¿Acaso olvidamos esa capacidad de asombro?

Daniela Rivera 

 

Ayer comencé un año más, uno diferente, de aquellos que te indican que el cambio se siente y se ve llegar de una forma inesperada. Me di cuenta y reflexioné sobre la gran cantidad de cosas que escribía durante la infancia y la adolescencia y lo poco o diferente que lo hacía ahora. ¿Les ocurre lo mismo? Esa feracidad con la que sujetábamos el lápiz, casi rompiendo el papel, esa abundancia de diarios, notas, poemas, canciones, relatos… ¿Dónde se va todo eso? ¿Aún los conservan? Apenas un amigo muy cercano me preguntaba: ¿Acaso olvidamos esa capacidad de asombro hacia todo que tenemos cuando somos niños? ¿Preferimos tomar como pasatiempo lo que de niños veíamos como un castigo? ¿Cómo seguir observando el día a día con esos ojos limpios? Volver a la fertilidad en la escritura, en la mirada, en cualquier tipo de creación. Volver a recuperar el tiempo, ahora sí. Sin duda creo que cada cumpleaños es un pretexto, es una renovación y es una ventana directa a visibilizar ese inmenso mundo que está a nuestro alrededor.

 

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