Category Archives: Las Voces

Casa

Andrea Mantecón

Recientemente estuvo de visita un viejo amigo, venía de regreso a México después de terminar su Máster en Europa haciendo una escala en Nueva York. Llegó lleno de esa energía que se tiene cuando se conoce más, de esa energía que viene acompañada de más curiosidad; radiante de un año que cambió su vida por completo. Cuando sonó el timbre y abrí la puerta, estaba ahí parado, con una maleta grande, de esas rectangulares con rueditas; una maleta mediana, de las que son como bolsas alargadas; una mochila pequeña en la espalda y un tubo de planos. En esos cuatro bultos, venía contenido el año que pasó en España. Un poco de ropa, pósters que había comprado en los distintos edificios a los que había ido de visita, su laptop y libros, un montón de libros.

Entre una plática y otra hablábamos de todos estos nuevos modelos de vida: los jóvenes que ahora no se casan en sus veintes y están buscando donde vivir con su primer sueldo, las personas que se van a estudiar una maestría a otro país, los jóvenes que se van a otra ciudad a hacer prácticas profesionales, los recién egresados que se mudan a las capitales del mundo para su primer empleo, los que después de algunos años en el mundo laboral, toman sus ahorros y se van a otro país a aprender un nuevo idioma, los empresarios que pasan la mitad del tiempo en una ciudad y la mitad en otra. Mientras encontrábamos más y más ‘nuevos’ modelos de vida, pensábamos que debía venir con esta ola de formas de vida modernas, una ola de esquemas de vivienda en respuesta.

Llegué directa a investigar. Y sí, en ciudades como Londres y Nueva York nuevos esquemas de vivienda han comenzado a aparecer. En Nueva York, una primera iniciativa es “The collective” una empresa de “co-living” (cohabitación). La compañía tiene propiedades en distintas partes de Manhattan y Brooklyn, casas de 7 a 20 habitaciones amuebladas; una cocina grande, una sala, área de proyección y área de estudio. El precio a pagar incluye todos los servicios, la limpieza, el papel del baño y las servilletas de la cocina. Un híbrido entre hotel y departamento. En su primer lanzamiento uno de estos edificios recibió más de mil solicitudes para una casa de 18 habitaciones. Definitivamente existía ya una demanda para este modelo. A la par de “The collective”, la empresa “Wework” que se dedica a rentar espacios de oficinas compartidos acaba de comenzar una empresa de cohabitación. Por otra parte en Londres iniciativas como “Pocket city” ponen a la venta departamentos pequeños donde una condicionante es que sea la primera compra de la persona y que ganen menos de cierto número anual, con el objetivo de darle una oportunidad a los jóvenes en un mundo donde existen inversionistas que podrían adquirirlos como negocio.

Recordé también la conferencia de la arquitecta Mimi Hoang de n-architects, donde presentó su proyecto MyMicroNY, un edificio con 75 unidades de 250 pies cuadrados cada una, con espacios públicos compartidos: espacio de trabajo, gimnasio, patio, lavandería y almacén. Hoang mencionó que la demanda de vivienda es mucho mayor en nuestro tiempo debido a que mucha más gente vive sola. Hay menos familias y por lo tanto mayor demanda en número de departamentos individuales.

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Otra solución en la mesa es la de la ganadora del premio Wheelwright  de este año Anna Pugjanner con su propuesta “kitchenless cities” (cuidades sin cocinas) en la que habla de edificios en donde las cocinas están disociadas de los departamentos, tal vez en otro piso, tal vez para uso compartido, tal vez con un cocinero, o tal vez las comidas del día podrían convertirse en un servicio externalizado. Su argumento más grande que sólo la disociación de las cocinas, es que bajo los nuevos conceptos de familias, bajo los nuevos roles masculinos y femeninos, bajo el estado actual de la economía y las limitantes de espacio debe haber nuevas propuestas, que se adapten a esta serie de necesidades del siglo XXI.

Ahora bien, si la casa puede no tener cocina, si la casa, puede ser solo un pequeño cuarto en donde todas las demás actividades sucedan compartidas con los vecinos, si la casa puede ser un espacio temporal, o un espacio compartido con compañeros desconocidos hasta el momento, un espacio ya amueblado, un espacio que un mes antes era de alguien más, y tres meses después lo será otra vez, entonces, en este momento histórico ¿qué es la casa?.

Mi amigo iba de regreso a México y por un tiempo estaría con sus papás, en su cuarto de la infancia. En su ‘casa’, me dijo. Y yo pensé, ¿será esta más su casa que su piso en España? ¿Será su casa sólo ya que desempaque las cuatro maletas con las que va a llegar? Una vez que ponga los posters en las paredes y los libros en las repisas, las memorias del año en que estuvo lejos de esa edificación y que lo hacen ahora él. Pensé también si mi pequeño departamento en Manhattan es mi casa, o si la razón por la extraño México todos los días es porque mi casa sigue allá.

Al final creo que “casa” es el espacio que te almacena, como una colección de memorias, de pensamientos, de costumbres y rituales, por cualquier duración de tiempo, en cualquier lugar. A veces el edificio se convierte en parte de la casa, por ejemplo cuando con los ojos cerrados puedes caminar al baño en la mañana sin tropezar, porque el edificio ya es parte de tus memorias, a veces el edificio no es parte de la casa. A veces es la maleta, a veces es una persona, a veces un conjunto de personas, a veces es una ciudad, a veces son los muebles, cualquiera que sea el conjunto de cosas que te almacenan, que te recuerda entre olores, sonidos y texturas quién eres tú, eso es tu casa.

Los hombres de mis mujeres.

Jonathan Alcalá

La raíz. 

“Lo único capaz de consolar a un hombre por las estupideces que hace,

es el orgullo que le proporciona hacerlas.”

Oscar Wilde

 

En el mismo instante en el que Ulises trazaba el boceto de un mueble de sala que construiría en los próximos siete días, yo besaba a su novia en el elevador del edificio donde trabajábamos juntos. Y el día en que me acosté con Jossiane por vez primera, él estaba con sus amigos bebiendo cerveza, pensando que no estaba la suficientemente fría y que el sabor era un poco más agrio que otras veces. Por mi mente había un torbellino de cosas, el placer, por más egoísta que pueda llegar a ser, no lograba despojarme de la compleja situación en la que vivía, creyendo haber hallado el amor más puro y prodigioso, fruto de una traición y un mar de mentiras.

            Ulises tenía veinticinco años de edad, trabajaba como diseñador industrial en una modesta fábrica de muebles de madera, cuyo dueño era su tío político. Cuando le vi me pareció demasiado alto y demasiado delgado; su tez era clara, cabello rizado y ojos inocentes, casi infantiles, un contraste demasiado notable para su nariz larga y su sonrisa burlona. Me pregunté cómo alguien tan simple y ordinario a simple vista y según las descripciones de Jossiane, había conquistado a una mujer tan soberbia; la mediocridad que vi en ella llegó muchos años después, en ese momento, el amor y el deseo me hacían verle como un ser único y maravilloso, irresistible tal vez porque había una distancia moral entre nosotros. No descubrí en él a un rival o a un enemigo, lo único que yo quería es que saliera de mi vida de la misma manera en la que yo entré en la suya. Llevaba tres años de relación con Jossiane, pasando altibajos cada vez más prolongados, tanto, que las grietas de su amorío se convirtieron en un abismo de aparente indiferencia donde pude pasar sin muchos obstáculos. Ella tenía diecinueve años y la belleza ingenua de la juventud, se sabía una mujer hermosa, sin embargo era demasiado insegura y le faltaba una pizca de frivolidad para sacar provecho de su naturaleza; compartíamos gustos semejantes en cuanto a música y libros se refiere, encontré entonces la conjugación precisa entre alguien que motiva tu carne casi a la par que motiva tu razón. Esa mujer se convirtió en una diosa viva para mí. Yo tenía veintidós años y creía que mi vida estaría resuelta apenas terminara con mis estudios universitarios. Ninguna de las dos cosas llegó según mis cálculos. Entendí que mi vida terminará antes de resolverse y los asuntos académicos junto con sus instituciones están lejos de mis objetivos desde hace años.

            El día que Jossiane decidió terminar su relación con Ulises, él lloró y tuvo nauseas durante horas; me pareció patético, pero eso es natural, siempre el sufrimiento y el goce del amor ajeno tiene un sabor a patetismo y ridiculez. Aunque tarde o temprano todas las personas pasamos por situaciones análogas, más pronto de lo pensado, era yo el que iba a llorar y a humillarse. Ella ponía como excusas las emociones de él y lo apresurado de nuestra complicidad, para no dar una etiqueta al vínculo sentimental que había entre nosotros, navegamos durante algunos meses en las inquietas aguas de lo que podría llamarse triángulo amoroso, dándonos sólo lo que el otro nos permitía dar, fingiendo cada quien a su manera, avanzando y perdiendo terreno cada día. Toda batalla que se prolonga demasiado tiempo termina por derrotar a ambas partes,  aun el victorioso tuvo demasiadas pérdidas, así que para el día en que ella tenía la libertad de estar conmigo, nuestros disgustos y riñas habían fracturado y minado lo que intentábamos construir. El falso idilio llegaba a su fin de la peor manera. Los tres nos quedamos con las manos vacías, agotados y dolidos. Ulises se quedó como una palabra más en la lista de los nombres que tienen múltiples significados.

 

El país triste

Alejandra Rodríguez

A mi tampoco me sorprenden los resultados electorales de este pasado martes; Estados Unidos es y ha sido un país retrógrada y racista desde siempre, lo que es cuestionable hoy por hoy es la actitud en respuesta que estamos tomando todos los afectados por esta decisión democrática.

Esta mañana despertar en territorio americano con la noticia sobre el nuevo presidente electo que liderará a esta potencia mundial, me dejó ese amargo sabor de boca que provoca una mala pasada por la vida. Al visualizar gráficamente el pensamiento mayoritario de los ciudadanos americanos sobre la poca apertura que tienen al extranjero, hoy contemplé a un país triste… ironías de la vida: siendo mexicana, la tristeza por los desastres nacionales ya no me tendrían que sorprender en este punto de la vida, lo cual no es que sea un conformismo al pésimo estado en el que se está gobernando mi país y que esto signifique mi inmunidad al dolor por México. No, más allá de la sorpresa que a las 3:00 am se pudo anunciar, esta mañana al salir a la calle la gente se veía decepcionada, hoy no fue un día cualquiera, melancolía y decepción reinaban en el aire, un sentimiento generalizado, aún y con todo su triunfo, los votantes republicanos estaban desubicados, ellos también te miraban con un tono de vergüenza . Creo que no saben como explicarse ni a si mismos la decisión que han tomado, no saben entonces con que ojos mirar a las personas que están votando por sacar de su país, esas personas que viajan en el metro junto a ellos, con quienes comparte la tierra y el aire, compañeros de trabajo, amigos, vecinos y sin palabras ni gestos su sola presencia les hace saber que se tienen que retirar de su amada nación por ser inmigrantes de cualquier otra raza que a su líder no le parece positiva para volver a hacer “América, la mejor nación”.

Por eso es que hoy contemplé un país triste, desde afuera con otra perspectiva. Yo me voy, yo solo estuve de visita, yo ni siquiera tengo un estatus migratorio que me involucre en circunstancias políticas y de orden público en Estados Unidos, yo soy mexicana, me concierne el empoderamiento de mi gente, de mi economía, de mi hogar; consumiendo local, uniendo fuerzas, informándonos para elegir con criterio, educarnos para crecer como ciudadanos, dejar de compararnos con el vecino que probablemente esté más podrido internamente que nosotros, crecer en valores no en consumismo, no olvidar toda la sangre que se ha derramado injustamente y de esta manera, con hechos, no palabras, demostrar los errores que tienen las declaraciones que el futuro presidente o cualquiera de sus seguidores podrían emitir con fundamentos racistas o xenofóbicos; por eso es que miro desde afuera a todos estos ciudadanos “americanos”, como se hacen llamar egocéntricamente, ya que América es una sola y todos los habitantes de este continente somos americanos; sus rostros sólo ejemplifican tristeza y dolor. Algunos saben que su voto fue un grito desesperado y carente de criterio, sin embargo, el ambiente en la ciudad sigue siendo triste, muy triste.

En absoluto me sorprende lo que está sucediendo, los estadounidenses están cansados de nosotros, hablo de mi raza por no generalizar sobre los 40.4 millones de migrantes que habitan esta nación; están hartos de que vengamos a “trabajarles” sus bienes, nos regocijamos en decir que la creciente economía de esta potencia mundial es impulsada, primordialmente por la mano de obra hispana, pero ¿quién les pidió que vinieran a trabajar a este país en primer lugar? Mejor vayan a sus respectivos países y ahí aporten, trabajen hagan patria, lo que los gringos quieren es recuperar su país, pero vivimos en un mundo de ironías dónde el hermano, el paisano es nuestro peor enemigo y el primero que desfila en la oposición contra su raza, con aires de soberbia y por encima de su propia sangre solo por la seguridad que les otorga un papel o un estatus migratorio, por estas y otras muchas razones es que nosotros tenemos parte de la culpa en que este fenómeno político halla sucedido en estas elecciones. Con esta opinión pública que está rondando las redes sociales o noticieros y que de nada sirve que la compartamos, la publiquemos y redactemos palabras hermosas de cambio si no estamos dispuestos a realizar una transformación desde la humildad y honestidad de nuestras necesidades como países hispanos. Trump ganó la presidencia, eso nos deja un mensaje claro, ellos los estadounidenses no nos quieren aquí, ¿qué más ejemplo necesitamos para entender que nuestra vida es en nuestro país y no en el ajeno?.

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Quizá la tristeza que hoy presenciaba en las calles se deba a la crisis económica, a la incertidumbre que les ocasiona un gobernante con nula experiencia política, al miedo que les provoca a todos los indocumentados su próxima salida del país, podría ser también la decepción de ver que un ser humano proponga barreras y límites físicos para separar la unidad social cuando masas se reúnen en pro de la libertad e igualdad, o quizás razón suficiente para pensar que ahora será mejor visto el acoso sexual a las mujeres y muy probablemente este miedo se ve influenciado en que en su mandato hará más ricos a los ya adinerados; los especialistas en política, economía, antropología y demás estudiosos me podrán corregir en absolutamente todas mis palabras aquí propuestas, esto es meramente una opinión pública inspirada en una vivencia personal desde el sentimiento compartido con la humanidad que radica en este poderoso país; sólo quise comunicar el sentimiento de tristeza que fue protagonista en este día histórico en la vida de todos los americanos, las calles silenciosas y los rostros cabizbajos dieron margen a la decepción comunal.

El Laberinto del Mundo. Marguerite Yourcenar.  

Jonathan Alcalá

            Marguerite Yourcenar dijo que escribiría hasta que la pluma cayera de sus manos. Así fue. ¿Qué? La eternidad, es una obra inconclusa. Encuentro un encanto teñido de tristeza, que una mujer que creía que el tiempo es maleable a nuestro antojo, haya dejado su cuerpo sin poner punto final a un libro. La existencia de Yourcenar de alguna manera se sigue escribiendo, a final de cuentas, ella dijo que el diagrama de la vida humana se compone de tres líneas que se pierden en el infinito: “lo que un hombre ha creído ser, lo que ha querido ser, y lo que fue.” Así como el corazón de Adriano late con vitalidad a través de sus memorias, la sensibilidad y erudición de Marguerite se renueva cada vez que alguien lee y se deslumbra con sus palabras. Nos ha dejado como herencia El laberinto del mundo, tres libros que hablan sobre su vida y sobre la vida misma, ya que la condición de una sola persona es la de todas las personas. Las diferencias que hay entre dos seres humanos son el segundo plano de su retrato, antes, podríamos ver y enumerar sus semejanzas, el modo en que lloran, ríen, aman, sueñan, nutren sus cuerpos, el dolor y la felicidad que padecen, el placer. Las emociones y sensaciones que experimentamos de forma paralela, son el hilo que más debemos cuidar, de ese modo, el otro, podría dejar de ser tan ajeno a nosotros.

            Recordatorios es la primera parte de la trilogía, el linaje materno que se ha tejido en la actual Bélgica. El distanciamiento se sí misma para poder narrar con precisión el nacimiento del ser a quién llama “yo”. Su llegada al mundo es el punto de partida de una cascada que nos lleva al pasado, para enseñarnos, que el hombre casi siempre está preso en la cárcel de su tiempo y las circunstancias que le rodean. Yourcenar logra hallar el hilo de su sangre hasta poco después de la Edad Media. Dibuja a sus antepasados de la misma manera que lo ha hecho con los personajes ficticios de sus relatos; nos ilustra  a través de ellos, que los vicios y las virtudes de las familias poco han cambiado en centenares de años. Probablemente el pertenecer a la burguesía sitúa la historia en algunas particularidades. Recordatorios tiene a dos personajes que sobresalen: Fernande, la madre de Marguerite, y Octave Pirmez, tío de la autora, que también poseyó un destino literario y cuya vida, notable en algunos sentidos, ocupa parte importante del ayer que nos quiso contar ella.

“Hijo del magnánimo Tideo, ¿por qué te informas sobre mi linaje?

Cual generación de las hojas, así la de los hombres.”,

Ilíada, VII, 145-146.

            Ese es el telón de Archivos del Norte, es turno ahora de la red paterna. Esta vez Yourcenar va más atrás en el tiempo, nos explica que antes de la intempestiva llegada del hombre a la región boscosa donde nació su padre, los habitantes eran enormes árboles de follaje oscuro, de ahí el nombre de la propiedad que fue parte de la familia hasta principios del siglo XX, el Mont-Noir. Lugar que sirve como escenario de parte importante de la historia, hasta la llegada de Michel, padre de Marguerite, que resulta ser un hombre entrañable, dado a la aventura y la pasión, casi en la misma proporción que a la cultura. Rebelde, escapó de su casa para llenarse del mundo, también lo hizo así del ejército, acto que le valió el destierro de Francia, hallando entonces en Inglaterra un segundo hogar, “siempre se está mejor en otro lado”, era su filosofía. Si el placer es una forma de pecado, entonces no hay placer que no lleve una penitencia, así la vida de Michel se tiñe de claros y oscuros todo el tiempo, el transcurso de años que jamás son grises, pasando de un amor a otro, de un lugar a otro, como el gran lector que termina un libro al mismo tiempo que comienza el siguiente. En circunstancias inesperadas, Fernande y él se conocen para casarse, sin saberlo siquiera, la sonrisa que se ofrecieron mutuamente el día que se conocieron, fue la chispa que comenzó el gran fuego que es la vida de una de las escritoras más brillantes del siglo pasado.

            ¿Qué? La eternidad. La niñez puede estar llena de falsos recuerdos, pero aun así, la autora se las arregla para darnos una impresión lúcida de lo ocurrido.  Los primeros años de nuestra existencia tienen una impostura más obvia que la de nuestra juventud y adultez. Marguerite tuvo la fortuna de ser acogida por un padre que le heredó la tradición de los libros, tanto, que ella menciona que los libros son una de sus patrias. Sin llevar a cuestas el peso de una educación tradicional, Yourcenar encuentra en la naturaleza una belleza más abundante que en los juguetes. También fue una mujer rebelde como Michel, lectora en una época en la que leer  generalmente era cosa de hombres, capaz de aceptar y explorar la sensualidad y el erotismo que duerme en nosotros mientras somos niños, contemplativa ante las grandes maravillas del mundo, como el océano. Vivió una plenitud en tiempos en los que la tecnología parecía tener como objetivo la matanza y la destrucción. Tiempos de dos guerras que parecían eternas y que nos daba la impresión de que nada podía ser peor que ese presente. Yourcenar nos relata la historia de Jeanne, amiga íntima de su madre y amante de su padre, su matrimonio nos hizo pensar en Alexis y Mónica, de Alexis o el tratado del inútil combate, un hombre lleno de virtudes que flotaban en el río cuya profundidad eran apetitos poco aceptados en esa época, y vergonzosamente, todavía algunos no los aceptan en la nuestra. ¿Qué? La eternidad, termina sin concluir, ya que el propósito era relatar la muerte de Michel, de Jeanne y otros acontecimientos más.

            El laberinto del mundo, es en resumen, la historia de una mujer y del parte del mundo, un proyecto que se escribió durante veinticinco años, en donde nos demuestra que la vida es hermosa a pesar de las amarguras y sinsabores y que nuestro pasado, presente y futuro, son una misma dimensión a la que tenemos acceso si no lo proponemos.

 

 

¿Este vino, sabe feo? Cómo detectarlo

ANDREA PÉREZ CASTILLO

Buen día, amigos catadores, nos volvemos a encontrar en otro viernes de vinos en Voces Cruzadas.
Recuerdan que en un artículo anterior hablamos de aromas desagradables de vino, pues en esta ocasión utilizaremos otro de nuestros sentidos.

¿Listos?

¿Cómo andan esos 5 sentidos? ¿Más bien, cómo andan del sentido del gusto?, espero que esas papilas gustativas estén a ¡tope!

Hoy amigos, hablaremos de algunos sabores malos que podemos encontrar en el vino ¡iuuuuuugh!

Hoy en día es difícil encontrarnos con un vino defectuoso, pero bueno, si nos pasa, ya sabremos identificar si el vino esta correcto o no.

¿Comenzamos?

La oxidación.
Es el más común de todos y esto es ocasionado por algún contacto que el vino haya tenido con el aire. En boca lo vamos a detectar con sabores rancios y hasta ajerezados.

Picado o avinagrado.
Por contenido de ácido acético, esto ocasionado por el contacto con el aire y el trabajo de las bacterias acéticas en el vino. En boca lo sentimos con gusto a vinagre.

Gusto a moho.
Un sabor desagradable es el amargor que viene a causa de uva con problemas de podredumbre gris. Esta podredumbre se da desde el viñedo por algún mal manejo o por una inesperada lluvia en el proceso de maduración de la uva. ¿Cómo lo detectamos? Es sencillo, es muy peculiar el aroma a moho y en boca nos da un gusto a yodo y hasta sabores de farmacéuticos con finales muy amargos.
Otro defecto ocasionado por moho, es debido por la falta de limpieza en los toneles, tanques, cubas donde se hace el vino, en estos vinos podemos encontrar un sabor rancio y aromas vegetales desagradables.

Exceso de madera.
Hay vinos que en proceso de crianza se les pasa un pelín la mano con el tiempo de barrica, lo que pasa con estos vinos es que se vuelven totalmente planos, poco expresivos tanto que no queda vestigio de las características de la variedad de la uva ¡hasta parece que le das una mordida a una duela de madera!

¿Qué les parece? Interesante, ¿verdad? Nos damos cuenta que un vino se cuida desde el campo hasta la conservación en cava y no solamente en su proceso de elaboración.

Nos vemos en la próxima ¡Enjoy!

Día de Muertos en México

Daniela Rivera

Una de las tradiciones más significativas en el patrimonio cultural de México es la que se celebra con fervor y tradicionalismo ritual: el Día de Muertos. En ella, los mexicanos nos mostramos a arraigadas expresiones artísticas y únicas en su género para conmemorar la visita de nuestros muertos. Siendo una festividad indígena que se conserva desde tiempos prehispánicos y que ha encontrado un lugar en la urbe de las ciudades sin olvidar su legado histórico – cultural y que en gran medida ha añadido símbolos desde la cultura española hasta adaptarse a los tiempos de actualidad.

El Día de Muertos ha sido una tradición de fastuosa admiración internacional, que provoca extrañeza y curiosidad ante cualquier extranjero que desee conocer el significado de su celebración. Al tiempo que al paso de los años, los mexicanos conservamos la cosmovisión de transmitir a otras generaciones, las acciones que llevan a cabo como parte de su idiosincrasia, de su identidad y de la forma que tienen para conectar el mundo de los vivos y los muertos y acrecentar así las manifestaciones artísticas y culturales que de su representación, de las que surgen puestas de ofrendas, arte mortuorio, festivales y un sinfín de rituales.

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“El solitario mexicano ama las fiestas y las reuniones públicas. Cualquier pretexto es bueno para interrumpir la marcha del tiempo y celebrar con festejos y ceremonias hombres y acontecimientos. Somos un pueblo ritual” Octavio Paz

El Día de Muertos en México crea una interpretación ante el mundo sobre la concepción que se tiene sobre la muerte, lo ubica como un país único, culturalmente enriquecido con creencias de origen prehispánico, culturas de gran importancia para su formación y, sobre todo, diferente a los dos países que lo han dominado a lo largo de su historia: España y Estados Unidos. España desde haber colonizado el país ha estado presente en las tradiciones, costumbres, religión e idioma; mientras que Estados Unidos al ser la primera potencia mundial y por su cercanía, aprovecha insumos que florecen en México y aculturiza al país con algunas de sus festividades como el Halloween.

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Ofrenda dedicada a David Bowie en el Black Cat Bones en Puebla

En Mesoamérica se encuentra información sobre los ritos mortuorios prehispánicos en los estudios de los arqueólogos y antropólogos. Otra fuente de información es la amplia descripción de los cronistas que llegaron a la Nueva España y relataron episodios de la vida cotidiana de la población indígena, incluyendo la concepción de la muerte y los rituales celebrados alrededor de ella.

En México la concepción de la muerte se toma con una postura de indiferencia, como un proceso que se lleva a cabo en el ciclo natural de cada ser humano. Mientras que en otras culturas es vista como un tema tabú, en nuestro país se le festeja, se celebra y es representada con júbilo al ser el paso transitorio con sus parientes vivos, los cuales aún llevan el recuerdo y el arraigo cultural con sus tradiciones.

Y en estos dos días una de esas tradiciones que re crean el sentido de identidad y pertenencia es la ofrenda, en donde a través de un altar recordamos a nuestros difuntos parientes. De muchos tamaños, colores, elementos e inspiraciones, las casas mexicanas se llenan de homenajes a quienes en vida nos acompañaron y fueron una importante parte de nuestras vidas.

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Otoño

Alejandra Rodríguez

Creo que mi vida cíclica ha sido determinada por el otoño, siempre es en esta estación del año cuando decido soltar, cerrar, dejar ir, volver a comenzar y establecer nuevos objetivos; ni siquiera sé por qué espero hasta esta época para ultimar mis agasajes emocionales, quizá sea el frío que comienza a escabullirse por los huecos que hay entre la puerta y el piso quien me susurra inspiración o podría ser ese particular aroma que tiene el viento el que estremece a mi corazón, quizá sean todas esas bellas tonalidades que adquieren los árboles al irse secando sus hojas lo cual visualmente me provoca un acercamiento al confrontamiento personal, no lo sé, lo único que tengo claro es que sucede y es en está precisa época.

Me proyecto como esas hojas caídas por el paso del tiempo; aquellas que no envejecen si no que están terminando su estadía en lo alto del árbol y ahora danzan en libertad siguiendo el ritmo del viento, quien por medio de varios discursos persuasivos las lleva a terminar su feliz viaje en el suelo y como ellas, sin adherencia, me creo en el interior la necesidad de tomar decisiones.

El tiempo es mucho más poderoso que nosotros, nunca valoramos ésto porque vivimos paralelo a él y sentimos que todo lo podemos controlar con el menester prestado de su transcurrir a nuestro favor, nos confiamos de que lo tenemos a disposición pero no medimos la realidad finita de ésto y las circunstancias pueden cambiar en cualquier momento, así sin aviso previo las hojas comenzaron a bajar su mirar desde lo alto; para nosotros sucede lo mismo, consecuentemente nuestros ciclos van concluyendo pero quizá necesitemos un tiempo y espacio determinado para hacerlo consiente, como me sucede a mi, que hasta la llegada del otoño es cuando medito los porqués y cómos de mis conclusiones cíclicas.

Disfruto del otoño por sus colores naranjas, esa belleza que maquilla las calles es disfrutable y efímera, pero sobretodo me gusta porque al apreciar este desapego natural por la vida mi mirada se convierte en un parteaguas mental en donde sintetizo pensamientos y los convierto en desenlaces para mejorar, crecer, seguir adelante y prepararme para el invierno tan crudo, tan solitario que se avecina; porque, de ser posible, el superar al siguiente invierno entonces la primavera será una delicia y esta apetencia especial radica en que es una época para destinarme tiempo, tiempo para pensar cómo estoy, cómo he hecho hasta ahora; contrapuesto a lo que debería ser todo el año, pero hay algo en el aire otoñal que me inspira a hacerlo, me incita a tomarme un momento para reflexionar sobre mi propia existencia; es ahora cuando estoy lo suficientemente en contacto con mi propio corazón y alma para saber cómo me siento y para saber cómo expresarlo.

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El otro yo (cuarta parte).

Jonathan Alcalá

Si debo dudar de la memoria de las personas y tener como cierto que siempre habrá omisiones y añadiduras, ¿existe una certeza de que mis recuerdos sean precisos o también debo cuestionarlos? Una niña que camina apresurada en medio de una sala de estar es mi  evocación más vieja. Ella tiene el cabello castaño y con algunos rizos. Su rostro no me es permitido verlo, pero adivino que es blanco y sonriente. Veo sus brazos que se agitan al correr torpe y gracioso que tanto conmueve a los adultos. Tiene puesto un vestido blanco con pequeños lunares, no sé si azules o negros, la neblina del pasado no deja distinguirlos. Tal descripción coincide con el de mi prima Marisol, quien se fue del país cuando tenía tres años edad. Ahora sé que nació un mes y medio antes que yo, por lo tanto, mi memoria se remonta a cuando yo era un niño de menos de tres años. Recuerdo con nitidez mi primer día de escuela, incluso puedo decir el nombre de cada uno de mis compañeros de clase; tengo en mi mente las navidades que festejamos en casa de mi bisabuela y los regalos que estaban debajo del árbol luminoso. Recuerdo el embarazo de mi madre después de un viaje a la playa donde enterré un juguete debajo de un cocotero y no lo pude hallar después. La imagen de mi padre jugando entre las olas mientras mi hermana hacía un hoyo en la arena me provoca una nostálgica felicidad. Decir que recuerdo el sabor salado del agua marina podría ser una mentira, lo recuerdo porque conozco su sabor y la he probado en muchas ocasiones; tal vez de ese modo se construyen algunas cosas, toman como base un pasado remoto y las piezas que hacen falta son puestas a partir de un pasado menos lejano, tal vez la niña a la que hice alusión no tenía un vestido blanco con lunares oscuros, probablemente era azul o rosa, pero mi cerebro se las arregló para que la figura estuviera completa, a final de cuentas, ella es una persona real en un lugar que sí existió. El color de las paredes, los adornos del vestido y la textura de los muebles no son significativos, no en esta ocasión.

             Pareciera que existen dos yo, uno que habita en la plenitud del presente y tiene consciencia de su cuerpo en un lugar del tiempo y del espacio determinados; y otro que está en las fotografías, en la memoria de otras personas y en la propia. Ese bebé que llora casi de forma silenciosa y a quien no le gusta que lo abracen demasiado, poco tiene que ver con el adulto que ahora gusta de ser mimado a un punto casi ridículo; el niño que tiene una apariencia saludable, delgado y que su madre disfraza en cada cumpleaños, soy yo, sigo siendo el mismo, a medida que esta expresión es posible, ya que la huella del tiempo y los golpes de la vida y sus inevitables decepciones y sinsabores, así como las intermitentes dichas me han transformado en el hombre que soy ahora. Es casi imposible no sentirnos sucios y decepcionados cuando pensamos en el niño que fuimos. A menos que nuestra vida de adultos esté llena de belleza y sublimidad, en donde hayamos superado obstáculos y mejorado nuestra condición de vida, crecer es una derrota que aceptamos con naturalidad; no es complicado pensar que a lo que se refería aquel célebre judío cuando dijo que el reino de Dios es para los niños.

            Se le atribuye a Confucio la siguiente cita, “la tinta más pálida es más confiable que la memoria más brillante”. ¿Cuántos recuerdos y cuántas vidas han sido tragados por la oscuridad del olvido? Para aquellos que no tuvieron la oportunidad de imprimir su imagen en papel fotográfico y también los que nunca tuvieron como hábito el bolígrafo y el papel para escribir diarios y memorias, están ahora en un terreno relegado. Hay personas que pasaron por la vida sin pena ni gloria, tal vez existan reflejos e imágenes de su vida, pero en un sentido frívolo podríamos decir que mucha gente pasó sin dejar una pisada en este mundo, por lo menos, no una muy significativa. Amados en su tiempo, tal vez odiados, sucumbieron a la muerte e hicieron su parte al heredar al mundo otros individuos de carne y hueso cuya vida tendrá un destino semejante. No creo que sea malo no ser recordado o no poseer evidencia del pasado, es simplemente mediocre, y la mediocridad en ocasiones es cómoda, tanto, que se asemeja a la felicidad. No dudo que también hayan existido seres extraordinarios y no sepamos nada de ellos ahora, probablemente por lo anterior es que muchos notables han hecho un ejercicio de inmortalidad, en papel, lienzo o piedra, ya que los recuerdos y los sueños están hechos de una materia semejante, demasiado maleable para confiar en ellos como ya lo he mencionado. Pero el vestigio tampoco es sinónimo de grandeza, hay muchos retratos que valen la pena ser olvidados y muchos escritos que no merecen ser leídos, y contrario a lo que muchos freudianos defienden, hay personas, lugares, filmes, canciones, y eventos que no merecen un lugar en nuestra mente. Recordar todo sería abrumador e inútil, es verdad que hay emociones escondidas, tan reprimidas que son como un tumor que hay que extirpar, pero no todo es maligno ni necesario.

            Los adelantos tecnológicos ya no nos asombran como antaño, posiblemente es porque desde hace tiempo hemos descubierto que cada paso que damos no necesariamente es para mejorar las circunstancias de nuestra vida. Cada avance pereciera tener como destino el consumo y no el bienestar, y cuando lo segundo fuese el objetivo inicial, nuestra especie es experta en arreglárselas para usar la tecnología en perjuicio de otros. No creo que los hermanos Wright hayan inventado el avión con el propósito de dejar caer desde el cielo, pesadas bombas que pondrían fin a la vida de millones de personas. La era digital nos ha despojado del papel y la tinta, la fotografía es ahora diversión y vanidad, lejos de la solemnidad de aquellos retratos familiares a blanco y negro que nos parecen fantasmales, y lo son. El olvido  en teoría debería ser menos sencillo, los diagramas de la vida humana se trazan con relativa facilidad por medio de hábitos de consumo, gustos, opiniones e imágenes que nos dicen en donde hemos estado.

Por mi parte, veo mi vida como tres líneas próximas que rara vez se tocan una con la otra, en una me encuentro yo: lo que fui, lo que soy y lo que seré, con toda la complejidad que implica el “ser”, y en la otras dos, algo que se asemeja al reflejo que vemos en el agua de un río: lo que creo ser y lo que quiero ser.

Daniel, el pato de soporte emocional.

Gisel Alvarado

Buenas noches queridísimos lectores, el día de hoy les vengo a platicar un poco sobre los animales de servicio dentro de un avión, el más típico y común es el perro lazarillo; ya todos sabemos que su función principal es ser los ojos de la persona con dificultades visuales a cargo de él, normalmente son perros de raza grande y por ello ocupan casi siempre los primeros asientos del avión para que puedan ir cómodamente junto a sus amos. Cuando he tenido el honor de transportarlos, me he dado cuenta que son animales extremadamente educados, y aún que no me pueda resistir el querer acariciarlos, es muy importante respetar el hecho de que se encuentran trabajando y no deben ser distraídos (muchos incluso traen consigo ese anuncio escrito en el arnés).

Por otro lado, tenemos a los animales de soporte emocional; la función de estas criaturitas del señor es mantener estables emocionalmente al pasajero en cuestión. Muchas de las veces, éstas personas sufren algún tipo de trastorno o incluso alguna capacidad diferentes que los obliga a mantener a sus mascotas cerca para sentirse tranquilos.

-Alguna vez me tocó el caso de una persona que sufrió un asalto de manera muy violenta y después de acudir a terapias, se le aconsejó llevar consigo siempre un animal que lo hiciera sentir seguro.-

La mayoría de las aerolíneas normalmente maneja a los animales de soporte emocional estrictamente como perros y gatos, pero ¿quiénes son ellos para limitar la opción de las personas para elegir a su compañero fiel? A continuación les mostraré unas fotos de Daniel, el pato de soporte emocional que alguien llevó a su vuelo, además trae puesto un pañal ¿no es lo más adorable del mundo mundial? Que tengan un excelente inicio de semana.

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*las restricciones para animales de soporte emocional varía entre una aerolínea y otra.

*fotos cortesía de Twitter.

El acoso y el autocontrol

Por F. Mifune

Aunque cada vez se ejercen más acciones contra el acoso sexual, aunque cada vez se endurecen más los castigos contra los acosadores y aunque cada vez hay más y más campañas públicas para combatir el acoso, éste continúa al alza, ¿por qué?

Vale la pena considerar que el problema del acoso sexual se está abordando de manera incorrecta en la medida en que no se penetra en el fondo de éste, sino que se anda alrededor de él y atendemos no las causas, sino las consecuencias. Separar a hombres y mujeres en el transporte público, incrementar los años de cárcel a los violadores, hasta la exhibición pública de los acosadores hoy posible gracias a las tecnologías de las redes sociales, son ejemplos de acciones emergencistas, es decir, de cuando las cosas ya pasaron, mas no las evitan. Se ha hecho, pues, con el problema del acoso sexual algo parecido con lo que se hiciera con una persona alcohólica al amarrarle las manos y sellarle la boca con cinta adhesiva: lo contenemos, no bebe (mientras no se suelte) pero, evidentemente, no se le ha quitado el alcoholismo por convicción propia.

Se dice, y con justa razón, que lo que hace falta es mayor educación. El problema es saber qué clase de educación se necesita para educar en hábitos e ideas contra el acoso sexual. Valdría la pena considerar que los hábitos e ideas que se necesitan para educar contra el acoso están profundamente relacionados con nuestra capacidad de controlar nuestras apetencias corpóreas. Buena parte del problema del acoso sexual radica en que el acosador es una persona que no puede contenerse y se lanza, física o verbalmente, contra su víctima. No sabe contener su mirada o sus palabras, incluso sus manos, y se abalanza sobre su víctima con la única intención de satisfacer un deseo sexual que le surge en ese momento. Es peor si el deseo no la surgido en el momento, sino que viene arrastrándolo de tiempo atrás, sin abandonarle, al grado de hacerle planear una violación.

Este problema, el problema de la falta de control sobre los deseos del cuerpo, ha acompañado a la humanidad a lo largo de su historia. Precisamente porque es un problema ancestral, la humanidad ha buscado medios con los cuales combatirlo, lo cual se hace evidente al repasar las acciones que las diferentes sociedades y culturas han realizado para contrarrestar el deseo de satisfacer los caprichos del cuerpo.

El testimonio más remoto y más claro de la lucha contra la necesidad de satisfacer las apetencias corpóreas lo encontramos en la lírica griega. Los antiguos griegos se servían de sus poemas y tragedias para educarse en el arte de contenerse. Un ejemplo elocuente de la educación en la continencia es el de la anécdota de Odiseo y las sirenas. Las sirenas de la isla de Artemisa tenían un canto que embrujaba a los hombres y los raptaba para que se quedaran hasta la muerte ahí en la isla. Odiseo, quien tenía que pasar su barco cerca de la isla de las sirenas para poder llegar a su casa en Ítaca, pidió a su tripulación que todos se taparan los oídos con cera y, también por voluntad propia, pidió que lo amarraran fuertemente a él con un lazo, para que no pudiera dirigirse al llamado de las sirenas. Al pasar cerca de las sirenas, éstas cantaron, pero Odiseo no pudo acudir a su encanto, pues estaba fuertemente atado. De esta manera Odiseo aprendió (y con su historia enseñaba) que el ser humano es débil contra los deseos placenteros del cuerpo, pero muchas veces es mejor pelear contra dichos deseos.

También los griegos antiguos tenían en la filosofía herramientas para educarse en el control de los placeres corpóreos. Aristóteles, en su Ética a Nicómaco, aborda largamente el problema de la akrasia, es decir, el problema de hacer algo que sabemos que no debe hacerse, pero aun así lo hacemos. Aristóteles discute el tema de la incontinencia, y habla de modo específico del incontinente con los placeres del cuerpo, opone la incontinencia con la templanza, lo que le lleva a juzgarla como un desequilibrio, algo propio de un vicioso. También Platón alude al problema de los placeres corpóreos en diversos momentos de su obra, pero, curiosamente, lo aborda no con argumentos racionales, sino con construcciones poéticas. Uno de esos momentos es el mito del carro alado, en el diálogo Fedro, donde propone que el alma humana es como un carruaje conducido por dos caballos, uno de ellos busca ascender hacia las cosas elevadas, a las que otorgan verdadera felicidad; el otro busca a toda costa satisfacerse de las cosas bajas en la tierra, entre ellas los placeres de la carne.

En general, para la filosofía griega la satisfacción incesante de los deseos corpóreos difícilmente podía conducir a la felicidad, pues, para decirlo con las palabras de Sócrates, el cuerpo es como un tonel sin fondo, al que una vez que le ofrecemos un placer, va a consumirlo a la brevedad y va a querer otro, y otro, así en una incesante persecución por más y más placeres. Hasta el filósofo por excelencia del placer, Epicuro, reconocía que los placeres tenían jerarquías, y entre los más altos estaban el de la amistad y la conversación, dejando en segundo término los placeres del cuerpo.

A la entrada de la religión judeocristiana al mundo, la teología también buscó modos de evitar la desenfrenada persecución de los placeres corpóreos. Desde Agustín de Hipona (Confesiones) hasta Tomás de Aquino (Suma Teológica), la búsqueda incesante de los placeres fue rechazada. El giro entre el pensamiento antiguo y el pensamiento teológico con relación al control de los deseos radica en la entrada de la fe: mientras que los antiguos aprendían sobre el autocontrol razonando los argumentos de la filosofía, o bien imitando constantemente las lecciones de la poesía hasta llegar a hacer un hábito moderado, la sociedad judeocristiana introdujo la fe y la autoridad para ayudar a las personas a conducirse en el autocontrol, pues si no entendían las ventajas de éste (con filosofía) o no eran capaces de imitarlo (como en la poesía griega), tenían la autoridad de Dios a la cual bastaba obedecer para saber que estaban haciendo lo correcto al practicar el control sobre los deseos del cuerpo.

La modernidad, que podríamos decir que comienza con René Descartes, arriba entonces y trae consigo ciertas paradojas que afectan crucialmente en la educación sobre el autocontrol. Por una parte, filósofos como Nicolás Maquiavelo (El Príncipe) y Thomas Hobbes (Leviathan) formulan que la naturaleza humana es egoísta por naturaleza, lo que explica por qué las personas buscan sin cesar el cumplimiento de sus deseos. Por otra parte, los ilustrados como Immanuel Kant (¿Qué es la ilustración?) argumentan que se deben buscar los fundamentos del actuar humano sólo y únicamente en la razón, evitando acudir a principios que estén más allá de la razón, como en la poesía, la autoridad o la fe.

Así, pues, la modernidad y la ilustración inauguran una contradicción inédita, es decir, la contradicción entre la naturaleza humana egoísta y la razón como fundamento exclusivo del actuar humano. Si, por una parte, es natural que las personas quieran satisfacer los deseos del cuerpo, y, por otra, la razón, mi razón en particular, no me llegara a ser suficiente para conducirme de manera respetuosa con mis semejantes mientras satisfago mis deseos, ¿entonces qué se debe hacer? La solución del pensamiento de la modernidad (específicamente del contractualismo) es el uso de la fuerza. Prácticamente todos los filósofos de la modernidad, (Maquiavelo, Hobbes, Montesquieu, Locke…) apoyan el uso de la fuerza del estado y castigos duros para aquellas personas que pretendan pasar el límite mientras buscan satisfacer sus deseos. Pero, ¿esto realmente resuelve el problema del incontinente? ¿No habíamos quedado en otra cosa con el ejemplo del alcohólico? ¿No hablaban los fundadores de la modernidad de no hacer las cosas sino por medio de la razón? ¿Es la fuerza una solución racional?

A la contradicción anterior hay que sumar el problema que inauguran Freud y la revolución sexual. Sigmund Freud es el primer pensador que relaciona explícitamente la sexualidad con la naturaleza humana. Si bien los pensadores de la modernidad ya indicaban que es natural que el ser humano busque constantemente satisfacer sus deseos, Freud subraya el tono sexual que estos deseos tienen. Así, pues, con Freud el argumento de la modernidad se hace más específico: es natural que el ser humano busque satisfacer sus deseos sexuales.

Las ideas de Freud, aunadas al espíritu de revolución que circulaba el mundo a finales del siglo XIX y principios del XX (efecto del pensamiento marxista), dieron paso a la revolución sexual. La revolución sexual implica, entre otras cosas, que, dado que la sexualidad y los deseos que ésta incita en el ser humano son naturales, todos somos libres de vivir nuestra sexualidad según nuestros propios deseos siempre que estos no molesten a terceros. Así, como heredera del pensamiento moderno e ilustrado que es, la revolución sexual echa abajo toda comprensión de la sexualidad (ya sea religiosa o considerada moralmente caduca) y apela a la razón como fundamento del comportamiento sexual.

Sin embargo, la contradicción entre la naturaleza egoísta y la razón no ha sido resuelta, y sobre esa contradicción se levantó la revolución sexual. De este modo, se establece una paradoja en el mundo moderno: se tienen los derechos de la revolución sexual, pero no se tiene la educación para saber usarlos. Por una parte, se proclama que las mujeres tienen derecho a vivir su sexualidad y todo lo relacionado con ella de la manera que ellas decidan; por otra parte, desde la modernidad quedó pendiente la solución ante el problema de la incapacidad de la razón (al menos en el sentido de que no todos tienen la misma capacidad racional para entender cómo deben comportarse con respecto a sus apetencias corpóreas). Esta paradoja se expresa en el mundo contemporáneo en diversos modos, por ejemplo, cuando las mujeres visten faldas cortas, pero se enfrentan contra un público nunca educado en los deseos del cuerpo, encomendado únicamente a su propia razón y que muestra, la mayoría de las veces, que su razón le es insuficiente; todavía es más grave en otros casos, por ejemplo, cuando una mujer sale de noche a la calle (¿no tendría derecho a hacerlo?), pero se enfrenta con un mundo sin educación en la continencia, acostumbrado al cálculo de ventajas y beneficios con un precario sistema de seguridad ciudadana al fondo (“nadie me va a descubrir, y si me descubren, mi vida no corre peligro, no pasa de que me metan a la cárcel, donde no estaré peor que fuera de ella, ¿por qué he de contenerme?”).

Los griegos tenían educación en la continencia (la poesía, el teatro griego, la filosofía), el mundo medieval también la tuvo (en la autoridad de Dios y la fe); incluso el mundo oriental tiene religiones, pensamientos y doctrinas populares que hablan de la conveniencia del autocontrol, (el budismo, el islam, el taoísmo, el Hare-Krishna, etc.). Nosotros, los herederos del occidentalismo moderno, estamos educados precisamente en lo contrario. Crecemos con la tenaz convicción de que no hay problema en perseguir y satisfacer todos y cada uno de nuestros deseos corpóreos, siempre y cuando no afectemos a terceros, pero nunca se nos invita a reflexionar en cuánto daño podemos hacernos a nosotros mismos. Por todos lados se intenta persuadirnos de que vayamos tras nuestras apetencias; pero, paradójicamente, también por todos lados vemos los efectos de esto: nos inunda la publicidad del alcohol, el refresco y el sexo seguro, al mismo tiempo que se hacen públicos los problemas que causan la diabetes, los accidentes automovilísticos por estado de ebriedad y los embarazos no deseados.

 

Imagen: mural “Círculo del infierno” en Egipto.