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Pregunta a un Diputado

JESÚS REYES

El día de ayer un amigo mío me hizo una pregunta extremadamente interesante. Me dijo que si hipotéticamente tuviera la oportunidad de hacerles una pregunta a los diputados, ¿Cuál sería? Mi amigo no especificó si esta pregunta sería dirigida hacía los diputados locales o los federales, si era en particular para algún diputado, representación estatal o grupo parlamentario; dejo las opciones abiertas.

Aprovechando esta apertura en la mera naturaleza de la situación hipotética que me había planteado, me tomé unos minutos para pensarlo y luego le contesté concretamente que mi pregunta sería la siguiente: ¿Ustedes señores diputad@s, se sienten verdaderamente representantes del pueblo, gente que realmente trabaja para que las opiniones y deseos de sus constituyentes se vean reflejadas en las leyes de este país? ¿O se consideran simplemente trabajadores a sueldo de los grandes intereses en México?

Sé perfectamente que si esta situación fuera a darse, la respuesta de prácticamente todos los representantes populares sería cínica y rápida; dirían que por supuesto que son representantes del pueblo, que a él se deben y que trabajaran hoy y siempre por su bienestar. Seguramente dirían que cada voto que toman y cada decisión que asumen es precisamente pensando en el objetivo de que la gente que los eligió viva mejor y, tanto su distrito como todo el país, se desarrollen al máximo de su potencial.

Sabiendo que estas serían las respuestas, mi pregunta requiere de todo un contexto que sería conveniente exponerles a los diputados, y uso este espacio para presentarlo como ejercicio democrático, si bien no para que los diputados lo lean, si para que nuestros lectores lo analicen y discutan como crean conveniente.

Esta pregunta es necesaria hacerla y que tanto los servidores públicos (diputados locales y federales, gobernadores, senadores, presidentes municipales y el mismo presidente de la república) como todos nosotros en nuestro lugar de ciudadanos activos y responsables la analicemos y contestemos. ¿Actúan todos estos “servidores públicos” verdaderamente como tal? Y es que en el caso de los diputados para mí es clarísimo que no lo hacen. No sé si sea un análisis incorrecto el mío, pero en realidad no veo por ningún lado que legisladores promuevan los verdaderos intereses de la ciudadanía, en muchos de los casos aprueban leyes y reformas que van justamente en contra de lo que la gente de México quiere.

A pesar de la millonaria campaña publicitaria del presidente Enrique Peña Nieto a favor de la reforma energética, por todos es sabido que en las encuestas esta no es favorecida por la mayoría de los mexicanos. Sin embargo, los legisladores locales y federales la aprobaron fast-track cuando muchos de ellos ni siquiera la habían leído en un infame 12 de Diciembre, ante un amplio repudio social.

Ahora que un gran sector de la sociedad quiere impulsar una consulta ciudadana para verdaderamente precisar si esta reforma, en un tema tan controversial, es lo que la gente de México quiere, los legisladores hicieron lo imposible para bloquear y burocratizar un proceso democrático regulado por la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. ¿A que le temen nuestros legisladores? ¿A que la gente rechace una reforma que a ellos les ha valido y les valdrá millones en contribuciones de campaña y otros “regalitos” y “dádivas”? ¿Qué no se supone que todos creemos en una democracia en donde la gente (representada por la mayoría) decida el rumbo de nuestro país? La consulta es la más perfecta representación de esa democracia que todos deseamos y sin embargo los diputados se negaron a hacerla un instrumento accesible para los ciudadanos. Entonces, ¿en qué quedamos? ¿Representantes del pueblo o trabajadores de ciertos intereses?

Otro ejemplo que me causa tremenda inquietud es el caso de la recientemente aprobada Ley Educativa Estatal, un colofón de la Reforma Educativa promovida por el presidente de la República. Acerca de todo este asunto, mis opiniones son encontradas. Los beneficios y/o maleficios de esta reforma educativa (que en realidad es laboral) son varios; de que tiene cosas buenas, las tiene; de que también las tiene malas, definitivamente. Sin embargo, ese será un análisis para otro día. Lo que me ocupa hoy es la manera en que este paquete de leyes fue aprobada.

Tal vez el repudio social hacía esta reforma no es tan amplio como el que existe hacia la reforma energética; sin embargo, de que hay repudio, lo hay, y este ha sido fuertemente expresado por los maestros disidentes. Cuando las leyes fueron estructuradas, a estos maestros (parte fundamental, quieran o no, de nuestro sistema educativo) ni se les consulto. Y todavía más agravante que todo esto, es que las legislaturas locales y federales alrededor de todo el país se vieron en la necesidad de literalmente acuartelarse con protecciones policíacas y militares a su alrededor para poder pasar estas leyes. Así lo vimos aquí en nuestro propio estado el pasado Viernes. Aquí cabe hacerles otra pregunta: Si en realidad tienen la convicción de que las leyes que están aprobando son las necesarias para un mejor México, ¿por qué esconderse de esa manera? ¿por qué no defender sus decisiones con la palabra?, sin necesidad de protecciones que al solo verlas producen violencia.

Esto no puede ser. Y el verdadero problema es que independientemente de las leyes que se están aprobando y discutiendo, esta práctica de protección y aislamiento de la sociedad se ha convertido en costumbre para los legisladores de nuestro país. Algo está profundamente mal con la manera en la que funcionan las cosas en México “cuando los ‘representantes populares’ legislan escondiéndose del pueblo”, como dijo un amigo mío, o cuando uno fácilmente confunde la aprobación de una ley con una balacera o la captura de un gran capo de las drogas. Ese es el nivel de protección que han venido utilizando los legisladores al aprobar leyes con miedo de que haya represalias, y eso es completamente inaceptable. Si fueran verdaderamente representantes del pueblo, no tendrían necesidad de hacer eso; mi pregunta se responde sola.