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PANAMA PAPERS; ¿CONCENTRACIÓN DE RIQUEZA?

Eduardo Ernesto Hernández Castañeda

Más de un centenar de políticos en más de 50 ciudades; jefes de estado, sus socios más cercanos, ministros y altos cargos de gobiernos y empresas; conectados a empresas “offshore” en 21 paraísos fiscales.

¿Algo nuevo? Del hecho no; incluso pudiera decirse que es uno de los más grandes secretos a voces. Lo relevante es que en los “Panama Papers” “más de 300 periodistas integrados, han rastreado millones de archivos filtrados… para denunciar una alarmante lista de clientes involucrados en sobornos, tráfico de armamento, evasión de impuestos, fraude financiero y narcotráfico”.

Por primera vez en la historia, sacan a la luz pública posible evidencia de la forma en que se esconden miles de millones de dólares, para evitar el gravamen por parte del fisco, amén de nación en que se originen, convirtiéndose quizás en la investigación periodística más importante desde el escándalo de la pederastia en Boston, inmortalizado ya en la película ganadora del Óscar “Spotligth”.

En un mundo en donde la concentración de la riqueza avanza y el 1% más rico es cada vez más rico, ¿tiene esto alguna relevancia?

Resulta que la utilización de paraísos fiscales representa para las empresas, el beneficio de pagar cantidades significativamente menores por concepto de impuestos a costa de la evasión (de facto) de impuestos en los países en que originalmente debieran tributar. Se realiza  a través de empresas offshore, aquellas registradas en un país en el que no realizan ninguna actividad económica, pero en donde por asentar su domicilio fiscal, gozan de las ventajas que estos paraísos fiscales ofrecen.

Esto impacta en una disminución de la recaudación impositiva en las naciones en donde estas empresas realmente producen y de donde obtienen parcial o totalmente sus recursos de producción. En consecuencia, una baja recaudación invariablemente terminará afectando al Estado en su papel de satisfactor de necesidades sociales, debido a que el gasto público  para cubrir necesidades de salud, educación, vivienda y seguridad, entre otras, se verá reducido en la proporción en que estas empresas eludan el pago de impuestos que les corresponden.

Adicionalmente, la no atención adecuada de este tipo de necesidades, tendrá un efecto económico en cadena que puede extenderse por generaciones. Como ejemplo podemos hablar de un hipotético caso de una epidemia no atendida y cuyos costos de atención y control pueden llegar a crecer sin medida. El impacto financiero y consecuentemente social, no es menor.

Aun así, al amparo de leyes para el secreto bancario y la nula cooperación de los paraísos fiscales para intercambiar con otras naciones, la información referente a los impuestos, su uso se convierte en una estrategia sumamente redituable para la acumulación de la riqueza y por consecuencia para el empobrecimiento de los ya pobres y el incremento de la carga fiscal sobre la clase media y los contribuyentes cautivos. No muy lejos, para el empobrecimiento de las naciones.

En tiempos de crisis económica y en un país (me refiero a México) en el que se tratan de encontrar formas para disminuir el déficit financiero-fiscal provocado por la baja de precio de los hidrocarburos, el gobierno debería de encender los focos rojos e impulsar acciones para sancionar ejemplarmente a aquellos empresarios que a través del uso de paraísos fiscales logran evadir impuestos. Pero en respuesta encontramos silencio y posiciones débiles por parte de la Secretaría de Hacienda y el Gobierno Federal.

Ante ello, surgen diversas preguntas:

  • ¿Cuál es el impacto financiero de la evasión fiscal bajo esta modalidad en nuestro país? ¿se ha estimado?
  • A la sazón de la preocupante crisis de seguridad nacional y pública, ¿Cómo y en qué medida se vinculan estas “estrategias fiscales” con el lavado de dinero así como con la inserción de recursos en actividades ilegales como el narcotráfico, la trata de blancas, e incluso el financiamiento de levantamientos armados?
  • ¿Será esta, una de las formas en que logran “blanquearse” los millones de pesos o dólares que las empresas pagan a funcionarios públicos y políticos en actividades de corrupción, tales como la asignación de obras y adquisiciones de gobierno y la contraprestación de “diezmos”?
  • ¿Qué impacto político y público tiene el hecho de que uno de los constructores “consentidos” del gobierno federal y uno de los más grandes empresarios del país estén involucrados en este tipo de actividades?
  • ¿Qué posición final tomará el SAT ante esta situación? ¿Lo dejará pasar por alto, a costa del descredito que tendría con el grueso de contribuyentes?
  • ¿Recordarán el caso de Silvestar en Panamá, como offshore a través de la que Salinas Pliego y Raúl Salinas de Gortari financiaron la compra de TV Azteca en 1993?
  • ¿Qué medidas ha tomado la Secretaría de Hacienda para garantizar que este tipo de estrategias no sean usadas por las empresas mineras y principalmente las petroleras, que con el gran proyecto del sexenio (la reforma energética) deberían pagar impuestos significativos por concepto de “adquisiciones de reservas” y con posterioridad accederán gradualmente a ingresos enormemente significativos?
  • Y la más importante, ¿En qué papel queda la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda, implacable con algunos contribuyentes pero enormemente omisa con los realmente poderosos?

Y es que en México, puedes disfrazar o esconder los altos ingresos de los deportistas (y toda la red de promotores a su alrededor); puedes esconder ingresos derivados de la malversación de fondos por partes de servidores públicos y otras acciones ilegales o corruptas; puedes esconder los altos ingresos de una compañía extractora; pero tal parece que lo que no puedes hacer, es afectar los intereses de la elite no solo nacional, sino internacional, ni afectar su dinámica económica meramente extractiva y lacerante para la nación.

La historia recién comienza; el telón recién se abre; los intereses en juego son muchos; el poder en juego, es quizás el más grande de la historia. Ojalá no quede en el olvido porque “Hasta que no se obligue a este tenebroso mundo a rendir cuentas, la delincuencia internacional continuará con sus negocios, evitará pagar impuestos y las bombas seguirán cayendo”; y sí, los ricos más ricos y los pobres más pobres.

Para olvidar el trago amargo, disfrutemos Libertango (#RecomendacionMusical), en una interpretación del que es quizás el guitarrista más influyente del Jazz-Fusión: Al Di Meola. (https://www.youtube.com/watch?v=CHJS3IJUR5E).

LA DESIGUALDAD Y LAS FORTUNAS HEREDADAS; LO PÚBLICO SE VUELVE PRIVADO

El trabajo del economista “en voga” Thomas Piketty (su libro “El Capital en el Siglo XXI”) nos proporciona cifras y datos reveladores de la acumulación de riqueza en el siglo XX. Su tesis central afirma que existe una fuerza que hace que el capital acumulado crezca a una velocidad mayor que la renta y los salarios, logrando con ello un efecto doble: 1) las rentas del capital devoran progresivamente las rentas del trabajo, y 2) la riqueza se concentra gradualmente en menos manos, a medida que se transmite de generación en generación, es decir, se hereda. ¿El resultado?: mayor y creciente desigualdad. Citando a Piketty: “El empresario inevitablemente tiende a convertirse en un rentista, cada vez más dominante sobre aquellos que no poseen nada, excepto su trabajo”.

No son ideas nuevas, pero reafirman de buena manera y con disposición de datos (de los que en pasado se carecía), lo que desde 1867 en “El Capital” describió y vaticinó, Karl Marx. ¿Será por eso que el libro causa tanto escozor en los partidarios principalmente del neoliberalismo?

No es en vano que “El Capital en el Siglo XXI” de Piketty se constituya ahora como un elemento teórico tendiente a restituir la ideología de la política económica de izquierda y por qué no, del socialismo. Es sencillo, “cuando la tasa de retorno del capital es superior a la tasa de crecimiento de la economía, la lógica dicta que la riqueza heredada crece más que el PIB y el ingreso de las personas”, y por tanto, generación tras generación, los ricos tienen la posibilidad de ser más ricos (siempre y cuando mantengan sus inversiones en el umbral de rentabilidad superior al crecimiento de la economía), mientras que aquellos que solo poseen como “capital” su fuerza de trabajo, pueden verse condenados al estancamiento, la precariedad y en algunos casos, a una analogía encarnada de cuasi-esclavismo.

Pero para tratar de entenderlo, ¿cómo es que el capitalismo puede llevar a tal situación de concentración de riquezas y la consecuente y creciente desigualdad?

Son diversas las formas, pero me concentraré en solo dos de ellas, que concatenadas parecen alimentar el “destino manifiesto” del “Club de los Elegidos” y el símil (en versión desafortunada) de “Los Perdedores de Siempre” (parafraseando el título de una de mis columnas anteriores en #VocesCruzadas).

La primera es la lógica natural ya mencionada arriba y argumentada por Piketty; es decir, la dinámica a través de la cual el rendimiento de capital excede a la tasa de crecimiento de la economía y que por tanto, implica el crecimiento del capital en mayor proporción al nivel de vida del trabajador común, propiciando por consecuencia la posibilidad de reinversión por parte de los capitalistas, en tanto el trabajador común en muchos casos, sobrevive sin poder destinar una proporción de sus ingresos al ahorro o la inversión. ¿El resultado?: Concentración.

La segunda forma tiene implícito un mal que aqueja a la política en general pero en particular a la que impera en el Estado Mexicano: La Corrupción; y no solo eso, sino que conlleva a un escenario aún más preocupante: La privatización de la riqueza pública.

Esta transformación de la riqueza pública en privada se da a través de la extracción de rentas mediante diversos mecanismos y apropiación de espacios de decisión que debieran guardar un carácter de públicos, pero que se encuentran cada vez en mayor proporción, al servicio de los privados:

  1. La apropiación de recursos naturales, materias primas básicas u otros productos en esencia son propiedad de la nación, sin que exista una contraprestación adecuada y provechosa para el Estado siempre escudados en el argumento de fomentar la inversión privada. ¿Ejemplos? Las grandes compañías de telecomunicaciones y la reciente reforma energética con resultados aún por conocer.
  2. El diseño institucional (marco jurídico, programático e institucional) del Estado en favor de los intereses privados, o más aún, su configuración diseñada y aplicada por aperadores al servicio (voluntario o coercitivo) de los intereses de los grandes capitalistas. ¿Ejemplos? El “Lobbing” ilegal en los espacios de representación popular y en las dependencias gubernamentales, así como el “Lobbing” legal pero ilegítimo, como las telebancadas.
  3. El denominado por Denisse Dresser “Capitalismo de Cuates”, que transfiere los activos “productivos” del Estado a la propiedad privada, pero a precios irrisorios e incluso financiadas descaradamente con público. ¿Ejemplos? Las privatizaciones de TELMEX e IMEVISIÓN (ahora TV Azteca).
  4. Los amañados “concursos públicos”, que transfieren el recurso público a manos privadas, mediante la asignación de licitaciones, invitaciones restringidas y adjudicaciones directas, para adquirir bienes destinados al servicio público, pero con costos exorbitantes (pocas veces o jamás auditados) para disfrazar el pago de “diezmos”, que en muchos casos llegan hasta el 30%. ¿Ejemplos? Podemos consultar la reciente investigación de PROCESO al Servicio de Salud en el Gobierno de César Duarte en Chihuahua (http://www.proceso.com.mx/?p=391652).
  5. La asignación de espacios burocráticos (aún con la existencia de un Servicio Profesional de Carrera) por motivos de compromisos político-económicos, desplazando a servidores públicos con experiencia y carrera, y propiciando la reducción de espacios disponibles para el trabajador común que carece de relaciones de influencia para acceder a los puesto públicos. ¿Ejemplos? En todos los gobiernos, sin distinción de partidos e ideologías.

Son estos, solo una muestra de los diversos mecanismos que fomentan la concentración de la riqueza “transgeneracional” sin contrapesos adecuados que combatan la desigualdad, y que por el contrario enriquecen a generaciones futuras que desafortunadamente agregan un ingrediente adicional a sus múltiples “cualidades”: la visceralidad en su actuar, que nos permite ver a los “ricos por herencia” cada vez más prepotentes e insensibles con el infortunio de los demás, con las posibles y desafortunadas consecuencias que su ascenso a espacios de poder, pudieran tener.

Me despido esperando sembrar la duda en el amable lector, que le permita posteriormente abrir los ojos de la conciencia a un problema enorme que aqueja a la sociedad mexicana: La transformación del espacio público en propiedad privada, tema que abordaré en posteriores trabajos.

No omito dejar a ustedes una estupenda recomendación musical, para deleitar el oído con el sensible tacto de uno de los mejores pianistas del Jazz; Art Tatum. Aquí el primer volumen completo de sus “Solo Masterpieces” (https://www.youtube.com/watch?v=1SnJSHfMAxQ).