Category Archives: Arte

Don’t Hug me I’m Scared

Claudia Tostado ft. Juan Manuel Romero

Don’t Hug me I’m Scared (DHMIS) es una serie web británica de cortos, creada por Becky Sloan y Joseph Pelling desde el 2011. Fue lanzada en el sitio web de los artistas y después se subió a otras plataformas, como YouTube.87a1b4b73bc0d8372e660314fb8c7754

Cada episodio está creado para parecer un típico programa para niños, ya que consiste en “marionetas” cantando y hablando, algo parecido a Plaza Sésamo, pero que eventualmente toma un giro más oscuro, usualmente incluyendo “gore”. La serie hace una parodia de los programas para niños, irónicamente yuxtaponiendo títeres y números musicales contra contenido psicodélico e imágenes perturbadoras. Hasta ahora hay 5 episodios con los temas: creatividad, tiempo, amor, tecnología y nutrición. Y parece ser que habrá un sexto y último capítulo.

Cada episodio sucede alrededor de Yellow Guy (Chico Amarillo), Red Guy (Chico Rojo) y Duck Guy (Chico Pato) conociendo uno o más personajes antropomórficos, que comienzan un número musical relacionado con un concepto básico de la vida cotidiana con una melodía optimista similar a una canción de cuna. Conforme la canción avanza, se vuelve más y más aparente que el personaje “maestro” del episodio está condicionando sutilmente a los personajes principales a compartir sus creencias personales acerca del tema, con un efecto humorístico. El clímax de cada episodio normalmente incluye un elemento “fuerte” con imágenes gore.

Los cortos se convirtieron en un éxito viral y la serie se convirtió en un fenómeno de culto. Los cinco primeros episodios han acumulado más de 73 millones de vi79190011sitas en YouTube.  Scott Beggs enumera el corto original como el número 8 en su lista de los 11 mejores cortometrajes de 2011, y también se incluyó en el marco de un evento de cine en Dismaland de Banksy.

Drew Grant, de The Observer escribió que los episodios de la serie son “horrifying nightmarish absolutely beautiful” and “mind-melting” (una horrible pesadilla absolutamente hermosa y derriten la mente). El escritor independiente Benjamin Hiorns comentó que “no es el tema que hace que estas películas sean tan extrañamente seductoras, es el sorprendente conjunto imaginativo y diseño de personajes, y la identidad británica subyacente de todo.”

Los creadores, Becky Sloan y Joseph Pelling, son diseñadores gráficos, artistas y animadores británicos. Su obra se compone de vídeos, arte de diseño gráfico, animación, música, y el trabajo con materiales de la vida real para asemejarse a las cosas en el mundo real como arte. Se han ganado múltiples premios, incluyendo el Premio de medianoche cortocircuitos SXSW 2012.

Sloan y Pelling se conocieron mientras estudiaban en la universidad y trabajaron en el primer episodio de Don’t Hug Me I’m Scared en su tiempo libre sin tener presupuesto. Cuando iniciaron el proyecto no se imaginaron en lo que se convertiría la serie. Cuando el primer episodio ganó popularidad, decidieron hacerlo una serie.

Hay una cantidad impresionante de teorías, explicaciones y comentarios acerca de los videos. Pero antes de continuar, les sugiero ver primero los videos:

Don’t Hug me I’m Scared 1 – CREATIVITY (Creatividad)

Don’t Hug Me I’m Scared 2 – TIME (Tiempo)

Don’t Hug Me I’m Scared 3 – LOVE (Amor)

Don’t Hug Me I’m Scared 4 – TECHNOLOGY (Tecnología) 

Don’t Hug Me I’m Scared 5 – NUTRITION (Nutrición)

 

SI NO VES LOS VIDEOS ANTES DE LEER LO SIGUIENTE, TE ADVIERTO QUE HABRÁ SPOILERS. 

12195905_10206596422261551_769675785796945752_nJuan Manuel Romero (el dude de la izquierda, que por cierto, está soltero 😉 ), quien fue el que me mostró los videos y quien me inició en este mundo de culto de DHMIS, dice:

“Todo se trata de Roy, que es el papá de Yellow Guy, y cada uno representa las diferentes etapas del ser humano: la niñez, la adolescencia y la adultez, y se muestra cómo en cada una de las etapas somos vulnerables de distintos modos a cambiar la mente, a que la convenzan de hacer algo específico. En cada episodio hay una enseñanza, pero primero te dan “la buena manera” de cómo hacer las cosas, y cuando los personajes quieren hacerlo distinto, no los dejan (los personajes #maestros”); el video te dice que debes comer de esa manera y nada más de esa. No puedes comer comida divertida, sólo puedes comer cosas aburridas, por ejemplo. Yo lo relaciono con la televisión y cómo es que ésta es la que nos maneja, cómo los medios son los que moldean a las personas.”

La mayoría de las teorías que pueden encontrar en distintos videos de YouTube (aquí pueden ver una) dicen esto que platica Juan. DHMIS tiene un trasfondo muy impresionante, y una crítica muy fuerte a justo esto, la manera en que los medios logran que la gente haga lo que quieren.

A los videos hay que ponerles muchísima atención y hasta verlos varias veces, porque hay pistas escondidas, entre otras cosas. De hecho, la razón por la que hago este artículo hoy es porque en los 5 videos aparece, en distintos momentos y en distintos lugares, la fecha 19 de junio (osea, mañana) y todos los fans aseguran que es cuando saldrá el 6to y último episodio de la serie. Espero que sí.

Lo que me encanta, además de todo, es que hay una cantidad impresionante de “fanart” o arte de fans relacionado con los videos, y que existen en el mercado productos que puedes comprar con este tema, como ropa, accesorios, etc. y los puedes encontrar, como todo, en internet.

Los invito a compartir sus teorías y comentarios acerca de este gran fenómeno.

c3292fc2411e49c17f4183d37bb5c81e

 

Aquí pueden entrar a la página de los artistas, donde también encontraran los videos de DHMIS, entre otras cosas: beckyandjoes.
Mucha más información general y de donde traduje mucha de la información de este artículo, aquí

 

La inmensidad del mundo (Parte I)

Trajano lloró cuando se dio cuenta de la inmensidad del mundo. El águila de Roma no llegaría hasta el fin de la tierra. El hombre que nunca había llorado dejó caer sus lágrimas en el mar de Persia. El César que trajo nuevas glorias al Imperio, vio su propio cuerpo como una triste masa de músculos, apenas sostenida por unos huesos menos frágiles; las glorias del campo de batalla parecían quedar atrás, más cerca del pasado que del presente, glorias de polvo, gritos y sangre, en las que al galope o marchando junto con las legiones, el emperador desataba el infierno de la guerra.

Dacia, el recuerdo de aquel invierno que fue gentil y un Danubio cuyas aguas son el ensueño de una victoria. Hubo muchas bajas, pero la cruenta batalla se decantó hacia  los hijos de la loba. Las ricas minas de esa nación trajeron alivio para los romanos, sobre todo a los más pobres. Una recompensa por tantos hijos muertos y anteriores batallas fallidas. La sangre derramada contra el reino de Decébalo fue vendida a un alto precio; Trajano fue justo,  usó el oro para el bien del pueblo romano, haciendo parecer que la única seducción a la cual era vulnerable el Emperador, era la justicia; pero tampoco es que se privara de la voluptuosidad y los vicios del soldado, amaba beber y comer con desmesura. Probablemente las campañas bajo el mando de Domiciano le heredaron por costumbre dar rienda suelta a la carne, después de salvar la propia de la espada del enemigo.  Se embriagaba de vino y de triunfos, ambos resultado de una tarea bien realizada y  la paciencia.

El destino como Príncipe de Roma no fue una casualidad, tiempo antes la astucia y la valentía eran notables en el carácter y el modo de actuar de Trajano; a pesar de ser un general exitoso, supo escapar de la paranoia de Domiciano, quien ofrecía el cuchillo a modo de  recompensa a los hombres que mostraban virtudes suficientes como  poner en riesgo su permanencia en el poder. Era una época en la que las conspiraciones no eran ideas descabelladas, ni tampoco miedos sin fundamento, pero lo notable de Trajano daba firmeza a lo que se habló de él en las guerras contra los Partos. Tal vez alguna vez se le vio con recelo, no obstante lo hábil como guerrero  y su talento militar le generaron lealtad por parte del ejército, atentar contra su vida no hubiese sido un movimiento inteligente.

El traje de luces

Vestir de torero es vestir como héroe, es vestir como príncipe para tener una cita con la muerte.

El vestido de luces es elegante, precioso, radiante, el traje de luces es grandeza, y el que lo porta debe hacer honor al atuendo que lleva puesto.

Los primeros trajes de toreros de a pie datan del siglo XVII, cuando los toreros navarros y andaluces junto con sus cuadrillas acudían a las fiestas con indumentarias específicas para la actuación.

El uso del vestuario se comenzó a generalizar, especialmente en Navarra donde a los toreros contratados se les decía “toreros de banda”. Los inicios del traje de torero se encuentran en Francisco Romero en el siglo XVIII. Por primera vez un torero a pie se encontraba en el ruedo con muleta y espada, vistiendo calzona, coleto de ante negro, mangas acolchadas con terciopelo negro y cinturón ceñido.

francisco romero-2

Francisco Romero

Posteriormente en 1730 en la Maestranza de Sevilla los toreadores (como se decían en aquel entonces) comienzan a vestir con trajes color grana con galón blanco, éste acabo siendo el uniforme oficial de la Maestranza. Fuera de Sevilla, los toreros tenían libertad en elegir los colores, siempre y cuando fueran sobrios.

En 1793 Joaquín Rodríguez “Costillares” comienza a usar un galón de plata, introduce más adornos y bordados. Gracias a “Costillares” se dio una evolución importante en el traje torear.

JOAQUIN RODRIGUEZ COSTILLARES. OLEO Y LIENZO, FINALES s XVIII. ANONIMO

Joaquín Rodríguez “Costillares”

 

La montera aparece hasta el siglo XIX entre 1830 y 1835 con Francisco Montes “Paquiro” cuando es suprimida la redecilla y comienzan a usar el pelo un poco menos largo ya que la función de éste ahora es suplida por la montera. Su objetivo es el de cubrir la nuca de cualquier golpe.  En aquel entonces las monteras eran bastante más grandes y altas. Paquiro también introduce los alamares, las lentejuelas y modifica un poco el diseño de la chaquetilla, haciéndola más corta.

284d195f712b2f4e6cc502b6f91168ea

Francisco Montes “Paquiro”

 

El traje de luces en el siglo XX  no difiere mucho del usado en el siglo XIX, simplemente lo han ido puliendo y haciendo más cómodo. Las calzonas, que ahora son llamadas taleguillas son muy entalladas para evitar enganchones de los pitones del toro, las monteras son más chicas y las casacas (chaquetillas) más estéticas.

traje comentado

Alejandro Talavante

El último encuentro. Sándor Márai.

Jonathan Alcalá

Antes que todo debo decir que hacer reseñas sobre libros no es una tarea que me sea sencilla. El objetivo principal de escribir en Voces Cruzadas es mejorar mi ejercicio literario, sin embargo, en esta ocasión no tuve cabeza para poder redactar algo que tenga una mínima calidad y presentarlo a otros lectores. Después de aclarar ese punto, me permito recomendar la obra El último encuentro, de Sándor Márai.

Un oficial retirado del ejército recibe una carta. Se trata de su mejor amigo, Konrád, anunciando su visita cuarenta y un años después de no verse uno al otro. La carta, trae para el general toda una ola de recuerdos  que dan origen a la historia: Un niño nacido en un hogar noble, educado para ser soldado y para ser rico, igual que su padre. Un niño que encontró en la escuela a su mejor amigo, con quien compartió los primeros veintidós años de su vida, antes de la separación.

La visita de Konrád, deja al descubierto que entre ellos hay un ajuste de cuentas. Después de cenar y despertar recuerdos, ambos se sentaron en el mismo lugar en el que estuvieron cuatro décadas atrás, una noche semejante a esa, con las velas encendidas, los mismos muebles y la chimenea ardiendo. El general comienza a hablar y es ahí cuando salen a la luz los acontecimientos que vuelven apasionante esta obra de Márai. La sospecha de un intento de homicidio y la aventura entre la esposa del oficial y su mejor amigo, que desembocaron en la silenciosa huida de éste y en el rompimiento igualmente silencioso de un matrimonio joven.  

“El último encuentro” es una breve, pero profunda obra que trata sobre las pasiones, las acciones y los pensamientos que son consumidos por el tiempo. Las causas, los efectos y nuestro lugar en la vida.  Cito un fragmento: “Y que un hombre no es más que un hombre, un pobre desgraciado, nada más, un ser mortal, haga lo que haga… Luego envejece tu cuerpo, no todo a la vez, no, primero envejecen tus ojos, o tus piernas, o tu estómago o tu corazón. Envejecemos así, por partes. Más tarde, de repente, empieza a envejecer el alma: porque por muy viejo y decrépito que sea ya tu cuerpo, tu alma sigue rebosante de deseos y de recuerdos, busca y se exalta, desea el placer. Cuando se acaba el deseo de placer, ya sólo quedan los recuerdos, las vanidades, y entonces sí envejece uno, fatal y definitivamente.”

Desde mi perspectiva, la novela es valiosa por cómo se desenreda la historia a medida que ambos amigos platican, lo cual hace que comprendamos detalles que al inicio son enigmáticos. El lenguaje usado por Sándor Márai, no muy adornado ni complejo,  hace sencilla su lectura, pero no simple. Además, la descripción de la mansión, los bosques y el carácter de los personajes, crean una atmósfera de melancolía y severidad, que abrazan de manera precisa el tema del libro y nos permiten imaginar la Hungría de hace un siglo. Lo único que encuentro como un pilar delgado en esta historia, es que la mayor parte de la obra son palabras que nacen de la boca del general, así que al resto de las figuras se conocen por la visión de dicho personaje y no por una tercera persona o por ellos mismos.    

Mi primer funeral (parte II)

Jonathan Alcalá

Mientras miraba el cielo estrellado me prometí a mí mismo resistir hasta el amanecer, jamás había pasado eso antes, era el momento adecuado para hacerlo; mi madre me interrumpió en varias ocasiones, me presentaba parientes y amigos de la familia, la tía Rebeca, que tiene algo de la tía Mariana, me llamó la atención, tenía una magia absorbente, casi nunca había hablado con ella, decía cosas graciosas en voz baja y contenía junto con mi madre sus risas, se la pasaba detrás de sus inquietos hijos. Decidí responder al llamado de mi madre por enésima ocasión, estaba dentro de nuevo, el olor a flores era intenso, comenzaron las oraciones, apenas y sabía persignarme, repetía lo mismo que todos al unísono de las voces presentes; la anciana que dirigía el rezo lo hizo con una pericia asombrosa, toda vestida de negro, con un velo en la cabeza y profundos surcos de cansancio en el rostro, quién sabe cuántos rezos a los muertos había dirigido antes.

            No resistí muchas horas, mi plan se esfumó con el sueño de niño y el frío de madrugada; mi tío Darío fue el encargado de llevarme a mi casa, estábamos muy cerca, caminamos en completo silencio, sus ojos eran severos y la boca era apenas una línea horizontal, a una cuadra antes de llegar a la puerta, en el viejo y desgastado barrio, me preguntó cómo me iba en la escuela, yo respondí el clásico monosílabo de quien prefiere  persistir en guardar silencio; me dijo que él también había estado en esa misma escuela, que era como una tradición familiar, como la tradición de morirse a los sesenta años que impuso el abuelo y que el tío Mauricio continuó.

            Mi mente daba vueltas, no pude caer pronto en un sueño profundo, recordaba que estábamos apenas a media semana, nadie dijo algo sobre faltar a la escuela, pero era obvio que eso pasaría, así que me desperté más temprano de lo acostumbrado, sin compromisos escolares, sólo con el compromiso de seguir disfrutando de la visita. Por la mañana, antes de irse a trabajar, mi padre nos llevó a mi hermana y a mí al velatorio. El lugar estaba menos animado que la noche anterior, había menos personas; los semblantes de cansancio y desvelo transformaron los rostros; no vi a mi madre por ningún lado, me acerqué a la abuela, el tío Enrique sostenía su mano en silencio, sentados uno junto del otro, me fue fácil percibir su tristeza y sentir lo mismo, me sonrió y me acercó para besar mi mejilla, olía dulce como siempre, le devolví el beso y la sonrisa, fui incapaz de sostener su mirada, le pregunté a mi tío Enrique por mi madre y me dijo que se había ido a comer algo con algunos de sus hermanos, yo me arrepentí por no estar antes y acompañarlos.

Estaba muerto de hastío, mis primos aún no habían llegado y mi tío Alberto y mi madre llegaron a la mitad de uno de los rezos, cuando éste terminó, pasaron algunos minutos en los que de nuevo se llenó el lugar, habíamos pocos niños, casi ignorados por los adultos; todos comenzaron a moverse de sus lugares, llegaron dos hombres vestidos con trajes y corbatas negras, movieron el ataúd y lo subieron a una carrosa; mi primo Armando me dijo que iríamos a misa y después al panteón; yo jamás había ido a uno. Todo era menos entretenido que el día anterior, caminamos por la calle detrás de la carrosa, me avergoncé un poco por la atención hacia nosotros, la procesión fúnebre era motivo de miradas, me contagié del rostro de todos, no quería ver para ninguna parte, había dejado de ser divertido. Al llegar a misa me aburrí en sobremanera, casi nunca asistía a los templos, las imágenes me parecían espantosas, pero me decía que no debía pensar en ello, que esos seres eran como deidades y se les debía venerar. Pensé que Dios no podía ser la figura crucificada que estaba en lo alto, me sentía con culpa por el temor que me daba todo el lugar, se suponía que era la casa de Dios.  La voz del sacerdote y la cadencia de su discurso no ayudaban en nada; de pronto, todos comenzaron a saludarse y unos pocos se formaron para comulgar. Al término de la ceremonia comenzaron de nuevo los llantos, algunos más sonoros que otros; todos se abrazaban, era una multitud de gente con caras de sufrimiento.

            El sepultar a mi tío Mauricio ha sido una de las experiencias más desagradables de las que tengo memoria, todo fue lágrimas, gritos, confusión y lamentos sobre lamentos. Entonces me di cuenta de lo feo que es el rostro de la muerte, de que todos terminamos solos, bajo la tierra, dentro de una fría caja; y mientras descendemos todos posan los ojos en lo que se convierte en la última morada. Me espanté al pensarme en el lugar de mi tío. No hay escapatoria pensé, mis ojos se llenaron de lágrimas al pensar en el dolor de mi familia si yo perdiera la vida, me aferré a mi madre, en ese momento me enojé por la ausencia de mi padre, lloré amargamente, tuve mi primer llanto de muerte en mi vida. Mi tía Graciela desmayó, las cosas no pudieron marchar peor, quitaron a mi abuela que sufría de un delirio abrumador, ¿qué se siente perder un hijo? No pude imaginarlo; nos alejamos todos, los llantos se fueron apagando como velas descuidadas.

            Ahora, con más de cuarenta años de edad me sigue aterrando la idea de ir a un funeral, sigo evitándolos a pesar de que los vicios de adulto hacen más tolerable ciertas circunstancias. He sufrido de muchos, el de la abuela, el de mi mejor amigo y el de otros familiares varones que han sido constantes en la tradición de morir apenas pasados los sesenta años de edad. Me acobarda la muerte, me acobarda la idea de estar dentro de una caja de madera y que nos echen  tierra encima. Sigo pensando como niño de siete años, en el frío y la soledad que se deben sentir al estar ahí abajo. Ojalá nunca me toque enterrar a uno de mis hijos, pero también pienso en que ellos algún día estarán en el espectáculo de mi muerte, me pondrán flores alrededor, mis nietos y sobrinos beberán café con mucha azúcar, llorarán y llorarán y yo no podré consolarlos.

 

Moda, tecnología y los “crossovers”

Andrea Mantecón

En inglés, la palabra crossover que, según google, se traduce al español como “cruzado” se utiliza para describir el punto de conjunción de dos disciplinas. En la actualidad, los crossovers están generando resultados realmente maravillosos.

Durante muchos años las disciplinas se exploraban casi aisladas unas de otras, era inclusive mal visto que un ingeniero “cambiara de carrera” y se dedicara ahora a la medicina, y los “crossovers” eran poco explorados o apoyados. Hoy en día las cosas han cambiado y caso tras caso, se demuestra que muchos de los avances más grandes vienen de aplicar los conocimientos de investigación de una disciplina para otra.

Algunos casos de esto son por ejemplo el cruce entre biología y arquitectura donde, por mencionar un ejemplo, en la Universidad de Stuttgart en Alemania están estudiando los tejidos de las telarañas y basados en ellos se han podido desarrollar estructuras súper ligeras fabricadas con fibra de carbono, que además están siendo construidas por brazos robóticos. Otro, ejemplo es la neurociencia y medicina, donde por poner otro ejemplo Paul Bach-y-Rita, pudo conectar máquinas a la lengua de pacientes que habían perdido algún sentido como la vista o el balance, y a través de impulsos eléctricos generados por la máquina, regresar a los pacientes la habilidad de balancearse o inclusive, ver. Existen realmente muchos casos maravillosos de cruce de disciplinas: diseño industrial y medicina han dado lugar a mejores prótesis o sillas de ruedas más eficientes; cocina y química nos dieron a Ferrá Adriá y la divertida cocina molecular; programación y arquitectura nos dan como resultado la arquitectura paramétrica y nos ayudan a entender la magia de los diseños de Zaha Hadid; pero hoy quiero hablar de el cruce entre moda y tecnología, y de una de sus principales propulsoras: Iris Van Herpen.

Iris Van Herpen nació en Holanda en 1984, estudió moda en el Instituto de Moda de Arnhem, más tarde realizó un período de prácticas con Alexander McQueen. Van Herpen se dio cuenta de la magia de los crossovers y definió su postura con el argumento de la reciprocidad entre el trabajo manual y las tecnologías digitales. Comenzó entonces una serie de colaboraciones con arquitectos en el área del parametricismo.

Van Harpen fue más allá en todos sentidos. Lo suyo no fue el cruce de dos disciplinas, sino de un cruce de cruces y a través del tiempo. La diseñadora ha rescatado técnicas artesanales olvidadas con los últimos materiales, tecnologías y programas. Algunos de sus diseños son impresos en 3D en distintas resinas, otros utilizan corte láser y otros, plásticos termoformados, pero lo que la diferencia de algunos otros pioneros de este cruce es su entendimiento del cuerpo humano como generador de todos sus diseños.

Recientemente se estrenó en el Museo MET de Nueva York la exhibición consecutiva a la gala anual. La exposición lleva por título MANUSXMACHINA, Moda en el tiempo de la tecnología y gran parte de los diseños expuestos son de Van Harpen. Al caminar por los pasillos, algo diferenciaba la colección de Iris de los demás, sus diseños parecían haber nacido con el cuerpo humano, el dinamismo de las formas parecía ser originado de las fuerzas de los músculos, era casi como si fueran prototipos de nuevos sistemas para el cuerpo, como otro sistema nervioso u óseo, completamente pertenecientes al humano.

Iris Van Herpen, como muchos otros, es una pionera de los crossovers y una mente brillante que ha entendido dónde buscar inspiración y cómo reinventar la historia mientras continúa empujando la barrera de lo posible, una verdadera creadora. Los invito a ver este video donde pueden ver un poco de su colección y talento: 

http://www.irisvanherpen.com/video

Mi primer funeral (parte I)

Jonathan Alcalá

A los siete años de edad no supe cómo reaccionar ante la noticia de la muerte de mi tío Mauricio; lo había visto una sola vez en mi vida, en casa de mi abuela, sentado en una silla de ruedas, ojos lánguidos, voz grave, cabello cano y rasgos finos; había perdido algunos dedos de su mano izquierda debido a su enfermedad; yo trataba de no ser obvio al verle, sabía que no era muestra de buena educación hacer eso. Mi tío sufrió bastante, poco a poco se fue deteriorando físicamente hasta que su vida concluyó, fue una enfermedad sin tregua. Él, como muchos miembros de mi familia, muy jóvenes tomaron la decisión de buscar una vida en el país del norte, mi madre y una de sus hermanas no lo hicieron de esa manera. Las visitas intermitentes de mis tíos y tías significaban juguetes y chiqueos para mí, no había época más dichosa que aquella en las que estábamos todos reunidos; no existen diferencias y disputas familiares cuando se es niño, sólo diversión; no hay intrigas ni dobles intenciones en las palabras, por lo tanto, me alegró bastante la decisión de que mi tío Mauricio fuera velado y sepultado en su tierra natal.

            La tarde antes de ir al velatorio estaba jugando con mis primos, dos de ellos eran preadolescentes que en ocasiones susurraban cosas que yo no entendía, ahora supongo que hablaban de niñas, para ese entonces yo sentía un rechazo infinito hacia ellas. Los cuatro niños estábamos haciendo un ruido espantoso con nuestros gritos y correteos por la casa, entonces, mi tía Mariana hizo lo que mejor ha hecho durante tantos años, nos regañó, pero esta vez de una manera distinta, lo hizo al borde de las lágrimas, trató de hacernos entender la gravedad de la situación, estábamos por recibir  el cuerpo de su hermano mayor, el hijo favorito de la abuela, quien estaba destrozada y venía de lejos con el resto de sus hijos. Con la cabeza gacha simulé que las palabras de la tía Mariana causaron impacto en mi comportamiento, pero dentro de mí seguía consistente la algarabía de las visitas.

            Mi actitud medrosa hizo su aparición al percibir la solemnidad del ambiente en aquel lugar; entré de la mano de mi hermana y por delante de mi madre;  veía adultos vestidos de oscuro, escuché algunos sollozos por aquí y por allá, y conocí por vez primera la fragancia de las flores para los muertos. El ataúd de cedro era enorme, me pareció curiosa la manera en la que las sillas y los sillones estaban acomodados alrededor del pequeño salón, como preparados para  un espectáculo;  mi madre se puso de pie frente a su hermano que yacía acostado, todo era silencio, mi mirada estaba direccionada al suelo claro y límpido, alguna que otra vez miraba las flores, el ataúd, las velas, el ataúd de nuevo, jamás había estado tan cerca de una persona que había fallecido. Mi madre comenzó a llorar y yo lo hice unos instantes después, la pérdida del tío Mauricio no me causaba tristeza, pero me dolía el dolor de ella, soy de esas personas que se contagian de los llantos; creí oportuno además mostrarme afligido por la situación, así que después de llorar juntos por unos minutos, las cosas comenzaron a mejorar; comenzamos a saludar a todos, sus sonrisas eran las de siempre, pero sus ojos no. La hermosa tía Graciela tenía la nariz irritada, su cara de porcelana denotaba cansancio, sus ojos color avellana resaltaban por lo rojo de la conjuntiva.

No recuerdo con precisión algunas cosas, el tiempo comenzó a volar y de pronto estaba ya en el estacionamiento del velatorio en medio de la plática de mi tío Alberto; un hombre sumamente encantador, todo el tiempo que pasaba aquí cuando venía de visita, yo siempre me encontraba detrás suyo, lo admiraba en sobremanera, casi como a un ídolo; su forma de vestir, de hablar, de reírse, de fumar, de beber, todo era fantástico, poseía una elegancia perpetua y una elocuencia que yo quería lograr en mi adultez, de hecho, mi padre en más de una ocasión sintió celos de él, ya que yo lo mencionaba de manera constante. Bebí un sorbo de su café, casi lo escupo por su amargura, fui a la cafetería para tomar algo distinto a esa tortura oscura que encanta a los adultos, me serví un café, en mi familia es permitido hacerlo, pero sin que nadie lo notara le puse tres cucharadas de azúcar y mucha crema. Mi emoción era constante, la visita de los tíos, un banquete de café azucarado y galletas, felicidad simple.

            Mi padre llegó en un momento de la noche, saludó a la familia, acompañó a mi madre con su mutismo habitual, sin caricias en la espalda, sin abrazos, sin enjugar sus lágrimas, nada, y con el pretexto del cansancio de mi hermana, se fue apenas pasada la media noche; jamás sabré si esa aparente indiferencia era genuina o no, a pesar de los años vividos con él nunca logré descifrarlo; mi padre se fue prometiendo volver al velorio, se fue en el momento cúspide del evento, no regresó, se despidió cuando más gente estaba presente, tal vez cuando mi madre más lo necesitaba, se fue cuando más chiquillos correteaban alrededor del estacionamiento, yo no me quise ir.

Crónica de un alto en un concierto

Claudia Tostado.

Dan las 6 de la tarde. Pablo ya se imagina lo que le espera, toda su vida ha sufrido por lo mismo: su altura. Ésta noche, es el concierto de su grupo favorito: “Los puercoespines voladores de Tlapalcayuca el chico”. No se lo puede perder, ha esperado todo el año para verlos. Y es que es lo mismo cada concierto: se pare donde se pare, todos los asistentes que están atrás de él, montan en cólera, y furibundos gritan, lo empujan, y hasta le avientan comida, agua, latas, botellas y uno que otro paraguas, de los que venden ahí en la plaza a 35 pesos, mínimo 25. Pero es la cruz que le tocó cargar. Es su maldición. La terrible maldición de ser alto. Dan las 6, pues. Pablo decide prepararse más ésta vez para éste martirio que está dispuesto a padecer, porque vale la pena, porque es su ilusión ver a “Los puercoespines de Tlapa el chico”. Se coloca en la espalda una tabla para natación, de esas de hule-espuma que usan los niños cuando están aprendiendo a flotar, y se la amarra con un cinturón. Se pone unas rodilleras, un casco, unos gogles y una gabardina. La amarilla, no había otra. No se imaginó que ésta vez no sería el incómodo alto que no deja ver, sino, el maldito fenómeno salido del circo, y encima, que mide casi dos metros. Ahora no sólo soportaría los insultos, y agresiones de costumbre. Ahora se sumarían las burlas y apodos ofensivos de la gente, gracias a su vestimenta. No le pasaba aún por la cabeza el desfile de objetos tan diferentes y extraños que se impactarían contra su persona ésta misma noche. Una lata de cerveza clara, abierta por la mitad, quizá le abriría una cortada en el cuello, que le dejaría cicatriz de por vida. Un calcetín mojado, aseguro, nada agradable. Unos lentes de sol del tianguis, color rosa con dorado. Una gorra de COMEX. Una gordita de chicharrón, con mucha salsa, ya mordida. Unas rosas amarillas de plástico, un huarache de suela de llanta y 4 pilas AA. Probablemente ésto, o quizá otras cosas. Dan las 9:30. Comienza el concierto.

El trabajo de sus sueños.

Jonathan Alcalá

El sonido del despertador es un simple aviso de que ha llegado la hora de ponerse en pie. Lleva poco menos de treinta despierto. Una canción que se le ha metido en la cabeza en las últimas semanas, Suspicious mind, suena casi hasta terminar. Los nervios de la entrevista de trabajo programada  dentro de pocas horas. El ruido bien conocido de la orina cayendo en el retrete, la regadera escupiendo agua caliente mientras el sabor a pasta dentífrica desaparece poco a poco. La fragancia del jabón perfumado que le obsequió la abuela llena el diminuto cuarto de baño. Se afeita con precaución la poca barba que se asoma como una sombra sobre su quijada, desempañando el espejo a cada rato con la mano empapada, una nube de vapor y perfume de canela. Después de la coreografía del aseo personal matutino, viene la coreografía de ponerse la vestimenta. El atuendo pensado y listo desde mucho antes, para no perder tiempo en un día tan importante, evitar incidentes y prevenir cualquier eventualidad. Los pantalones negros, formales y muy lisos, cuelgan en el respaldo de una silla, los zapatos negros de corte italiano que compró para la fiesta de graduación saldrán de nuevo a la calle. Abotona la camisa azul cielo con calma y seguridad. Sume la barriga un poco y piensa que el lunes próximo comenzará de nuevo el régimen alimenticio, el mismo que termina  martes o miércoles, y comienza de nuevo al lunes siguiente. Seis y treinta y cinco de la mañana, parece tener tiempo de sobra, tal vez fue una exageración levantarse tan temprano. Revisa de nuevo que tenga lo necesario para la cita y lee una vez más su currículum vitae.

            El desayuno que normalmente es a las ocho de la mañana se adelanta algunos minutos;  leche y hojuelas de maíz en un plato, sorbiendo de la cuchara con la cara lo más alejada posible de su propio cuerpo, no vaya a ensuciar la camisa. El desayuno que nos dicen los comerciales de televisión, un poco de fruta para completar, no es lo habitual, pero todos los días se intenta mejorar. Ha llegado el momento de salir de casa. Por fin todo el esfuerzo de cuatro años se verá recompensado, los desvelos haciendo tareas, el sacrificio de los padres para comprar libros que no se leyeron por completo,  las clases y los temas que pareciera que nada tienen que ver con lo que necesita saber, los horrendos baños de la universidad a las horas pico, el transporte siempre arriesgado y tumultuoso, el servicio social de actividades estériles y que nada sirven a la sociedad, y todo lo demás. El principio del resto de su  vida comienza hoy.

            Sentado en la sala de espera con la espalda erguida, sus documentos sobre las piernas y las manos encima de las rodillas, con una sobrada puntualidad, para que a final de cuentas, la persona que lo va a entrevistar llegue veinte minutos después de la hora. Oficinas con paredes de cristal, sonrisas, café, saludos y cuchicheos entre los que serán sus próximos compañeros de trabajo. Una mujer de belleza notable asoma los muslos y hace sonar sus tacones al pasar frente a él, sin verlo siquiera, sin inmutarse ante la sonrisa amistosa ofrecida, dejando una estela de perfume. Un sujeto llama su atención, alto, de físico atlético y corbata color vino, camisa blanca entallada; seguramente tiene un hermoso automóvil, pensó, vive en un departamento de la zona rosa de la ciudad, posee una tarjeta de crédito y tiene una novia que causa envidia, yo quiero verme así, quiero ser como él, se plantea en su mente.

            Escucha su nombre, lo invitan a pasar a una de esas peceras corporativas, lo saludan de mano y ofrecen una disculpa por el atraso; al tomar asiento trata de no hundirse en la silla que está dispuesta para él. Su entrevistador tiene pinta de jefe, se desenvuelve con soltura y confianza, le habla con una naturalidad que le hace sentirse cómodo, después de todo, el escritorio que los separa, los miles de pesos de diferencia de poder adquisitivo y un puesto más alto en la cadena alimenticia, no lo hacen una persona hostil. Preguntas sencillas de responder, breves anécdotas que se filtran entre los asuntos profesionales, y una pobre argumentación sobre las razones del por qué debe ser contratado por la organización, son los temas en los cuales se intercambian palabras.  Invitan de nuevo al candidato a salir de la oficina y tomar asiento en el mismo lugar del principio. Cinco minutos después le piden que entre a una sala y le explican cómo contestar las psicometrías. Parecen demasiado simples, hay respuestas que lo hacen dudar por lo obvias que parecen, duda y cree que puede ser algo capcioso, se distrae un momento con el recuerdo de los muslos y el perfume, se dice a sí mismo que debe concentrarse, lee detenidamente por la premura que implica contestar rápido, pero acertado. Por fin termina, le indican que es todo por el momento y que espere a que lo telefoneen.

            Dos días después, nuestro candidato está sentado en el mismo lugar y recibe la noticia de que ha sido seleccionado, es todo un privilegio para él sumar su fuerza de trabajo a la organización, la algarabía de su mente sale al exterior con apenas una luminosa media luna de su boca; el mismo sujeto que lo atendió la vez pasada le explica sobre el horario en que deberá trabajar, nueve horas de lunes a viernes y cinco horas los sábados, sin contar con el tiempo de transporte claro está; una hora para comer,  la empresa piensa en todo, así que puede disponer de un lugar para almacenar y calentar su comida, mesas, sillas  y lavaplatos.  Llegado el momento hablan del sueldo, dos salarios mínimos profesionales por día y prestaciones al margen de lo que marca la ley, pagos quincenales por medio de una tarjeta bancaria. Un sueño convertido en realidad para nuestro joven egresado, por último, le piden que se presente al día siguiente para afinar los últimos detalles, poner su firma en un contrato y llevarlo con quien será su jefe inmediato. Agradece una vez más la oportunidad que le brindan al dar un apretón de manos, sale a la calle y ahora sí exterioriza su contento, ya se vio a sí mismo, en un escritorio frente a un monitor, rodeado de gente como él, una taza de café personalizada que le obsequió su novia el pasado día catorce de febrero, dando lo mejor de su ser para la empresa, un ingreso que jamás ha tenido, podrá ir a centros comerciales, bares y restaurantes, tal vez muy pronto una tarjeta de crédito y una membresía en el gimnasio, y más adelante, un automóvil. Sus padres procuraron un futuro de éxito para él, le dieron lo que ellos no tuvieron, para eso fue a la universidad, para ajustarse como un engrane, para tener un empleo como el que tiene ahora.

El mundo en el que somos libres

Andrea Mantecon

Xavier Corberó, es un artista español considerado por muchos el escultor vivo más importante del país. Descendiente de artistas catalanes vivió su juventud en Nueva York, íntimo amigo de Salvador Dalí y mezclando en sus obras materialidad y poesía.

Corberó, quien ahora tiene 81 años, lleva 40 años construyendo un mundo surreal en Esplugues de Llobregat. Este lugar, que es su residencia de descanso, taller y residencia para artistas, comenzó cuando Corberó encontró nueve estructuras industriales en ruinas y decidió establecerse ahí y comenzar a modificarlas. Buscando hacer un refugio del agitado mundo, poco a poco el artista fue añadiendo arcos aquí, arcos allá, escaleras que llevaban a ningún lado y columnas que no sostenían nada, jardines comprimidos en pequeños espacios y cuerpos de agua que reflejaban el conjunto. La composición, empezó a formar, casi como por casualidad un paisaje surreal, un lugar mágico donde la realidad se funde con la imaginación, donde el mundo deja de estar definido en sí mismo y se define sólo desde la percepción de quien habita el espacio.

xavier-corbero06

Corberó dice que la casa está siempre en proceso, y que como una agenda, refleja todo lo que él es a través del tiempo y crece con cada decisión, con cada adición. Cuando las personas le preguntan que cuál es la razón o propósito de esa construcción, él dice que es crear poesía. Qué nada de esto ha salido de la razón sino del objetivo de crear poemas que, para él, son la medida de todas las cosas.

fssdsdfsfdsfffa

El arquitecto en este espacio no crea un espacio físico sino un espacio mental, no es un espacio definido por su función sino con utilidad en sí mismo, es decir, no es la función de cuatro paredes albergar un estudio, sino de elementos escultóricos generar un sentimiento, una consciencia de uno mismo, una sorpresa o un descubrimiento. Así pues en este laberinto surreal, entre caleidoscopios de luz, túneles y reflejos, uno puede cada momento descubrir una sorpresa, un nuevo rincón detrás de una puerta o dentro de uno mismo.

“En la escala adecuada la música suena hermosa… en la escala correcta el espacio deja de ser espacio y se convierte en mente” dice Xavier Corberó, y para mi resulta  curioso cómo la información que recibimos se entreteje en nuestras mentes.

Encontré a Xavier Corberó mientras leía el libro de Haruki Murakami “El fin del mundo y el despiadado país de las maravillas” y una fuerte conexión surgió al instante. Les dejo este collage de una parte del libro como una reflexión de que el mundo en el que somos libres, en el que somos nosotros mismos, lo tenemos que crear cada uno.

-¿Entonces me estoy yendo del mundo como originalmente lo conocía?

-Si, pero no estoy hablando de un mundo paralelo de ciencia ficción, es todo un asunto de cognición. El mundo como es percibido.. y eso es lo que está cambiando en tu cerebro.. aún así no es nada que debas temer, no es muerte, es vida eterna, y puedes ser tu mismo. Comparado con eso, este mundo no es más que una fantasía momentánea.

Los invito a ver este video, para ver este espacio desde los ojos del artista: (click en el sig. link)

Xavier Corberó