Crónica de un alto en un concierto

Claudia Tostado.

Dan las 6 de la tarde. Pablo ya se imagina lo que le espera, toda su vida ha sufrido por lo mismo: su altura. Ésta noche, es el concierto de su grupo favorito: “Los puercoespines voladores de Tlapalcayuca el chico”. No se lo puede perder, ha esperado todo el año para verlos. Y es que es lo mismo cada concierto: se pare donde se pare, todos los asistentes que están atrás de él, montan en cólera, y furibundos gritan, lo empujan, y hasta le avientan comida, agua, latas, botellas y uno que otro paraguas, de los que venden ahí en la plaza a 35 pesos, mínimo 25. Pero es la cruz que le tocó cargar. Es su maldición. La terrible maldición de ser alto. Dan las 6, pues. Pablo decide prepararse más ésta vez para éste martirio que está dispuesto a padecer, porque vale la pena, porque es su ilusión ver a “Los puercoespines de Tlapa el chico”. Se coloca en la espalda una tabla para natación, de esas de hule-espuma que usan los niños cuando están aprendiendo a flotar, y se la amarra con un cinturón. Se pone unas rodilleras, un casco, unos gogles y una gabardina. La amarilla, no había otra. No se imaginó que ésta vez no sería el incómodo alto que no deja ver, sino, el maldito fenómeno salido del circo, y encima, que mide casi dos metros. Ahora no sólo soportaría los insultos, y agresiones de costumbre. Ahora se sumarían las burlas y apodos ofensivos de la gente, gracias a su vestimenta. No le pasaba aún por la cabeza el desfile de objetos tan diferentes y extraños que se impactarían contra su persona ésta misma noche. Una lata de cerveza clara, abierta por la mitad, quizá le abriría una cortada en el cuello, que le dejaría cicatriz de por vida. Un calcetín mojado, aseguro, nada agradable. Unos lentes de sol del tianguis, color rosa con dorado. Una gorra de COMEX. Una gordita de chicharrón, con mucha salsa, ya mordida. Unas rosas amarillas de plástico, un huarache de suela de llanta y 4 pilas AA. Probablemente ésto, o quizá otras cosas. Dan las 9:30. Comienza el concierto.

6 comments

  1. A mi me han lanzado bolas anti estrés! Esa ironica situación siempre la recordaré. Muy bien escrito!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.