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El último encuentro. Sándor Márai.

Jonathan Alcalá

Antes que todo debo decir que hacer reseñas sobre libros no es una tarea que me sea sencilla. El objetivo principal de escribir en Voces Cruzadas es mejorar mi ejercicio literario, sin embargo, en esta ocasión no tuve cabeza para poder redactar algo que tenga una mínima calidad y presentarlo a otros lectores. Después de aclarar ese punto, me permito recomendar la obra El último encuentro, de Sándor Márai.

Un oficial retirado del ejército recibe una carta. Se trata de su mejor amigo, Konrád, anunciando su visita cuarenta y un años después de no verse uno al otro. La carta, trae para el general toda una ola de recuerdos  que dan origen a la historia: Un niño nacido en un hogar noble, educado para ser soldado y para ser rico, igual que su padre. Un niño que encontró en la escuela a su mejor amigo, con quien compartió los primeros veintidós años de su vida, antes de la separación.

La visita de Konrád, deja al descubierto que entre ellos hay un ajuste de cuentas. Después de cenar y despertar recuerdos, ambos se sentaron en el mismo lugar en el que estuvieron cuatro décadas atrás, una noche semejante a esa, con las velas encendidas, los mismos muebles y la chimenea ardiendo. El general comienza a hablar y es ahí cuando salen a la luz los acontecimientos que vuelven apasionante esta obra de Márai. La sospecha de un intento de homicidio y la aventura entre la esposa del oficial y su mejor amigo, que desembocaron en la silenciosa huida de éste y en el rompimiento igualmente silencioso de un matrimonio joven.  

“El último encuentro” es una breve, pero profunda obra que trata sobre las pasiones, las acciones y los pensamientos que son consumidos por el tiempo. Las causas, los efectos y nuestro lugar en la vida.  Cito un fragmento: “Y que un hombre no es más que un hombre, un pobre desgraciado, nada más, un ser mortal, haga lo que haga… Luego envejece tu cuerpo, no todo a la vez, no, primero envejecen tus ojos, o tus piernas, o tu estómago o tu corazón. Envejecemos así, por partes. Más tarde, de repente, empieza a envejecer el alma: porque por muy viejo y decrépito que sea ya tu cuerpo, tu alma sigue rebosante de deseos y de recuerdos, busca y se exalta, desea el placer. Cuando se acaba el deseo de placer, ya sólo quedan los recuerdos, las vanidades, y entonces sí envejece uno, fatal y definitivamente.”

Desde mi perspectiva, la novela es valiosa por cómo se desenreda la historia a medida que ambos amigos platican, lo cual hace que comprendamos detalles que al inicio son enigmáticos. El lenguaje usado por Sándor Márai, no muy adornado ni complejo,  hace sencilla su lectura, pero no simple. Además, la descripción de la mansión, los bosques y el carácter de los personajes, crean una atmósfera de melancolía y severidad, que abrazan de manera precisa el tema del libro y nos permiten imaginar la Hungría de hace un siglo. Lo único que encuentro como un pilar delgado en esta historia, es que la mayor parte de la obra son palabras que nacen de la boca del general, así que al resto de las figuras se conocen por la visión de dicho personaje y no por una tercera persona o por ellos mismos.