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De cosmovisiones y cortes de papel

Andrea Mantecón

Recientemente asistí al Museo de Arte Moderno en Nueva York para observar una exposición temporal de las obras de papel cortado de Henri Matisse. Estas obras fueron realizadas por el pintor en el final de su vida en lo que algunos medios han llamado el brillante capítulo final del artista. Eran realmente maravillosas. Al observar de cerca, se veían irregularidades en el papel causadas por la longitud limitada de las tijeras. Con estas irregularidades se podía casi sentir la velocidad del corte, la posición de las manos que detenían el papel y la intención segura que marcaba el camino de las tijeras, dejando también un poco a ambos, el papel y la herramienta, complementar el proceso.

La exposición me hizo pensar en que Henri Matisse, quien desde mucho antes de esta fase, dominaba con maestría la técnica de la pintura, decidió al final de su vida expresarse en una técnica que podría asociarse con niños pequeños. Y entonces, me pregunté lo que nos hemos preguntado todos alguna vez: ¿qué hace a esto arte a diferencia de los cortes de papel de un niño?

Hay miles y más respuestas a esta pregunta, pero ese día en el museo pensé en una. Una más. Pensé en el arte como la capacidad de ganar años, educarse en técnica y observar a la sociedad y aún conservar una cosmovisión pura y distinta a la de los demás. Pienso que todos nacemos con una forma distinta de ver el mundo que con el paso de los años, nuestras interacciones sociales y la educación que recibimos, se homogeneizan en una cosmovisión mayoritariamente compartida, y a veces, tristemente censurada.

Los niños, quienes tienen aún su cosmovisión pura, no tienen los conocimientos técnicos o la capacidad para expresar observaciones superiores. Y son los genios como Matisse o Van Gogh que han podido conservar intacta su cosmovisión y a través de la técnica que lograron dominar, expresarla, muchos de ellos viviendo en una dualidad entre ese mundo alterno y la realidad de los demás.

En el caso específico de los cortes de papel de Matisse, y que creo que se extiende a varias otras obras como los dibujos de Jean-Michel Basquiat o las obras de Dalí, creo que lo que lograron fue conservar su visión de niños, con su conocimiento técnico y su experiencia observando a la vida, y expresarse con la libertad de quien no se ha convertido en lo que los demás. Parece fácil, tomar unas tijeras y cortar flores de colores, sin embargo, al hacerlo, resulta verdaderamente difícil expresarse en bellas composiciones sin perder la sencillez de un niño, y más difícil aún hacer sentir a quien los ve, como niños también, asombrados y a la vez familiares con lo que ven.

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La definición textual de arquitectura dice que es el arte y la técnica de proyectar, diseñar, construir y modificar el hábitat humano. Arte y técnica. En el lado de la técnica, es lógico todo lo que hay que tener perfectamente resuelto, sin embargo en el lado del arte, es la capacidad de crear un mundo alternativo lo que hace maravillosos espacios, un mundo que va directo del espacio al corazón sin pasar por la cabeza, como estas obras de Matisse, y como los atardeceres de color rosa.

 

Escondites de sábanas

Andrea Mantecón

A veces pienso que los niños entienden todo un poco mejor que uno, que son a los que deberíamos de escuchar cuando estamos buscando soluciones a los problemas más grandes, y a los que deberíamos de observar cuando queremos respuestas de la naturaleza humana. Cuando se es niño, no hay nada más emocionante que construir un fuerte a base de sábanas, almohadas, escobas y demás objetos; apilar un montón de cajas cerca de una esquina y tener un rinconcito en donde esconderse a jugar; o construir una casita en el árbol a la que solo tienen acceso unos cuantos. Estas construcciones protegidas de los adultos y demás invasores logran su cometido a través de ser espacios que, por la dificultad de su acceso o su tamaño reducido, filtran a quienes no deberían estar por ahí. Se caracterizan por su intimidad e inclusive la misticidad que se genera a través de estar resguardado. Van casi acompañados de susurros y risillas.

Al verlo así, resalta llanamente que estamos programados de forma tan simple, que nuestros deseos se remontan a nuestra supervivencia en tiempos prehistóricos. Las cavernas eran  lugares pequeños a donde no tenían acceso los depredadores más grandes o donde los hombres podían esconderse de la vista de sus presas antes de cazarlas. Es interesante observar que cuando no había peligro de ser atacados, los humanos ocupaban espacios que los protegieran del clima, más estuvieran abiertos y ventilados, y donde pudieran reunirse alrededor del fuego. Sin embargo, cuando se deseaba cazar o protegerse de un depredador se resguardaban en las cuevas más pequeñas o recónditas.

Pienso que en los adultos sigue existiendo la necesidad de ambos escenarios. Es clara la necesidad de espacios altos, iluminados y abiertos resguardados del clima. Es lógico el deseo de ventanales grandes que nos conecten con el contexto, el deseo de terrazas abiertas en donde reunirse con amigos y de espacios de doble altura que nos hacen sentir libres, sin embargo creo que también es lógica y menos atendida la necesidad de pasar tiempos, a lo mejor cortos, en espacios reducidos, que nos abracen y nos protejan aún cuando no haya peligro. Constantemente me encuentro buscando espacios pequeños y escondidos en donde tomar una llamada larga, o acomodo todas las almohadas en mi cama de forma que hacen casi un nido cuando quiero leer sin que nadie me distraiga, o cuando voy a un restaurante y hay una mesa dentro de un recoveco, la escojo si la ocasión es la adecuada.

La arquitectura siendo la escenografía de nuestras mentes tan complejas y tan simples a la vez, debería atender todas estas necesidades humanas e incluir espacios que satisfagan tanto las necesidades más prácticas como los deseos más básicos e instintivos aún cuando sean inconscientes. Si bien es cierto que la cocina, la terraza, la sala y los vestidores deben funcionar impecablemente, también es la tarea de un arquitecto encontrar en su clientes los pequeños deseos escondidos aún para ellos mismos, y proveer espacios que los abracen, los transformen, los reten, los calmen, los hagan imaginar, o inclusive, como en el caso de los recovecos, los hagan niños otra vez, escondidos un ratito de la vida, abrazados por las paredes, el piso y el techo.

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La naturaleza que llevamos dentro

Andrea Mantecón

El psicólogo alemán Erich Fromm en 1964 propuso el término Biofilia para describir la atracción que sentimos a todos los seres vivos. Algunos años más tarde, Edward O. Wilson en su libro Biofilia (1984) buscó explicar este deseo de estar conectados a la naturaleza ligándolo al proceso evolutivo humano. Wilson argumenta que la supervivencia de los humanos en algún momento dependió de encontrar un ambiente con acceso a agua, alimentos, refugio y protección. Indicadores de que un ambiente era apto podían ser cuerpos de agua, vegetación exuberante o la posibilidad de un refugio de depredadores o un escondite desde donde pudieran cazar presas. Aquellos individuos que pudieran reconocer estas características en un lugar eran más propensos a sobrevivir.

Como concepto, esta teoría ha sido generalmente aceptada, sin embargo sólo con la tecnología reciente se ha podido estudiar el tema más a profundidad. En los pasados 40 años, científicos y diseñadores han estado estudiando la conexión de la naturaleza con el cerebro y el cuerpo humano encontrando una conexión cableada.

Estudios como el de Roger Ulrich comenzaron uno a uno a determinar patrones claros. Ulrich analizó los datos de recuperación de pacientes en cuartos de hotel con y sin ventanas y comprobó que los pacientes en cuartos con vistas a la naturaleza se recuperaban más rápido, con menos comentarios negativos y menos necesidad de analgésicos fuertes. Por otro lado, en la Universidad de Washington, Peter H. Kahn encontró que vistas a la naturaleza reducían la presión más rápido que los de una pantalla con una imágen de la naturaleza, y que la pantalla la reducía más que ninguna vista.

Más y más hallazgos continúan demostrando el poder de la naturaleza en nosotros y considerando que en promedio los americanos pasan 90% de su tiempo en espacios interiores (1) y hay evidencia para pensar que la situación es similar en el resto del mundo (2), la importancia de mantener los espacios conectados con la naturaleza es imperativa.

Recientemente, Terrapin Bright Green, una firma de consultoría y planeación ambiental generó un documento donde se enlistan 14 patrones del Diseño Biofílico, basados en los experimentos de distintos investigadores y universidades. La lista incluye los beneficios que cada patrón genera, que van desde la reducción de la presión arterial, reducción de las hormonas del estrés, y mejoras en la concentración y el desempeño cognitivo, hasta el impacto positivo general en la actitud y felicidad. Los patrones, están divididos en tres clases:

La naturaleza en el espacio

Referente al contacto con la naturaleza viva.

  1. Conexión visual con la naturaleza
  2. Conexión con la naturaleza (no visual)
  3. Estímulos sensoriales
  4. Sensación térmica y flujo de aire variables
  5. Presencia de agua
  6. Luz dinámica y difusa
  7. Conexión con los sistemas naturales

Naturaleza análoga

Referente al diseño que semeja a la naturaleza formalmente y a través de la paleta de materiales.

  1. Formas y patrones biomórficos
  2. Conexión Material con la Naturaleza
  3. Complejidad y orden

Naturaleza del espacio

Referente al diseño que semeja a la naturaleza conceptualmente en los espacios, como una cueva, o una montaña, o inclusive un lugar seguro dentro de un ambiente con riesgo, como un puente.

  1. La perspectiva
  2. Refugio
  3. Misterio
  4. Riesgo y peligro

Esta compilación de los esfuerzos que se han realizado por años y por distintas personas e instituciones funciona como un marco de referencia para diseñadores y usuarios y busca que eventualmente el diseño de espacios sea responsable en mantener una conexión saludable entre las personas y la naturaleza contribuyendo en su máximo potencial a la salud y bienestar de las personas que los habitan.

Ya sea como diseñadores o como usuarios de un espacio, es importante entender la necesidad antropológica de estar en contacto con la naturaleza. No se olviden de las ventajas físicas de organizar sus escritorios de manera que puedan ver el cielo, escuchar los pájaros o sentir el aire. De sentarse a tomar un café en el patio, de abrir las ventanas y dejar al aire correr. De generar espacios con cuevas y recovecos, con detalles que semejen a la naturaleza, con curvas que los envuelvan y materiales que los aterricen.

Foto: Grace Farms, SANAA

Referencias:

  1. Kepleis NE, et al. (2001) The National Human Activity Pattern Survey (NHAPS): A resource for assesing exposure to environmental pollutants. J. Expo Anal Environ Epidemiol.
  2. Ott WR (1989) Human activity patterns: A review of the literature for estimating time spent indoors, outdoors, and in transit. Proceedinds of the Research Planning Conference on Human Activity Patterns, EPA National Exposure Research Laboratory.

Fuentes:

  1. Terrapin Bright Green. 14 Patterns of Biophilic Design, Improving Health and Well Being in the built Environment.
  2. Peter H. Kahn et al. The Human Relation With Nature and Technological Nature.
  3. Edward Clark, Christopher Flint Chatto. Biophilic Design, Strategies to generate wellness and productivity.
  4. Roger S. Ulrich. (1984) View through a window may influence recovery from surgery.

 

5 estudios de arquitectura mexicanos que estan cambiando al mundo

¡Hola, lectores de Voces Cruzadas!

Cada día estoy más convencida de que México es un país de valientes. Hoy quiero platicarles de 5 despachos mexicanos que están haciendo cosas realmente interesantes nacional e internacionalmente. Esta generación de arquitectos mexicanos creativos están destacando por su creatividad y sencillez con propuestas que van desde formas de afrontar la falta de vivienda económica hasta cómo enaltecer la cultura mexicana en las paredes de un edificio o los elementos de un pabellón.

  1. Ambrosi Etchegaray

Gabriela Etchegaray y Jorge Ambrosi creen que la arquitectura está en los detalles, y nos lo han demostrado a través de sus maravillosas obras. Su arquitectura es honesta y sus espacios libres, su uso de materiales sencillos en un diseño detallado les da un vuelco a su inicial asociación. En 2015, el estudio fue seleccionado por la Liga Arquitectónica de Nueva York como una de las 8 Voces Emergentes del año y Gabriela fue seleccionada como una de las mujeres influyentes de la arquitectura por Archdaily.

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2. Tatiana Bilbao

Profesora en Yale, Tatiana ha recibido múltiples reconocimientos como el de la Voces Emergentes de la Liga de Arquitectura de Nueva York, el de las Artes en Berlín y el Global de Arquitectura Sustentable. La arquitectura de Bilbao se mezcla con urbanismo, con regionalismo con política. Su uso de materiales naturales funde formas contemporáneas en el contexto. En la Bienal de Chicago en el 2015, la arquitecta propuso un modelo de vivienda modular de bajo costo para México. La casa se puede adaptar al número de habitantes necesarios y al tipo de clima a través de distintos materiales y configuraciones.

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3. Frida Escobedo

Egresada de Harvard, Frida enaltece la cultura mexicana a través de sus obras. La cultura mexicana verdadera, sencilla y honesta. En el año 2011 la arquitecta diseñó el Pabellón del museo Eco, que llenó con bloques de concreto ordenados de forma tal que crean un paisaje. Más tarde, la arquitecta renovó la fachada del antiguo taller de David Alfaro Siqueiros con un resultado maravilloso. La exaltación de su mural, traído a la actualidad a través de espacios ordenados y paredes impecables de bloques triangulares de concreto. Recientemente Escobedo fue seleccionada para diseñar una instalación en el patio del Museo Victoria & Albert en Londres donde creó un paisaje inspirado en patrones Aztecas pensado para la interacción con las personas

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4. MMX

MMX es un despacho formado por cuatro arquitectos que se han involucrado en la arquitectura en todas las escalas. Desde pabellones hasta la ciudad. En 2011 diseñaron el Pabellón del Museo Eco con una sencillez mágica. Una serie de cuerdas tradicionales tensadas desde un punto del patio hasta el otro con una cadena en el medio, creando un quiebre. El resultado fue un espacio sorprendente. Actualmente, además de cantidad de proyectos residenciales y comerciales están trabajando con Reurbano, un grupo de desarrolladores que ocupa edificios antiguos en colonias como Centro o Juárez y, para rehabilitarlos. El despacho tiene una manera divertida, sistemática y acertada de resolver los retos del diseño y convertirlos en espacios inspiradores.

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5. Taller de Arquitectura Contextual

TACO es un taller de arquitectura con sede en Yucatán. Sus fundadores, Carlos y Ana Patrón, nos inspiran con espacios que parecen estar vivos en su combinación de elementos etéreos y definidos. La combinación de materiales naturales con acabados artesanales con acentos de colores fuertes, su juego de luces y diseño interior crean espacios que expresan muy acertadamente la contemporaneidad mexicana. El despacho está en su despunte, pero proyectos como La Casa Gabriela, el Pabellón 3E y el Loft Vivero, están ya publicados entre los más grandes difusores de arquitectura como Archdaily. Estoy segura que estaremos viendo más de TACO.

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Espero hayan disfrutado esta lista y los invito como siempre a revisar un poco más de estos arquitectos, les dejo por aquí algunas ligas. ¡Hasta la próxima!

http://architizer.com/firms/taller-de-arquitectura-contextual/

http://www.designboom.com/architecture/frida-escobedo-interview/

http://www.dezeen.com/2015/05/28/frida-escobedo-aztec-installation-landscape-victoria-albert-courtyard-london/

http://www.mmx.com.mx/

http://www.tatianabilbao.com/

http://amet.mx/

Moda, tecnología y los “crossovers”

Andrea Mantecón

En inglés, la palabra crossover que, según google, se traduce al español como “cruzado” se utiliza para describir el punto de conjunción de dos disciplinas. En la actualidad, los crossovers están generando resultados realmente maravillosos.

Durante muchos años las disciplinas se exploraban casi aisladas unas de otras, era inclusive mal visto que un ingeniero “cambiara de carrera” y se dedicara ahora a la medicina, y los “crossovers” eran poco explorados o apoyados. Hoy en día las cosas han cambiado y caso tras caso, se demuestra que muchos de los avances más grandes vienen de aplicar los conocimientos de investigación de una disciplina para otra.

Algunos casos de esto son por ejemplo el cruce entre biología y arquitectura donde, por mencionar un ejemplo, en la Universidad de Stuttgart en Alemania están estudiando los tejidos de las telarañas y basados en ellos se han podido desarrollar estructuras súper ligeras fabricadas con fibra de carbono, que además están siendo construidas por brazos robóticos. Otro, ejemplo es la neurociencia y medicina, donde por poner otro ejemplo Paul Bach-y-Rita, pudo conectar máquinas a la lengua de pacientes que habían perdido algún sentido como la vista o el balance, y a través de impulsos eléctricos generados por la máquina, regresar a los pacientes la habilidad de balancearse o inclusive, ver. Existen realmente muchos casos maravillosos de cruce de disciplinas: diseño industrial y medicina han dado lugar a mejores prótesis o sillas de ruedas más eficientes; cocina y química nos dieron a Ferrá Adriá y la divertida cocina molecular; programación y arquitectura nos dan como resultado la arquitectura paramétrica y nos ayudan a entender la magia de los diseños de Zaha Hadid; pero hoy quiero hablar de el cruce entre moda y tecnología, y de una de sus principales propulsoras: Iris Van Herpen.

Iris Van Herpen nació en Holanda en 1984, estudió moda en el Instituto de Moda de Arnhem, más tarde realizó un período de prácticas con Alexander McQueen. Van Herpen se dio cuenta de la magia de los crossovers y definió su postura con el argumento de la reciprocidad entre el trabajo manual y las tecnologías digitales. Comenzó entonces una serie de colaboraciones con arquitectos en el área del parametricismo.

Van Harpen fue más allá en todos sentidos. Lo suyo no fue el cruce de dos disciplinas, sino de un cruce de cruces y a través del tiempo. La diseñadora ha rescatado técnicas artesanales olvidadas con los últimos materiales, tecnologías y programas. Algunos de sus diseños son impresos en 3D en distintas resinas, otros utilizan corte láser y otros, plásticos termoformados, pero lo que la diferencia de algunos otros pioneros de este cruce es su entendimiento del cuerpo humano como generador de todos sus diseños.

Recientemente se estrenó en el Museo MET de Nueva York la exhibición consecutiva a la gala anual. La exposición lleva por título MANUSXMACHINA, Moda en el tiempo de la tecnología y gran parte de los diseños expuestos son de Van Harpen. Al caminar por los pasillos, algo diferenciaba la colección de Iris de los demás, sus diseños parecían haber nacido con el cuerpo humano, el dinamismo de las formas parecía ser originado de las fuerzas de los músculos, era casi como si fueran prototipos de nuevos sistemas para el cuerpo, como otro sistema nervioso u óseo, completamente pertenecientes al humano.

Iris Van Herpen, como muchos otros, es una pionera de los crossovers y una mente brillante que ha entendido dónde buscar inspiración y cómo reinventar la historia mientras continúa empujando la barrera de lo posible, una verdadera creadora. Los invito a ver este video donde pueden ver un poco de su colección y talento: 

http://www.irisvanherpen.com/video

El mundo en el que somos libres

Andrea Mantecon

Xavier Corberó, es un artista español considerado por muchos el escultor vivo más importante del país. Descendiente de artistas catalanes vivió su juventud en Nueva York, íntimo amigo de Salvador Dalí y mezclando en sus obras materialidad y poesía.

Corberó, quien ahora tiene 81 años, lleva 40 años construyendo un mundo surreal en Esplugues de Llobregat. Este lugar, que es su residencia de descanso, taller y residencia para artistas, comenzó cuando Corberó encontró nueve estructuras industriales en ruinas y decidió establecerse ahí y comenzar a modificarlas. Buscando hacer un refugio del agitado mundo, poco a poco el artista fue añadiendo arcos aquí, arcos allá, escaleras que llevaban a ningún lado y columnas que no sostenían nada, jardines comprimidos en pequeños espacios y cuerpos de agua que reflejaban el conjunto. La composición, empezó a formar, casi como por casualidad un paisaje surreal, un lugar mágico donde la realidad se funde con la imaginación, donde el mundo deja de estar definido en sí mismo y se define sólo desde la percepción de quien habita el espacio.

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Corberó dice que la casa está siempre en proceso, y que como una agenda, refleja todo lo que él es a través del tiempo y crece con cada decisión, con cada adición. Cuando las personas le preguntan que cuál es la razón o propósito de esa construcción, él dice que es crear poesía. Qué nada de esto ha salido de la razón sino del objetivo de crear poemas que, para él, son la medida de todas las cosas.

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El arquitecto en este espacio no crea un espacio físico sino un espacio mental, no es un espacio definido por su función sino con utilidad en sí mismo, es decir, no es la función de cuatro paredes albergar un estudio, sino de elementos escultóricos generar un sentimiento, una consciencia de uno mismo, una sorpresa o un descubrimiento. Así pues en este laberinto surreal, entre caleidoscopios de luz, túneles y reflejos, uno puede cada momento descubrir una sorpresa, un nuevo rincón detrás de una puerta o dentro de uno mismo.

“En la escala adecuada la música suena hermosa… en la escala correcta el espacio deja de ser espacio y se convierte en mente” dice Xavier Corberó, y para mi resulta  curioso cómo la información que recibimos se entreteje en nuestras mentes.

Encontré a Xavier Corberó mientras leía el libro de Haruki Murakami “El fin del mundo y el despiadado país de las maravillas” y una fuerte conexión surgió al instante. Les dejo este collage de una parte del libro como una reflexión de que el mundo en el que somos libres, en el que somos nosotros mismos, lo tenemos que crear cada uno.

-¿Entonces me estoy yendo del mundo como originalmente lo conocía?

-Si, pero no estoy hablando de un mundo paralelo de ciencia ficción, es todo un asunto de cognición. El mundo como es percibido.. y eso es lo que está cambiando en tu cerebro.. aún así no es nada que debas temer, no es muerte, es vida eterna, y puedes ser tu mismo. Comparado con eso, este mundo no es más que una fantasía momentánea.

Los invito a ver este video, para ver este espacio desde los ojos del artista: (click en el sig. link)

Xavier Corberó

Una danza simbiótica

Por Andrea Mantecon

Hoy fue uno de los primeros días soleados del año en Nueva York. Desperté en mi pequeño cuarto en Brooklyn y decidí ir a caminar. Tomé el libro que estoy leyendo, las llaves de mi departamento y salí ávidamente. A unas pocas cuadras encontré el escenario perfecto para sentarme. Un acogedor espacio con forma de rebanada de pastel al pie del Museo de Brooklyn. La plaza, ocupada mayoritariamente por una gradería de madera, está definida al este por una pared baja de lajas de piedra blanca que detiene las frondosas ramas de una fila de cerezos. Al norte, una fuente de chorros bailarines que combina el sonido del agua con las risas de los niños, deja ver detrás la nueva torre del World Trade Center y un poco más del skyline de Manhattan. Al sur, es decir, a espaldas de las gradas, se encuentra el Museo de Brooklyn y al oeste, se puede ver la avenida Eastern Parkway en donde en un día soleado como hoy hay carritos de nieve y otras comidas callejeras.

Abrí mi libro y luego lo cerré. Decidí entonces observar a las personas interactuar con el espacio. Las personas sentadas en las gradas, los niños corriendo en la fuente, los padres tomando fotos de los niños. Los padres e hijos comprando nieve, las personas haciendo ejercicio y los amigos que acababan de encontrarse en este punto. Había quienes hablaban por el celular, quienes tenían sus computadoras en sus piernas. Quienes platicaban con su pareja y quienes simplemente miraban su alrededor. Unos subían y otros bajaban. Quienes llegaban observaban cada rincón y después de evaluar las opciones tomaban la decisión de dónde sentarse y cómo ocupar el espacio. Era como un baile coreografiado. Una danza perfecta entre la arquitectura y las personas.

Observé cómo el espacio público se volvía en todos nosotros una extensión de nuestras casas. Una extensión de nosotros mismos. Como le daba espacio a nuestras almas de florecer más allá de nuestros pequeños departamentos. Cómo nos dejaba compartir, aún en silencio, a todos los que estábamos en la plaza, un poquito de nosotros mismos. Pensé en el arquitecto detrás de este diseño. Pensé en su intención de hacer que la fuente fuera un marco interactivo para la ciudad, en cómo seguramente pretendió que la pared al este nos hiciera sentir protegidos, íntimos con nosotros mismos, en cómo abrió un poco la plaza a la calle como una entrada incluyente y dejó el museo atrás de nosotros haciéndonos sentir al pie de algo importante.

Recordé entonces “La vida social de los pequeños espacios urbanos”, un documental que forma parte de una serie de estudios realizados alrededor de los años sesenta donde se estudió a los espacios urbanos de Nueva York tratando de encontrar que diferenciaba a las plazas concurridas de las menos populares. Algunas conclusiones a las que llegaron fue que el espacio debe ser el tamaño justo, más grande que lo necesario y las personas no se sienten en confianza, más pequeño y no sienten privacidad. La combinación de un poco de calle, con un cuerpo de agua, un poco de sombra y espacio para sentarse parecen ser la combinación perfecta. La libertad es un factor importante también. Entre más opciones para sentarse -sillas movibles, bancas, lechos, gradas, etc.- más se apropia la gente del espacio. Un dato curioso es que si las sillas son movibles, la gran mayoría de las personas las toman de donde están y las mueven aunque sea un poco, haciendo el lugar suyo a través de su decisión. El autor, William H Whyte también afirma que lo que más atrae a las personas a un espacio, son otras personas. Entre estas y otras conclusiones Whyte dice: “la calle es el río de vida de la ciudad, la gente viene a las plazas no a escapar sino a ser parte de ellas”.

Somos tan simples y tan complejos. La cantidad de procesos que nuestro cerebro realiza para sentir el aire, escuchar a los pájaros y percibir el color rosa de los cerezos son maravillosos y sin embargo somos tan simples, seducidos a una felicidad irresistible en un espacio como este. Un espacio que nos define tanto como nosotros a él, convirtiéndonos la ciudad y las personas en una simbiosis perfecta.

Para mi, la arquitectura es el escenario en el que sucedemos. Entonces así, como a veces pienso en la música como la banda sonora de la obra de teatro de mi vida, pienso en los espacios como la escenografía, y a veces primero volteo a ver estas escenografías compartidas, y es entonces que comienza a ocurrir la obra.