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El Laicismo y el Estado Laico (Segunda Parte)

Reseña Histórica del Estado Laico en México

En esta segunda parte de “El Laicismo y el Estado Laico”, vale la pena abordar el proceso histórico que diera lugar a la instauración del Estado Laico en México, para a partir de ello tener elementos para discernir entre su vigencia y pertinencia.

No es coincidencia reconocer a Benito Juárez como el máximo representante del Estado Laico en México; su espíritu apegado a principios masónicos, lo llevo a gestar y concretar grandes logros en esa conquista.

Desde la época de la colonia, México vivió los estragos del anti-laicismo, que tuvieran su origen en la imposición de una religión y creencia (católica) por voluntad absoluta de sus conquistadores, a base de sangre y guerra, quizás en el previo entendido antipedagógico de que “la letra con sangre entra”, y que a la postre significaría la abolición de culturas milenarias que a pesar de no estar fuera de la “civilización” tenían un amplio contenido de ciencia y desarrollo intelectual.

La lucha de la independencia, contrario a lo que podría pensarse, no representó una mejoría al respecto, pues en esencia quienes la gestaron no concebían aún la separación iglesia-estado, sino que centraban su lucha únicamente en la libertad del pueblo para gobernarse, pero aún basada en esos principios católicos; de ahí que los Sentimientos de la Nación, primer documento constitutivo que manifestara esa libertad de gobierno, considerara “Que la religión católica sea la única, sin tolerancia de otra”, “Que todos sus ministros se sustenten de todos y solo los diezmos y las primicias, y el pueblo no tenga que pagar más subvenciones que las de su devoción y ofrenda”, y “Que el dogma sea sostenido por la jerarquía de la iglesia, que son el Papa, los Obispos y los Curas, porque se debe de arrancar toda planta que Dios no plantó: omnis plantatis quam nom plantabit Pater meus Celestis Credicabitur.”

Es entonces, a partir de la consolidación de la independencia, que el país vive quizás algunos de los momentos más difíciles en la definición de la política y el desempeño económico, dada la subutilización de los bienes que debiendo ser públicos se encontraban en poder y posesión del clero y que aún con el adoctrinamiento dogmático, generó paulatinamente un descontento social, que daría lugar a la lucha por vencer el yugo católico que a costa del bienestar social generaba y mantenía prebendas y beneficios incluso inmorales.

Muchos de estos movimientos liberales se dieron incluso al interior de la iglesia, comandados por clérigos yorkinos y algunos pertenecientes a la masonería, quienes a pesar de su pertenencia a la jerarquía católica, dados los excesos y el deterioro de la situación económica y social de la incipiente nación, luchaban por un papel moderado de la iglesia y mayor relevancia del Estado-Gobierno Civil. Esta lucha se mantuvo activa y se intensificó paulatinamente, gracias a la intervención de grandes reformistas como Valentín Gómez Farías (el gran ideólogo del Estado Laico en México), Melchor Ocampo y Benito Juárez (quienes materializaron la obra intelectual de Gómez Farías), además de, Sebastián Lerdo de Tejada, José María Iglesias, Ignacio Comonfort, entre otros, cuyos principales ideales de acuerdo con Justo Sierra (s/f) eran la “Supresión de las clases privilegiadas por la ley, la desamortización de la propiedad territorial y la educación laica del pueblo mexicano”.

Enfrascados en la Guerra de Reforma que, motivada de manera subversiva por el clero católico, costara miles de vidas civiles, la lucha por construir un estado moderno continuó, y su legado más importante se materializó en las Leyes de Reforma, que en síntesis perseguían 5 principios fundamentales:

  1. La separación Iglesia-Estado
  2. La libertad de creencias
  3. La Laicidad del Estado
  4. La igualdad entre las asociaciones religiosas
  5. La autonomía de las asociaciones religiosas.

Este movimiento reformatorio puede concebirse en 4 etapas:

  1. Las reformas de Valentín Gómez Farías en 1833, primeras de enfoque laico.
  2. Las Leyes Lerdo-Juárez-Iglesias
  • Ley Juárez (1855). Suprimía privilegios del clero y el ejército, y establecía la igualdad entre ciudadanos.
  • Ley Lerdo (1856). Obligaba a las corporaciones civiles y eclesiásticas a vender a sus arrendatarios, los bienes arrendados.
  • Ley Iglesias (1857). Regulaba el cobro de derechos parroquiales.
  1. La constitución de 1857, que establecía ya la libertad de enseñanza, imprenta, industria, comercio, trabajo y asociación.
  2. Las Leyes de Reforma de corte liberal radical.
  • Nacionalización de los bienes eclesiásticos (1859)
  • Matrimonio Civil (1859)
  • Registro Civil (1859)
  • Exclaustración de monjas y frailes (1859)
  • Libertad de cultos (1859)

Los Reformadores, cuya principal figura histórica es Juárez, transformarían con ello al estado mexicano, convirtiéndolo en su momento en un estado moderno y a la vanguardia. Como lo expresa Juan Ramón de la Fuente (2009), Juárez conformó un Estado civil moderno, inspirado en un liberalismo auténticamente mexicano: laico, racional, dinámico y progresista. De ahí que su convocatoria siga vigente. Su único dogma fue la Constitución y la legalidad que de ella emana.

Sin embargo esta gran lucha no pudo consolidar y hacer permanente la aplicación del Estado Laico, por lo que posterior a “La Reforma” se dio una lucha constante entre el movimiento creciente “libertador” y el siempre subversivo movimiento del clero católico, que principalmente gracias al Arzobispo Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos lograra con la “Abjuración de Porfirio Díaz a la Constitución de 1857”, la restitución de privilegios que vulnerarían nuevamente el avance laicista del Estado Mexicano.

Es hasta  el movimiento revolucionario de 1910 y la promulgación de la  Constitución de 1917, que a base de lucha física e intelectual, y a costa del derramamiento de más sangre del pueblo, se consolidó otro gran avance en materia de laicismo, pues con la Constitución se lograría:

  • Eliminar la posibilidad de que los clérigos participaran en el congreso constituyente.
  • Proclamar la desaparición jurídica de las iglesias (prácticamente todas católicas).
  • Proclamar la incapacidad de las iglesias para tener propiedades.
  • Declarar la imposibilidad de existencia de escuelas católicas.
  • Declarar la imposibilidad de existencia de partidos políticos confesionales.

A diferencia de la constitución de 1857, la de 1917 cuyo fundamento ideológico fuera comandado en el Congreso Constituyente por el Gral. Francisco Múgica y no por Venustiano Carranza como se creería, consolidó la educación laica, al expresarla literalmente en lugar de la libertad de enseñanza, garantizando el espíritu de disciplina y autonomía de valores. Constituyó así, un importante avance en la gestión para que la iglesia reconociera la supremacía del Estado en el ejercicio civil.

Desde esa última época y hasta 1992, la convivencia entre estado y religión mantuvo un estatus que garantizaba el laicismo y la consecuente sana convivencia, a pesar de las asperezas que ello implico para con el sector católico, algunas extremas como las vividas dentro del “Maximato”. Sin embargo, fue hasta 1992 que con Carlos Salinas y por la impetuosa intervención de Juan Pablo II, se otorga la concesión gubernamental para el registro de asociaciones religiosas, constituyendo con ello en los hechos, un retroceso al logro de su desaparición jurídica en 1917.

Posteriormente con la llegada del PAN a la Presidencia de la República y sus sabidos vínculos con la iglesia católica, incluso a través de organizaciones extremistas como “el yunque”, hemos vivido une época de retrocesos graduales en el laicismo, pues lejos de garantizar el respeto y la tolerancia para con los diversos credos, fue vista por el clero católico como la “restitución de los derechos otorgados por naturaleza divina” y perdidos en las sangrientas y férreas luchas con los liberales progresistas.

Así, a partir de Vicente Fox, hemos visto el crecimiento de la intervención católica en la definición de cuestiones civiles, desde discursos políticos hasta el impulso de reformas jurídicas que les conceden significativos privilegios, permitiendo además sin regulación en los hechos, su activismo político cada vez más evidente y desmesurado.

Y para mitigar la desazón que a personas como yo nos provoca la paulatina abolición del Laicismo, endulcemos nuestros sentidos escuchando al recientemente fallecido Paco de Lucia interpretando la gran pieza “Mediterranean Sundance” junto con su autor Al Di Meola y  John McLaughlin, en una gran expresión de corte flamenco y tintes de jazz (http://www.youtube.com/watch?v=9cadbYIzhqQ).

Nos leemos en la tercera parte.