Tatic Francisco

J. Jesús Reyes R. del Cueto

Todos en la familia seguimos la transmisión de manera muy cercana. En lo personal sentí una gran calidez al ver los colores vivos de esa Catedral de San Cristóbal de las Casas con sus amarillos y rojos que recuerdan la fuerza de la luz del sol y solo con esos rayos pueden ser confundidos. Ese montaje que se colocó detrás del altar donde el Papa Francisco, misionero de la paz en México durante unos días, ofició misa ante un gran número de personas, en su mayoría indígenas. Esa catedral con sus colores y esa plaza con su gente (indígena casi toda) es para mí probablemente una segunda casa cívica y espiritual después de la Plaza de Armas con su bella Catedral en mi Zacatecas querido. Lo es así, porque a San Cristóbal siempre he estado, estoy y estaré unido gracias a las enseñanzas que esa tierra y su gente me han dado.

Todos en la familia también queríamos escuchar su nombre de la boca del gran padre redentor, reformador de la iglesia católica y revolucionario por naturaleza. Buscábamos en cualquier palabra y frase la posibilidad remota de que el Papa Francisco, con todas sus letras, reivindicara públicamente la vida y las obras del gran obispo Samuel Ruiz García. Ese momento no llegó; al final de cuentas no es el estilo de Francisco detenerse a la adulación de un personaje, arriesgando tal vez la contundencia del mensaje que es más grande que una persona, más grande que una sola vida.

Todos en la familia sonreímos cuando ese momento llegó, si bien no de la boca de Francisco pero si de la boca del maestro de ceremonias, que sin pena ni arrepentimiento gritó, una vez terminada la misa: “Viva Tatic Samuel, quien puso la Biblia en manos del pueblo pobre”. Así como ver esos colores, escuchar estas palabras y la ovación que provocaron entre los presentes también me llenó de calidez y alegría. “Tatic Samuel”, “Padre Samuel”. “Tatic Francisco”, “Padre Francisco”. Ese “Tatic” lo escuché en vivo de la boca de muchísimos indígenas agradecidos con Don Samuel con su obra, el simple hecho de pensar en esa palabra me trae escalofríos. Y es que Tatic no solo es padre, también es hermano, maestro, enseñante, guía, apoyo, pastor, cobijo, resguardo. Tatic es amor, un amor más que humano. El amor que vi de mis propios ojos Don Samuel sentía por sus indígenas, por sus pobres y por su prójimo. El amor que si me considero afortunado, también me toco un poco a mí. El amor del que Francisco habla, pero también el amor que Francisco vive, día a día en sus sacrificios y en su cercanía con la gente.

Todos en la familia nos dimos cuenta por qué Francisco no dijo su nombre al entender que el tributo a su vida y su trabajo fue mucho más grande que unas cuantas palabras. Ese tributo fue la visita entera al estado de Chiapas y si nos emocionamos tal vez hasta la visita entera a México. Ese tributo fue el acto desafiante, en un pueblo lleno de coletos, de pronunciar una gran parte de la misa en Tzeltal, Tzotzil, Chol y Tojolabal; las lenguas que Don Samuel mismo aprendió para evangelizar bien y a su manera; para conocer a su gente y conversar con ella de manera directa, sin traductores. La realidad es que esa misa no hubiera sucedido sin el trabajo incansable de Don Samuel, el eterno caminante. El tributo fue el simple hecho de que Francisco haya dicho, desde Roma, yo voy a México, pero voy con los indígenas, con los que menos tienen y de los que más tenemos que aprender. El tributo fue decirles de una manera fuerte y resonante a esos indígenas: “El mundo los necesita”.

Todos en la familia deseamos que el mensaje certero que mandó el papa Francisco en esta visita a San Cristóbal de las Casas sea escuchado y atendido por el pueblo mexicano y la humanidad entera. La idea de Francisco fue reivindicar el trabajo y la obra de Don Samuel; fue decir: “Hermano Samuel, vengo a tu tumba a honrarte porque tu trabajo fue tan importante y trascendente como el que yo hago el día de hoy”. A cinco años de su muerte, es necesario no solo que reivindiquemos el nombre y la obra de Don Samuel, algo que con su simple visita y palabras el gran Papa Francisco ya hizo, sino que también volvamos a reflexionar, estudiar y entender lo que verdaderamente hizo Don Samuel en las selvas y en las sierras chiapanecas. Humildemente se transformó en uno de ellos para entrar a sus corazones y no los intentó cambiar ni convertir, sino al aprender de ellos les enseñó el camino del amor predicado tanto en el Evangelio como en el Popol Vuh. Ojala escuchemos a Francisco como los animales escuchaban al santo que inspiró su nombre.

Y cuando digo todos en la familia me refiero a los que estuvieron conmigo en esa primera comunión en Acteal, pero también a los que no. Me refiero a esta familia humana, a estos vecinos hermanos de los que tanto me enseño Tatic Samuel y de los que tanto me está enseñando Tatic Francisco.

Nos leemos a la próxima, aquí en Voces Cruzadas.

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