La inmensidad del mundo.

Jonathan Alcalá

Trajano lloró cuando se dio cuenta de la inmensidad del mundo. El águila de Roma no llegaría hasta el fin de la tierra. El hombre que nunca había llorado dejó caer sus lágrimas en el mar de Persia. El César que trajo nuevas glorias al Imperio, vio su propio cuerpo como una triste masa de músculos, apenas sostenida por unos huesos menos frágiles; las glorias del campo de batalla parecían quedar atrás, más cerca del pasado que del presente, glorias de polvo, gritos y sangre, en las que al galope o marchando junto con las legiones, el emperador desataba el infierno de la guerra.

Dacia, el recuerdo de aquel invierno que fue gentil y un Danubio cuyas aguas son el ensueño de una victoria. Hubo muchas bajas, pero la cruenta batalla se decantó hacia  los hijos de la loba. Las ricas minas de esa nación trajeron alivio para los romanos, sobre todo a los más pobres. Una recompensa por tantos hijos muertos y anteriores batallas fallidas. La sangre derramada contra el reino de Decébalo fue vendida a un alto precio; Trajano fue justo,  usó el oro para el bien de su pueblo, haciendo parecer que la única seducción a la cual era vulnerable el emperador, era la justicia; pero tampoco es que se privara de la voluptuosidad y los vicios del soldado, amaba beber y comer con desmesura. Probablemente las campañas bajo el mando de Domiciano le heredaron por costumbre dar rienda suelta a la carne, después de salvar la propia de la espada del enemigo.  Se embriagaba de vino y de triunfos, ambos resultados de una tarea bien realizada y de paciencia.

            El destino como Príncipe de Roma no fue casualidad, tiempo antes, la astucia y la valentía eran notables en el carácter y el modo de actuar de Trajano; a pesar de ser un general exitoso, supo escapar de la paranoia de Domiciano, quien ofrecía el cuchillo a modo de  recompensa a los hombres que mostraban virtudes suficientes como  poner en riesgo su permanencia en el poder. Era una época en la que las conspiraciones no eran ideas descabelladas, ni tampoco miedos sin fundamento, pero lo notable de Trajano daba firmeza a lo que se habló de él en las guerras contra los Partos. Tal vez alguna vez se le vio con recelo, no obstante lo hábil como guerrero  y su talento militar le generaron lealtad por parte del ejército, atentar contra su vida no hubiese sido un movimiento inteligente.

            Tito Flavio Domiciano fue asesinado, el cobijo que pidió a los dioses y su enfermiza preocupación no fueron suficientes. Tal vez la fama crueldad que le perseguía se confirmó al tener enemigos muy de cerca. Ninguna muerte es honrosa, pero un rey  apuñalado en el mismo suelo de su palacio, lo es aún menos. Las puertas se abrieron para nuevas dinastías. Su cuerpo se redujo a cenizas y el damnatio memoriae ordenado, trajo fuego y martillo para sus monedas y figuras de piedra. Nerva fue elegido como el sucesor, un hombre sabio, pero tal vez demasiado viejo; probablemente su experiencia cercana al poder y su avanzada edad fueron adecuadas para hacer de él una ecuánime transición. Trajano estaba en suelos Germanos cuando ocurrió el atentado y también su adopción, se presume que Adriano dio la noticia, sin saberlo, parte del mundo había elegido a un amo cuyo deseo era mejorar la condición de la gente.

Siempre hay un momento único en el que el hombre alcanza algo semejante a la plenitud, un instante en el que las virtudes de la mente y la fuerza del cuerpo están a la par. Esa etapa de la vida en la que algunos pocos humanos parecieran  capaces de discernir entre el olvido y la eternidad. Y eso no quiere decir que las decisiones encaminadas a la inmortalidad fuesen tomadas con relativa facilidad, las leyendas se forman a partir de grandes glorias, asimismo por grandes catástrofes. Cada paso dado, ya sea con meticulosidad o con atrevimiento, hicieron de Trajano un ser cuyo nombre no sería relegado. Ser Príncipe no es tarea sencilla, se acaba con muchas vidas y se cometen siempre demasiadas injusticias, tal vez es parte de nuestra naturaleza, pero algo era seguro, el sueño de Nerón y de Calígula parecían lo suficientemente lejos. Nadie atacó por la espalda al César, ni el Senado ordenaría una condena a su memoria, por el contrario, le llamarían optimus prínceps, los que antes habían hecho matar a los antiguos monarcas, ahora glorificaban su nombre.

            La angustia de la vejez repentina y la probabilidad de una muerte que se acercaba a paso firme llevaron a la cama al emperador. Se enfermó al saber que el oriente se había alejado más. No dudaba de la victoria, ni de la notoriedad de Roma en el mundo, pero como muchos, cuestionó su propia vida en la recta final de la misma. Trajano se equivocó al pensar que su inmortalidad se había construido a base de piedra en los muchos edificios que se levantaron durante su reinado; su inmortalidad era de un orden distinto, estaría en las letras de los historiadores y más importante aún, en la memoria de la gente. Como otros tantos notables, no tuvo hijos, probablemente fue mejor así, ya que lo deslumbrante de una persona hace parecer mediocre al ser que le precede. Como un lúcido guerrero, el honor de su ascenso y su ocaso le encontraron en las fronteras del Imperio; Plotina le acompañó hasta el momento de su muerte en Asia, ella se aseguró de la buena continuidad de las cosas.

            Trajano con sus numerosos nombres, Imperator Caesar Divi Traianvs Optimvs, fue convertido en deidad gracias a sus logros, sobrevivió también en muchas formas palpables, algunas, no se salvaron del descuido y la falta de sensatez. Lo vemos ahí en el museo, erguido y fuerte, severo, pero justo y firme, lo vemos con las manos rotas, porque como escribió en una ocasión Marguerite Yourcenar, así sufren los dioses la locura de los hombres.

One comment

  1. Este escrito fue glorioso, admito. La redacción es impecable con un buen uso de adjetivos y términos. Y me atrajo mucho la temática sobre hablar de la vida, pena y finalmente descenso de un emperador Romano. Es intrigante la vida de los grandes emperadores de uno de los mas grandes imperios de la tierra, notar que muchos de los patrones presentados en su persona se repiten en personajes del futuro. La historia se repite, si no se aprende de ella, y aun así. Jamás había visto un escrito centrado en Trajano tan bien detallado, me hizo interesarme mas en el personaje y en la era, lo que pocos trabajos literarios consiguen.

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