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El adiós

LUIS IGNACIO ESCOBEDO

4 de febrero del 2017, ha sido la fecha elegida para poner punto final a una de las carreras más importantes del toreo en México. La historia de Eulalio López “Zotoluco” es y será una de las trayectorias más trascendentales del toreo contemporáneo. Trazada a base de esfuerzo, sacrificio, valor, poder y fidelidad a su concepto del toreo.

Ver decir adiós a un torero no es grato. Es una profesión en la que retirarse no da gusto. Independientemente del miedo, los sacrificios y las heridas, la cornada más grande que puede recibir un torero es aquella que lo quita  de torear, es esa que no es forzosamente física, pero produce más dolor, es esa que queda grabada en el corazón y no cicatriza nunca; me refiero a ese momento en el que te das cuenta que no puedes o debes seguir en activo, seguir toreando.

Enfundarse por última vez el traje de luces sintiendo esa sensación de despedida, esa que se siente cuando le dices adiós a tu ser más querido; quitarse de los toros, de los ruedos, del público, es quitarle el sentido a la vida misma. Ya lo decía David Silveti “Torear es una necesidad y vivir, una circunstancia”

No es lo mismo que cuando un abogado se retira de los estrados, ya que puede no hacerlo nunca, y el torero tiene que hacerlo cuando las facultades o las oportunidades se merman. El  abogado o arquitecto, pensó por mucho tiempo qué debía ser y después estudió para serlo. El torero nace torero y dedica la vida para serlo. Bueno, malo o regular, un torero está dispuesto a entregar la vida para la creación de un momento inolvidable en la mente de alguna persona.

Torero nunca se deja de ser, no es ex-torero, sino torero en el retiro, porque el torero así como nace torero, muere torero.

Conchita Cintrón publicó en 1977 un libro titulado “¿Por qué vuelven los toreros?” ahora mi pregunta es ¿Por qué se quitan los toreros? La respuesta a ambas cuestiones es básicamente la misma. Más allá del dinero, la fama, el protagonismo; porque aparte no todos los toreros consiguen esas cosas. El no dejar de torear o volver a torear, es por el hecho de sentirnos toreros, poder expresar de una forma lo que sentimos, tener esa subida de adrenalina que se vuelve adictiva. En pocas palabras es porque torear es vivir, y sin torear la vida no es igual. Un torero sólo se quita de torero cuando no tiene más remedio, cuando las facultades físicas ya no dan para más, cuando una cornada le limita alguna función motriz, cuando su situación profesional se encuentra mal y no tiene a donde orillarse, o bien, simple y sencillamente, cuando se pierde la ilusión, esa llama que motiva al torero a jugarse la vida.

Pero casi siempre, tarde o temprano, busca el modo de volver a sentir eso que se siente cuando se es TORERO.

Juan Belmonte, el mito.

LUIS IGNACIO ESCOBEDO

Juan Belmonte García, “El Pasmo de Triana”, nacido en el pintoresco barrio de Triana, Sevilla, España, el 14 de abril de 1892, es probablemente el torero más popular de la historia. Considerado por muchos como el fundador del toreo moderno fue, como mínimo, un revolucionario del arte taurino.

 

Encabezó una época de oro del toreo,  junto con José Gómez, “Joselito” o “Gallito” y el mexicano Rodolfo Gaona. Hubo una fuerte rivalidad entre Belmonte y “Joselito” como toreros, pero fuera del ruedo los unió una gran amistad, que se mantuvo hasta la fatídica fecha en la que “Gallito”, es decir, “Joselito”, sufrió una fatal cornada en Talavera de la Reina, Toledo, España, en 1920.

La rivalidad profesional de estos dos toreros tuvo mucho éxito en todas las plazas de España, era algo nunca visto, se producía una gran expectación por verlos torear juntos. Al morir “Joselito”, Belmonte quedó como el torero más popular.

 

La carrera profesional de Belmonte se desarrolló entre 1913 y 1936, año en el que se retiró. Se había apartado de los toros antes, en 1922 y en 1934, pero la definitiva fue en el 36, año de inicio de la guerra civil española. Fue por muchos años el que más corridas toreaba por temporada.

Cuando era niño, pertenecía a una pandilla de muchachos que, aparte de  las travesuras habituales, gustaban de torear clandestinamente en ganaderías a las afueras de su Sevilla natal. Uno de los emotivos recuerdos que cuenta Belmonte en su autobiografía es cuando hacían “la luna”. Así se le decía cuando toreaban a escondidas, por la noche, a la luz de la luna.

Un personaje importante en la preparación y creación como torero de Juan Belmonte fue un banderillero amigo de su padre; Calderón, de la cuadrilla de Antonio Montes. Calderón le apadrinó en las tertulias, preparó el camino para sus primeras actuaciones y le ayudó a mejorar su técnica. Belmonte aprendió viendo torear y ejerciendo el toreo. Tiempo después, Calderón pasó a ser miembro de su cuadrilla.

Belmonte fue revolucionario en el toreo porque impuso su forma de torear. Antes de él, torear consistía en evadir las embestidas del toro sobre las piernas. Con gracia y valor, sí, pero siempre “por piernas”, es decir, moviéndose, sin quedarse quietos. Su conocimiento o “su ignorancia”, como algunos taurinos de la época decían, lo llevó a torear como nunca antes se había visto; quieto. Su dominio de los terrenos le permitió ejecutar el toreo despacio y poniéndose en terrenos cercanos al toro. Impuso los ahora conocidos tres tiempos del muletazo: parar, templar y mandar. Estableció su famoso dicho “Ni te quitas tú, ni te quita el toro, si sabes torear”, parafraseando al “Lagartijo”, quien decía: “O te quitas tú o te quita el toro”.

Belmonte “impuso” al resto de matadores el torear quietos, pese a que el toro de entonces no siempre lo permitía. Este concepto de toreo se redondeó con la llegada de Manolete, quien alcanzó la quietud total. La aportación de Belmonte al toreo fue la estética, la base del toreo clásico durante todo el siglo XX.

 

Al retirarse de los ruedos, se dedicó al campo; a su ganadería y a los caballos, que tanto le gustaban. El día en que ya no pudo subirse a un caballo, a sus 70 años, Juan Belmonte decidió terminar con su vida, un 8 de Abril de 1962. Para él no poder disfrutar de su campo y sus caballos no era vida. La depresión lo llevó al suicidio.

Siendo en vida un mito del toreo, su muerte lo consolidó como el mítico Juan Belmonte.

El traje de luces

Vestir de torero es vestir como héroe, es vestir como príncipe para tener una cita con la muerte.

El vestido de luces es elegante, precioso, radiante, el traje de luces es grandeza, y el que lo porta debe hacer honor al atuendo que lleva puesto.

Los primeros trajes de toreros de a pie datan del siglo XVII, cuando los toreros navarros y andaluces junto con sus cuadrillas acudían a las fiestas con indumentarias específicas para la actuación.

El uso del vestuario se comenzó a generalizar, especialmente en Navarra donde a los toreros contratados se les decía “toreros de banda”. Los inicios del traje de torero se encuentran en Francisco Romero en el siglo XVIII. Por primera vez un torero a pie se encontraba en el ruedo con muleta y espada, vistiendo calzona, coleto de ante negro, mangas acolchadas con terciopelo negro y cinturón ceñido.

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Francisco Romero

Posteriormente en 1730 en la Maestranza de Sevilla los toreadores (como se decían en aquel entonces) comienzan a vestir con trajes color grana con galón blanco, éste acabo siendo el uniforme oficial de la Maestranza. Fuera de Sevilla, los toreros tenían libertad en elegir los colores, siempre y cuando fueran sobrios.

En 1793 Joaquín Rodríguez “Costillares” comienza a usar un galón de plata, introduce más adornos y bordados. Gracias a “Costillares” se dio una evolución importante en el traje torear.

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Joaquín Rodríguez “Costillares”

 

La montera aparece hasta el siglo XIX entre 1830 y 1835 con Francisco Montes “Paquiro” cuando es suprimida la redecilla y comienzan a usar el pelo un poco menos largo ya que la función de éste ahora es suplida por la montera. Su objetivo es el de cubrir la nuca de cualquier golpe.  En aquel entonces las monteras eran bastante más grandes y altas. Paquiro también introduce los alamares, las lentejuelas y modifica un poco el diseño de la chaquetilla, haciéndola más corta.

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Francisco Montes “Paquiro”

 

El traje de luces en el siglo XX  no difiere mucho del usado en el siglo XIX, simplemente lo han ido puliendo y haciendo más cómodo. Las calzonas, que ahora son llamadas taleguillas son muy entalladas para evitar enganchones de los pitones del toro, las monteras son más chicas y las casacas (chaquetillas) más estéticas.

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Alejandro Talavante

El rey del campo bravo

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LUIS IGNACIO ESCOBEDO

 

El pasado 13 de abril, en la importante feria de Sevilla, hubo un acontecimiento taurino histórico que quedará grabado en la memoria de todos los que tuvimos la fortuna de verlo por televisión. Seguramente más aún en los que lo vivieron en la mismísima Real Maestranza de Caballería de Sevilla.

Se dio el indulto de “Cobradiezmos”, astado  de la ganadería de Victorino Martín en la gran faena de Manuel Escribano. Es Cobradiezmos un toro cárdeno claro, bien puesto de pitones, enrazado,  que embistió humillado, noble, codicioso, con clase y, lo más importante, un toro BRAVO. Digo “es” y no “era” porque el indulto se traduce en la vida misma, volverá al campo, como semental, seguramente para el resto de sus días.

En los más de doscientos años de historia del coso sevillano, la Real Maestranza, sólo dos toros han sido indultados. El primero fue “Arrojado”, de la ganadería de Núñez del Cuvillo, lidiado por José María Manzanares (hijo) el 30 de abril del 2011. Un toro negro listón, con mucha clase al embestir, de menos a más, que nunca se cansó de embestir por bajo y entregado.

Para que un toro sea indultado debe tener todo un conjunto de virtudes; clase, repetición, fijeza, verdad, recorrido, calidad, humillación, intención de embestir, aguante, fuerza y, lo más importante, bravura. Puede quizá faltar alguna de las otras, pero nunca la bravura.

El indulto de un toro bravo es el reconocimiento más importante para  un ganadero. Es el premio al trabajo de años y años seleccionando su ganado en las tientas, definiendo la línea que quiere para sus reses, desechando lo que no le gusta y dejando para criar las vacas que sirven a su propósito. Siempre el indulto es el mayor premio y, siendo en un plaza como La Maestranza, mucho más.

Ver a un toro volver a los corrales con todo el público puesto de pie aplaudiéndole, es una emoción que no es fácil describirla con palabras. Como aficionado es algo majestuoso ver le dan al toro el valor y la importancia que merece, como debe ser. Como torero es una experiencia que no todos pueden vivir, pero darle esa satisfacción al ganadero y al mismo toro de volver al campo bravo, es indescriptible. Como ganadero, ver a tu cría, a tu creación, a tu toro volver a casa por esa puerta de toriles, siendo ovacionado por todo el público puesto en pie, debe ser impresionante.

El toreo es grandeza y el toro es el rey del campo bravo. Este tipo de acontecimientos nos emocionan a todos los aficionados, nos llenan de ilusión, de orgullo y satisfacción.

A estas alturas “Cobradiezmos” ya debe haber sido curado y estará recuperándose en su rancho, listo para ser el amo y señor de la ganadería, ser el padre de las próximas camadas, las que se lidiarán en el futuro en las plazas de España y el mundo, incluyendo La Real Maestranza de Caballería de Sevilla, como su padre.

¡Viva la fiesta de los toros!

“Si hubiera sido animal, hubiese escogido ser toro bravo” Julián López “El Juli”

La torería natural.

¿Qué es la torería?

La torería es algo subjetivo, difícil de definir. Empecemos por aclarar que no es pose, sino una razón de ser. Es don, privilegio, cualidad. Puede haber torería en la pose, pero más allá de eso, es algo que brota natural. No sólo al torear, sino al andar por la plaza, por la calle, por la vida. Dijo Rafael Guerra “Guerrita” que, para ser torero, hay que parecerlo.

Dos grandes exponentes por todos reconocidos de torería son; Curro Romero, de España, y Lorenzo Garza, de México, de quienes los aficionados decían que sólo con verlos partir plaza, el boleto estaba pagado.

La torería puede brotar por igual en el fracaso y en el triunfo. En la vuelta al ruedo con los trofeos, o bien en el percance. Hasta la manera de abandonar la plaza después de una tarde infeliz puede hacerse con torería.

Tres ejemplos actuales que periodistas utilizan al hablar de torería:

– Torería como conjunción de actitudes positivas en el transcurso de la lidia (seriedad, disposición y vergüenza torera). Joaquín Vidal: “Llovió y sin embargo se estaba tan a gusto en la plaza. Y fue porque se lidió una verdadera corrida de toros, y los lidiadores traían seriedad, una disposición, una vergüenza torera. Torería llaman a esa figura, que en diversos pasajes hizo explosión y puso a latir los corazones”[i]

– Torería como expresión formal dentro de una concepción fundamentalmente estética de la lidia (pisar el ruedo, irse hacía el toro, salir de las suertes). Miguel Ángel Cuadrado: “Para que se supiera lo que es la torería, Carlos Escolar Frascuelo dictó ayer tarde en Las Ventas un curso completo de cómo hay que pisar el ruedo, irse hacía el toro y salir de las suertes con el paso medido y ritual.”[ii]

– Torería cómo logro capital o meta máxima, incluso más allá del mero triunfo. Juan Miguel Núñez: “Antón Cortés toreó como sueñan los toreros, algo que parece imposible, pero que fue feliz realidad por la gracia y la torería, por el valor para estar en el sitio y en los momentos justos, por el aroma que desprendía cada movimiento, por la torería, en suma.”[iii]

La torería podría calibrarse como la posibilidad de realizar algo que pocos hacen, algo casi inalcanzable para el común de los mortales. Es cualidad extrema, tan oculta para la mayoría y al mismo tiempo tan natural para los elegidos.

Hay acciones que hacen perder la torería. Zabala de la Serna, famoso periodista taurino, enumera entre otras:

– Golpear al toro durante la lidia.

– Desabrocharse el chaleco, el corbatín o peor aún la taleguilla, porque hace calor o por asfixia.

– Correr al momento de brindar un toro.

– Celebrar que el toro cae muerto como quien celebra un gol.

– Envolverse en un mantón de manila en una vuelta al ruedo.

– Quitarse la montera como si fuera un casco.

 

Definitivamente, la mejor forma de salvaguardar la torería estriba en que el propio torero sea consciente de la grandeza y singularidad del oficio, y que lo defienda día a día, dentro y fuera del ruedo, con su actitud, su forma de ser, su forma de estar; su torería.

[i] Crónica de Joaquín Vidal (El País, 22-5-2006).

[ii] Crónica de Miguel Ángel Cuadrado (El País, 13-10-2002)

[iii] Crónica de Juan Miguel Núñez (Efe, 13-5.2004)

Cuando las expectativas son más grandes que el resultado

LUIS IGNACIO ESCOBEDO

El pasado domingo tuvo lugar el evento más esperado del calendario taurino de este año; el “mano a mano” entre José Tomas y Joselito Adame.

Colgaron el cartel de “no hay billetes” semanas antes de la fecha asignada para el gran evento.

En la Monumental Plaza de Toros México lucieron los tendidos llenos hasta la bandera. Vino gente de España, Francia, Perú, Colombia, Venezuela, Estados Unidos, Ecuador, Portugal… y, por supuesto, de toda de la República.

Todos los espectadores con las expectativas, queriendo ver un triunfo de cuatro orejas y dos rabos, una tarde tan apoteósica como la de Nimes o Madrid.

El resultado no fue el esperado, el idealizado por los aficionados, pero tampoco fue una tarde para el olvido. Ambos toreros realizaron faenas importantes e interesantes.

Fueron lidiados tres toros de “Los Encinos”, dos de “Fernando de la Mora” y uno de “Xajay”. A mi manera de ver, estuvieron bien presentados. Un poco menos el primer reserva, el de “Xajay”. En cuanto a su juego, los toros fueron un tanto desiguales, siendo el mejor el lote del mexicano.

 

Cuando esperamos mucho de algo, es probable que nos defraude, más si cabe cuando no depende de uno mismo. Hay que tener en cuenta que, en la fiesta brava, la última palabra la tiene el toro. “Dios dispone, el hombre propone, viene el toro y todo lo descompone”. Además, las condiciones climatológicas influyen en el estado anímico, tanto del torero como del público.

Al ver un espectáculo, tendemos a olvidarnos de lo ocurrido inmediatamente antes, sea por unas cervezas, falta de concentración, o por el estado anímico del público, con sus altibajos. No olvidemos que, en las corridas de toros, se juega con las emociones y se busca el despertar de los sentimientos. Quiero pensar que por eso la gente se olvida de lo que hizo un determinado torero dos toros antes. Dos porque uno es el anterior espada.

Definitivamente, no hubo triunfo grande del matador José Tomas, como todos lo esperábamos, pero sí hubo toreo. Sí hubo arte, hubo temple y hubo carácter.

Se dieron dos faenas importantes y la tercera no pudo ser, por dos razones. La primera porque el toro no brindó muchas posibilidades y la segunda porque el público no permitió la comunión entre toro y torero. Las protestas por la presentación del astado, así como hacia el matador mismo.

 

Al inicio de la tarde se respiraba ilusión y respeto. Cuando salió el primer toro, el silencio se hizo de la plaza. José Tomas estaba oficiando Misa y los cuarenta y ocho mil espectadores presentes respetaron ese momento sagrado. El silencio, al final del festejo, se convirtió en abucheos y rechiflas hacia un matador que, en su segundo toro, estructuró una faena llena de temple y cadencia. Hay veces en las que, el respetable, no interpreta la faena con profundidad. El único defecto que tuvo José Tomás fue pinchar en la suerte suprema; fallar con la espada.

El caso de Joselito Adame fue lo contrario; comenzó con los mismos abucheos y rechiflas, sólo por haber pinchado a su primer astado. En el tercero de su lote fue ovacionado tras una faena clásica y con gran proyección.

 

“La verdad sólo tiene un camino”. La gente esperaba orejas y rabos, conseguidas por los dos toreros, pero al final sólo tuvieron dos grandes faenas, una por cada torero.

 

Ese es el disgusto.

 

#SíALosToros

LUIS IGNACIO ESCOBEDO

¿Por qué prohibir  las corridas de toros?

“El respeto al derecho ajeno es la paz”, dijo Benito Juárez.

La libertad de decidir lo que te gusta y lo que no es lo que le da variedad a la vida. “En gustos se rompen géneros” “que sobre gustos nadie discuta, que, para ser de gusto, basta con que guste”

La tauromaquia es un espectáculo, más aún, una tradición que se ha arraigado en los mexicanos. El mundo del toro es, además, un negocio que da empleo a mucha gente. Familias enteras viven del toro; criadores de ganado bravo, veterinarios, vaqueros, empleados de las plazas de toros, apoderados, subalternos, empresarios, además de los toreros.

Hoy en día vivimos muchos ataques al toro, injusticias políticas que se agarran de la fiesta brava para hacer conseguir un puñado de votos diz que en defensa de los animales, o con cualquier otro argumento, a pero eso sí antes de ser candidatos si iban a los toros. Un ejemplo reciente es el que se ha dado en el estado de Coahuila. La prohibición de las corridas en el Estado se debió a un pleito entre el señor gobernador y un reconocido empresario de ese estado. En menos de dos meses la ley que impedía las corridas fue cancelada, gracias a un amparo puesto por los taurinos.

El problema no fue sólo la prohibición, sino que una vez refutada la ley de prohibición hubo quien se dio a la tarea de entorpecer o tratar de impedir los eventos taurinos, atemorizando, molestando a los empresarios taurinos de la zona de maneras arteras.

La intimidación y el sabotaje son una forma de corrupción y eso sí es un DELITO.

El toro bravo es un animal seleccionado y criado por el hombre con un fin específico; ser lidiado en una corrida de toros. De no ser por la fiesta brava, esta especie ya estaría extinta hace mucho tiempo. Más aún, ni siquiera existiría como especie. Gracias a las corridas, el toro bravo es el bovino y seguramente el animal criado por la especie humana que mejor y más tiempo vive.

Hay un estudio muy amplio del doctor Juan Carlos Illera, director del Departamento de Fisiología de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, que demuestra cabalmente la ausencia de sufrimiento del toro durante la lidia. Cabe agregar que dicho doctor no es aficionado a los toros. Dice el Doctor Illera: “El toro de lidia no sufre dolor físico, debido a la cantidad de b-endorfinas que secreta, que es mayor a la que produce cualquier otro animal en una situación similar”.

En torno a la tauromaquia existen muchos mitos y mentiras, o verdades a medias, todo con el fin de fastidiar la fiesta. Sería bueno que los antitaurinos y la  se dieran la oportunidad de conocer la tauromaquia y después emitir juicios, pero sin tomar acciones en contra de la forma de vida de mucha gente.

 

“Vivir sin torear no es vivir”  José Tomas

PEQUEÑOS GRANDES DETALLES

LUIS IGNACIO ESCOBEDO

El mundo está hecho de detalles como el color verde de un árbol, el aroma a tierra mojada, la vista del atardecer, cuando un hijo te dice papá, etc. Hay un sin fin de detalles que hacen la vida alegre, que la hacen ligera y divertida.

Artísticamente hablando, las obras de arte están hechas de pequeños pero grandes detalles que las vuelven magnificas y geniales. En el arte no todo puede ser contundente, no todo puede ser cuantitativo, sino subjetivo y cualitativo (aunque el gusto será muy personal, porqué en gustos se rompen géneros).

Con mas razón en la fiesta de los toros, que aún cuando las orejas son importantes y esas si son estadísticamente importantes, pues no siempre es lo mas relevante. Pinceladas como aquel trincherazo que pego el maestro Rodolfo Rodríguez “El Pana” en la México el 7 de enero del 2007, o el importante quite por chicuelinas de José Antonio “Morante de la Puebla” que vestía con un traje sangre de toro y oro en las Ventas de Madrid, o aquel duelo de quites entre Enrique Ponce y José Miguel Arroyo “Joselito”  en mayo de 1996 en las Ventas de Madrid, o el más reciente, este domingo 25 de enero en la Monumental Plaza México también por parte de “Morante de la Puebla” al apuntillar a su segundo toro parado  con la puntilla olee!!! escena torera y para recordar. Estás son corridas recordadas específicamente por esos pequeños grandes detalles.

Los detalles con torería, aquellos que te dejan ese aroma a torero, esas ganas de querer volver a verlo, que te hacen salir de la plaza toreando. Esos son los que hacen grande a la fiesta, los que la hacen no sólo un espectáculo sino un ARTE, un arte lleno de pinceladas que se graban en el corazón y se recuerdan siempre.

Los pequeños grandes detalles del público. No olvidemos que para los toreros también son importantes estos detalles y que también los esperamos de los aficionados en algunas ocasiones, como por ejemplo las salidas al tercio, a los medios, las vueltas al ruedo sin orejas o el famoso gallo que arrojaban los seguidores. Aunque todavía se usa, pues he notado que cada vez es menos y que ahora para dar la vuelta al ruedo es necesario portar un apendice.

El hecho de que un aficionado sepa valorar el esfuerzo, la torería o hasta el bien vestir del torero son detalles que hacen grande a la fiesta y motivan a los toreros, como también el sacar a los subalternos después de un buen par de banderillas o de un buen capotazo y también a los picadores por un gran puyazo.

La tauromaquia es grandeza y la grandeza se refleja en los actos.

Llenemos de estos pequeños grandes detalles la plaza de toros.

De grande quiero ser… TORERO

LUIS IGNACIO ESCOBEDO

Cuando eres niño sueñas con, de grande, ser muchas cosas; doctor, bombero, actor, astronauta, piloto, detective, locutor, explorador, abogado,o bailarín como en mi caso, o simplemente ser como tu papá.
Con el paso de los años las opciones se modifican, surgen nuevas y cambias las ideas infantiles. Es entonces cuando las vocaciones se definen.

Algunos viven con la idea de hacer mucho dinero, otros de hacer las cosas más fáciles y simplemente vivir y otros deciden buscar la pasión, el sueño, aunque en muchas ocasiones es quizá el camino más incómodo.
Es difícil, si no imposible, definir el destino, saber a dónde llegaremos, pero lo bonito es lograr poco a poco que los sueños se realicen, y aunque en ocasiones se vean lejanos o incluso utópicos, lo que nos mantiene ahí es la pasión y/o el amor, el amor propio, el amor a los demás, el amor a la profesión, el AMOR AL ARTE.

Con el paso del tiempo, en ocasiones nos alejamos de la meta. Por aburrimiento, por falta de paciencia o hasta por comodidad, pero cuando decides seguir tu camino pese a todo y pese a todos los malos comentarios, los detractores, lo complejo del camino y por el mismo miedo, cuando logras llegar a consumar una pequeña parte de lo que es tu sueño, cuando éste momento llega, no hay duda que todo vale la pena.

El trabajo, el sacrificio, el dolor, todo por lo que se ha pasado para lograr llegar. El esfuerzo de cada día es un granito de arena en la balanza a nuestro favor. Cuando has llegado, cuando has conseguido tu meta, es un momento en el que no te cambias por nadie.
En la vida no hay nada mejor que hacer lo que te gusta y si puedes vivir de ello, pues qué mejor. Hay que aprovechar cada momento para disfrutar de tu pasión o pasiones, porque por desgracia son cosas que no sabemos cuánto tiempo podremos seguir haciendo o disfrutando.
Un día decidí que quería jugar al toro, al siguiente día que quería torear y después que quería la profesión de torero. Paso a paso lo fui logrando hasta que se cumplió, el hacerme Matador de Toros.
Ahora tengo una nueva ilusión, un nuevo desafío, un nuevo reto en mi vida, porque es casi como comenzar de nuevo, de cero. Picar piedra. Esforzarme día a día para seguir en esto, ahora como Matador de Toros. Ya puedo decir, rememorando a Juncal, Luis Ignacio, Matador de Toros.
Quiero seguir en el toro, desarrollar mi arte y, sobre todo, disfrutar cada momento, porque no sé cuanto tiempo más dure.

Tributo de los toreros

Luis Ignacio Escobedo

En el toreo no todo es grandeza. En ocasiones, los toreros pagamos un alto tributo; con nuestra propia sangre, nuestro cuerpo e incluso con la vida.

No cabe pensar que alguien disfrute al recibir cornadas. Obviamente no es que nos guste, sino todo lo contrario, pero sabemos que tarde o temprano llegará el percance; sea el bautizo de sangre o la siguiente cornada.

La primera cornada es una prueba de fuego, porque nadie sabe como reaccionará el torero después de sufrirla. Se dice que por los agujeros de las cornadas se escapa el valor, pero también que te curten como persona y te hacen madurar como torero.

Para algunos toreros las cornadas son medallas al valor, a la hombría, al honor.

Son marcas en el cuerpo que cada día te hacen recordar que estás vivo y que eres torero.

En la fiesta hay de todo: Los que tienen una docena de cornadas, los que murieron en el ruedo por asta de toro y los que, en su vida como torero, nunca sufrieron un percance, como el Maestro Mariano Ramos (Q.E.P.D), un torero poderoso y muy hábil en la lidia.

Los toreros estamos expuestos y si no es una cornada, puede ser una fractura. Lo que es seguro, es que de un centenar de volteretas no te salvas.

En ocasiones, resulta peor una fractura que una cornada ya que el tiempo de recuperación es a veces más largo. Esto desde el descubrimiento de la penicilina, claro. Antiguamente, las cornadas infectadas te llevaban a la tumba. El Doctor Fleming tiene por ello una merecida estatua en la plaza de Las Ventas de Madrid.

Esta semana hemos vivido momentos de angustia en todo el mundo taurino ya que ha habido muchos incidentes en muy poco tiempo. En Madrid suspenden la corrida del martes por haber sido cogidos los tres alternantes, y en México el saldo es peor ya que dos toreros han dejado la vida en el ruedo, un forçado a quien una cornada le seccionó la arteria ilíaca y, un día después, un novillero que recibió una cornada en el abdomen, que le perforó las vísceras.

Es una desgracia, hombres jóvenes, fuertes, y con toda la vida por delante, acaban sus vidas en la plaza. Eligieron la profesión de ser toreros y tuvieron que pagar un tributo demasiado alto. Estoy seguro , o casi seguro, de que están contentos por haber fallecido de ese modo, haciendo lo que les gustaba hacer. Olé, olé y olé por ellos.

Es muy fácil criticar al torero, pero el torero hace sacrificios. Detrás de un torero hay una juventud perdida, o empeñada por cumplir un sueño. Perdemos amigos, momentos familiares, vacaciones, fiestas y diversión, por entrenar.

Dejamos el alma todos los días por mejorar y superarnos.

El sacrificio por un sueño, nuestro sueño. Sacrificio para el espectáculo.

Ante todo la dignidad que un ser humano merece y más el torero, porque se juega la vida.

“Vivir sin torear, no es vivir” José Tomás