Casa

Andrea Mantecón

Recientemente estuvo de visita un viejo amigo, venía de regreso a México después de terminar su Máster en Europa haciendo una escala en Nueva York. Llegó lleno de esa energía que se tiene cuando se conoce más, de esa energía que viene acompañada de más curiosidad; radiante de un año que cambió su vida por completo. Cuando sonó el timbre y abrí la puerta, estaba ahí parado, con una maleta grande, de esas rectangulares con rueditas; una maleta mediana, de las que son como bolsas alargadas; una mochila pequeña en la espalda y un tubo de planos. En esos cuatro bultos, venía contenido el año que pasó en España. Un poco de ropa, pósters que había comprado en los distintos edificios a los que había ido de visita, su laptop y libros, un montón de libros.

Entre una plática y otra hablábamos de todos estos nuevos modelos de vida: los jóvenes que ahora no se casan en sus veintes y están buscando donde vivir con su primer sueldo, las personas que se van a estudiar una maestría a otro país, los jóvenes que se van a otra ciudad a hacer prácticas profesionales, los recién egresados que se mudan a las capitales del mundo para su primer empleo, los que después de algunos años en el mundo laboral, toman sus ahorros y se van a otro país a aprender un nuevo idioma, los empresarios que pasan la mitad del tiempo en una ciudad y la mitad en otra. Mientras encontrábamos más y más ‘nuevos’ modelos de vida, pensábamos que debía venir con esta ola de formas de vida modernas, una ola de esquemas de vivienda en respuesta.

Llegué directa a investigar. Y sí, en ciudades como Londres y Nueva York nuevos esquemas de vivienda han comenzado a aparecer. En Nueva York, una primera iniciativa es “The collective” una empresa de “co-living” (cohabitación). La compañía tiene propiedades en distintas partes de Manhattan y Brooklyn, casas de 7 a 20 habitaciones amuebladas; una cocina grande, una sala, área de proyección y área de estudio. El precio a pagar incluye todos los servicios, la limpieza, el papel del baño y las servilletas de la cocina. Un híbrido entre hotel y departamento. En su primer lanzamiento uno de estos edificios recibió más de mil solicitudes para una casa de 18 habitaciones. Definitivamente existía ya una demanda para este modelo. A la par de “The collective”, la empresa “Wework” que se dedica a rentar espacios de oficinas compartidos acaba de comenzar una empresa de cohabitación. Por otra parte en Londres iniciativas como “Pocket city” ponen a la venta departamentos pequeños donde una condicionante es que sea la primera compra de la persona y que ganen menos de cierto número anual, con el objetivo de darle una oportunidad a los jóvenes en un mundo donde existen inversionistas que podrían adquirirlos como negocio.

Recordé también la conferencia de la arquitecta Mimi Hoang de n-architects, donde presentó su proyecto MyMicroNY, un edificio con 75 unidades de 250 pies cuadrados cada una, con espacios públicos compartidos: espacio de trabajo, gimnasio, patio, lavandería y almacén. Hoang mencionó que la demanda de vivienda es mucho mayor en nuestro tiempo debido a que mucha más gente vive sola. Hay menos familias y por lo tanto mayor demanda en número de departamentos individuales.

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Otra solución en la mesa es la de la ganadora del premio Wheelwright  de este año Anna Pugjanner con su propuesta “kitchenless cities” (cuidades sin cocinas) en la que habla de edificios en donde las cocinas están disociadas de los departamentos, tal vez en otro piso, tal vez para uso compartido, tal vez con un cocinero, o tal vez las comidas del día podrían convertirse en un servicio externalizado. Su argumento más grande que sólo la disociación de las cocinas, es que bajo los nuevos conceptos de familias, bajo los nuevos roles masculinos y femeninos, bajo el estado actual de la economía y las limitantes de espacio debe haber nuevas propuestas, que se adapten a esta serie de necesidades del siglo XXI.

Ahora bien, si la casa puede no tener cocina, si la casa, puede ser solo un pequeño cuarto en donde todas las demás actividades sucedan compartidas con los vecinos, si la casa puede ser un espacio temporal, o un espacio compartido con compañeros desconocidos hasta el momento, un espacio ya amueblado, un espacio que un mes antes era de alguien más, y tres meses después lo será otra vez, entonces, en este momento histórico ¿qué es la casa?.

Mi amigo iba de regreso a México y por un tiempo estaría con sus papás, en su cuarto de la infancia. En su ‘casa’, me dijo. Y yo pensé, ¿será esta más su casa que su piso en España? ¿Será su casa sólo ya que desempaque las cuatro maletas con las que va a llegar? Una vez que ponga los posters en las paredes y los libros en las repisas, las memorias del año en que estuvo lejos de esa edificación y que lo hacen ahora él. Pensé también si mi pequeño departamento en Manhattan es mi casa, o si la razón por la extraño México todos los días es porque mi casa sigue allá.

Al final creo que “casa” es el espacio que te almacena, como una colección de memorias, de pensamientos, de costumbres y rituales, por cualquier duración de tiempo, en cualquier lugar. A veces el edificio se convierte en parte de la casa, por ejemplo cuando con los ojos cerrados puedes caminar al baño en la mañana sin tropezar, porque el edificio ya es parte de tus memorias, a veces el edificio no es parte de la casa. A veces es la maleta, a veces es una persona, a veces un conjunto de personas, a veces es una ciudad, a veces son los muebles, cualquiera que sea el conjunto de cosas que te almacenan, que te recuerda entre olores, sonidos y texturas quién eres tú, eso es tu casa.

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