacerse pasar por ti, usar tus datos personales como cuentas bancarias u otras cosas para obtener beneficios. Si tú eres de esas personas que tienen su Facebook con la configuración de privada más alta, que ni siquiera tienes tu foto, ni subes fotos de tus hijos, ni así estás a salvo. Y ni hablar del cyberbulling, pornografía, etc. Hay muchas, muchas formas de hacerlo y hay gente mala de su corazón que se dedica a esto. Por medio de virus, links con spam, y muchos métodos de los que aunque seas muy chipocles podrías no salvarte.

Cada vez que entras
a una página de internet o das click en un link, hay (aproximadamente según un estudio) 5 páginas de internet que te empiezan a “seguir”, a “ver” lo que haces. Cada página que abres en internet, cada like en Facebook, cada persona que sigues en Twitter, cada imagen que pineas en Pinterest, cada video que ves en YouTube, estás siendo registrado. A los que todos nos referimos como “Ellos”, los malos, la entidad que no tiene nombre pero que todos sabemos que existe, el gran hermano, el gobierno, más allá del gobierno, las grandes corporaciones, etc. necesitan esa información.

Una científica informática experta en el tema, Jennifer Golbeck, dice que hay empresas gigantescas que se dedican, exclusivamente, a crear bases de datos de estadísticas sobre todos los temas, basados en el comportamiento virtual de las personas. Ellos saben qué te gusta, tu personalidad, religión, edad, inteligencia, por quién vas a votar, tu orientación sexual, si estás embarazada o no, si eres alcohólico o drogadicto, además de cosas como cuánto confías en la gente que está a tu alrededor y qué tan fuertes son tus relaciones. Se han desarrollado mecanismos para predecir estas cosas con bastante exactitud.

Hace un tiempo, Forbes reveló una historia sobre una adolescente de 15 años que estaba embarazada. Sus padres no sabían nada hasta que por correo (análogo, no virtual) recibieron folletos y volantes de Target (una tienda departamental de Estados Unidos) con anuncios y cupones de cunas, biberones y pañales. Target supo que la chica estaba embarazada por su comportamiento virtual, y tenía en su poder los datos suficientes para hacerle llegar esta información. Y lo hizo. Resulta que ellos tienen el historial de compras de cientos de miles de usuarios y calculan lo que llaman “puntaje de embarazo”, que no se trata si la mujer está o no embarazada sino para cuándo espera. Y lo calculan, no mirando cosas obvias, como si compran una cuna o ropa de bebé, sino si compró más vitaminas de lo normal, o si compró un bolso de mano suficientemente grande como para guardar pañales. Y por si solas, dichas compras no parecen revelar mucho, pero es un patrón de comportamiento que, tomado en el contexto de miles de personas, empieza a revelar algunas ideas.

No es que en el gran mundo virtual cada uno tengamos nuestro expediente, de todo lo que hacemos o de lo que nos gusta. Pero cada paso que damos en la red, va construyendo esta gran base de datos. Y la verdad es que a mí no me parece tan malo. Claro que no quiero que me roben mi identidad, ni que sepan mis secretos, ni que me secuestren, ni me gusta saber que soy parte solo de una estadística, que soy un dato más, que solo soy un cliente y no una persona con sentimientos, a nadie le gusta que no lo hagan sentir especial. Pero reflexiona conmigo, cuando tú entras a tu Facebook, del lado derecho, y a veces con algunas publicaciones (sugeridas) puedes ver ofertas y promociones de páginas a las que no has entrado nunca y que tampoco les has dado like. Estas promociones son personalizadas, son puestas ahí para ti. La de cada persona es diferente. A mí, por ejemplo me salen ofertas de viajes y aviones (porque me la paso buscando boletos y hoteles aunque nunca vaya, se vale soñar). Entra a tu página de inicio y ve que es lo que te están ofreciendo… ¿Qué es lo que saben ellos de ti?

Y no creo que sea tan malo, porque prefiero poder ver, en esos anuncios tan molestos, algo que por lo menos me interesa, a cualquier cosa que no tenga nada que ver conmigo. No hay forma de evitarlo. Yo no voy a dejar de usar internet, no voy a dejar de navegar, ver videos, leer artículos, descargar información. Ni tú lo hagas tampoco. Claro que hay que ser cuidadosos, crear una conciencia de discernimiento entre lo que es bueno y malo en internet, empezar con la “alfabetización informacional” de la que ha hablado también  #BrunoZarazúa. Y si tienes algo que esconder, no lo escondas en la web, ni en un correo, ni en un inbox. Suena muy tonto, pero no compartas información con extraños, no publiques tus datos personales, ni te registres en páginas de internet que sean extrañas para ti. Si no sabes cómo hacer algo, pide ayuda. Investiga. Siempre hay formas de cuidarse, pero aún así, nadie está a salvo.

Twitter: @claudiatostado

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