Segunda parte.

(Primera parte. aquí)

CLAUDIA TOSTADO

Sentada, esperando, todo y nada, llegó alguien y se sentó junto a mí. Muy cerca para ser un extraño, pensé. Pero tampoco me habló como si me conociera. Una situación incómoda, de las que se disfrutan. Pasó un rato, y se marchó. Fue hasta más tarde que yo sabría quién era. Pero no me adelantaré, ya llegaremos allí. Me acabé el café, mientras leía el periódico y fumaba pensando que, tal vez, en la edición dominical estaríamos, nosotros, en primera plana.

-Y se puede decir que sí estuvieron…- Se aceleró Andrés a comentar.

-Sí, pues sí, pero no por las razones correctas.- Respondió Catalina, sin alterarse. – Yo debí haber regresado al departamento, a esperarlo. Pero no, sentí que tenía que ir a otro lado. No estaba muy segura, pero caminé hasta que lo decidí. Fue entonces cuando llegué a tu casa.- Señaló a Andrés viéndolo a los ojos.-¿Eso que ya sabes, también lo cuento?-

-Sí, sí, necesito escucharlo de ti, todo esta tan borroso en mi mente, ya no estoy seguro de lo que en realidad pasó.-

-Me abriste la puerta y nos sentamos en la mesa de la cocina, estabas solo. Me explicaste que habías peleado con Adriana hacía dos noches, y que se fue, a casa de su hermana o algo. Me ofreciste té. Y aunque no soy muy de tés, acepté. ¿Con leche? Preguntaste… Un poco, respondí. Empezamos a hablar, de trivialidades, del clima y las noticias.

-¿Por qué se fue Adriana?

-Peleamos. Discutimos, no se…

-¿Por qué discutieron?

-¡Ay, Cata! ¿Qué quieres que te diga? ¿Qué discutimos por ti? Siempre discutimos por ti, ya lo sabes, no me hagas decirlo.

-Bueno, solo quería saber…

-¿Saber qué? ¿Si aún te quiero?

-Sí.

-Sí, sí te quiero. Nunca te voy a dejar de querer. Eres lo que más quiero, eso no va a cambiar. Pero tú, tú decidiste irte con Felipe. Y no te estoy reclamando, ya te reclamé suficiente. Ya sé que no vas a regresar. Creo que ya no quiero que regreses. No sé si quiero que regrese Adriana, tampoco. Ya no sé ni lo que quiero.

-Discúlpame por haber venido, yo no quería…

-No, no, está bien, no te preocupes. Perdón no debí ponerme así, pero es que es demasiado.

-Si…

-No quiero ser grosero, pero… ¿a qué viniste?

-No se…

Y así nos quedamos callados, no necesitaste una explicación, eso me pareció. Eran como las 2 de la tarde. Las 2 de la tarde no es una buena hora para casi nada. Aunque me sentía tranquila, muchas cosas pasaban por mi cabeza.

-No sé, quería verte. Despedirme.

-Ya nos hemos despedido muchas veces.

-Pero ahora es diferente.

-¿Por qué es diferente? Siempre dices lo mismo.

-Decidí que quiero pasar el resto de mi vida con Felipe.

-¿Te vas a casar?

-No, ya sabes que yo no creo en eso.

-¿Entonces?

-No te puedo decir demasiado, queremos estar juntos para siempre, aunque siempre sea muy poco tiempo.

-¿Qué estás diciendo, Catalina? Espero que no estés pensando en cometer una locura… No sé de qué hablas, pero, por favor, ¡por favor! Dime que no es una locura…

-Me tengo que ir. Solo quería verte. Despedirme.- Te abracé. Fue un abrazo corto, profundo. No como todos los abrazos de despedidas, que son largos y superficiales, dolorosos.

-Mira, no sirvió de nada la despedida.- Dijo Andrés, casi sonriendo. Cata lo vio con ironía, y también casi sonrió.

-No quisiera interrumpir su momento, pero, por favor, señorita, continúe.- interrumpió Cuenca, otra vez, aunque más calmado.

Salí de tu casa. Ya pasaban de las 3. Yo recordaba que Adriana, salía de su trabajo a las 4. No me quedaba de paso, pero fui.

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