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#TodosSomosAyotzinapa

J. Jesús Reyes R. del Cueto

De vez en cuando uno ve algo que lo conmueve hasta las lagrimas. Este vídeo fue algo así para mí. Lo vi por primera vez esta mañana. Un amigo mio y compañero autor aquí en Voces Cruzadas lo compartió en Facebook; con interés oprimí el botón y vi lo que unos jóvenes de San Luis Potosí (específicamente los jóvenes de Ojo Ambulante, “un observatorio de derechos de las y los jóvenes en San Luis Potosí”) le quieren decir a México y al mundo. Es poético y conmovedor. Pero más que nada es real, es verdadero y es probablemente lo que muchos jóvenes (incluyéndome) queremos expresar en estos momentos críticos en la vida política de nuestro país.

Queremos que esta vez no se nos olvide, que esta vez si se haga algo por los estudiantes muertos en Ayotzinapa. Porque hace 46 años se hizo algo similar y la mayoría ni se enteró. Pero ahora las cosas son y serán diferentes. Ahora cada esquina de México sabe o sabrá lo que pasó en Iguala, Guerrero el 26 de Septiembre de este año y lo que ha estado pasando en este y otros muchos estados durante ya muchos años. Esos jóvenes desaparecidos y muertos viven, como nos dicen los muchachos de Ojo Ambulante. Viven en nosotros. En nuestra memoria. En nuestra resistencia. En nuestras marchas y nuestras protestas. Viven en cada noticia que sale y que poco a poco empuja a Aguirre Rivero a la renuncia. Viven y vivirán hasta que, gracias al esfuerzo de todos, nuestro México cambié.

Una gran parte del repudio por lo sucedido se ha enfocado, correctamente, en el PRD. En un PRD que promovió a un gobernador ex-priista y a un presidente municipal con claros nexos al narcotráfico. Ese PRD podrido. Ese PRD que no nos representa ni a mí, ni a miles de mexicanos de izquierda real y verdadera. Si ese PRD, logro de Cuauhtémoc Cárdenas y su equipo después de un fraude del tamaño del mundo, tiene que morir y desaparecer para que México cambié, ojala lo haga. Ojala la izquierda poco representada en los tantos partidos políticos tome esto como una advertencia, como una llamada de atención e implosione. Que muera para que renazca algo mejor. Soy el primer proponente de este casi inevitable futuro.

Si eso necesitamos para que venga un futuro mejor, ojala así sea. Porque hoy nuevamente creo que ese futuro es posible. Después de una decepcionante jornada electoral en el 2012, por primera vez veo, una vez más, la cabeza lenta pero firme del cambio social asomar la frente en México, tal vez para quedarse. Porque los jóvenes que siempre impulsan este cambio están intranquilos y movilizados, organizados y decididos. Hay paros en universidades a lo largo y ancho de este país. El IPN sigue en movimiento y la UNAM junto con él, como esos rivales que por dentro son hermanos. En Guerrero las cosas suben de nivel, los estudiantes no solo marchan y se manifiestan sino también toman calles y carreteras. También regresan la violencia que mató a sus compañeros en las instituciones malignas y represoras; bien o mal hecho, lo hacen. Los ojos de la prensa internacional y alguna que otra institución (como el parlamento Europeo) también están puestos en el país y ahora las inversiones “seguras” que iban a llegar gracias a las reformas de Peña Nieto, ya no lo son tanto.

En una encrucijada de este tamaño, en un momento tan importante para México, vale la pena recuperar las palabras de estos jóvenes de Ojo Ambulante. Vale la pena hacerlo porque son reales, poéticas y conmovedoras. Pero también porque son palabras. Porque aunque es más fácil escucharlo y verlo, a veces vale más la pena leerlo y analizar lo que estas palabras, esta verdadera literatura, significan:

 Estoy tirado en el suelo. Se nota donde enterraron el cuchillo y me cortaron la cara. Se me ven los dientes. En vez de rostro hay carne expuesta y te atormentan dos huecos donde deberían de estar mis ojos.
Mis compañeros me estuvieron buscando y me encontraron convertido en símbolo. Quisieron arrebatarme de los míos, robarles la memoria para matarme, para borrarme y desaparecerme ahora sí y para siempre. Quisieron convertirme en su crimen, su amenaza, su muñeco de espantajo y amedrento, pero yo vivo.
Vivo cuando mi madre llora y susurra mi nombre con la voz entrecortada. Vivo en el funeral repleto de amigos y amados, multitud doliente que con su mera presencia refuta el terror y declara que entre ellos vivió alguien, un joven que conocieron y al que veían y querían ver, un ser que sigue siendo querido en su dolor, en su cariño y en sus recuerdos. No el crimen atroz en que quisieron convertirme.
Vivo en una lagrima de rabia, en un puño alzado, en un paso firme que marcha sobre el enemigo. Vivo en tu resistencia. Vivo en tu protesta. En tu compromiso y en tu esfuerzo. Júrame que no te rindes, ¡pero júramelo a los ojos! Mira la carne y la sangre y los huesos en que me dejaron, y ve la mirada fija de quien una vez fui. Estudiante. Normalista. Hermano.
No me olvides, porque si me olvidas ellos ganan. Si me confundes con eso que dejaron en el suelo sólo seré un torturado más y eso mismo quieren ellos. Ellos que me esperaron, que me buscaron, que me persiguieron y me ultrajaron para que dejara de ser humano, pero que no pudieron. Ellos que sirven a la muerte y aplastan la inocencia y la confianza del pueblo pobre para que se calle, para que aguante, para que se deje matar; pero que no pudieron.
Porque el rostro que se llevaron es mío, pero la carne que dejaron es de todos, y estos huesos también son tuyos y estos ojos también te faltan. Mi gente me llora y mi pueblo hoy se esconde, pero cuando salga a reconquistar las calles no podrá. Por más que intente, ya no podrá ser un pueblo inocente, no será un pueblo que confía. Será fuego, luz, estruendo y viento. Será el ejercito redentor, el huracán que arrasa los escombros para que venga el futuro. Será la muerte alada y justiciera que sostiene la razón y empuña despiadada las armas para imponerla. Mi pueblo será el implacable regreso de la justicia y de la historia.

#VivosSeLosLlevaron

#VivosLosQueremos