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La anatomía del duelo

Andrea Mantecón

El 13 de septiembre inauguró en Park Avenue Armory la esperada instalación de la artista Taryn Simon, en colaboración con Shohei Shigematsu, socio de la firma OMA, dirigida por Rem Koolhas. Simon, ha realizado extensiva investigación en temas como el poder de la estructura de la secrecía, la vulnerabilidad emocional, el exilio y la irracionalidad logrando desde su recopilación de información un entendimiento de la anatomía del duelo. Shigematsu en esta ocasión buscó dar forma a la arquitectura de dicho duelo, al escenario e instrumento en el que los dolientes pueden expresar sus lamentos. Como parte de la instalación, una serie de artistas al atardecer interpretan lamentos de distintas culturas.
Al entrar al espacio como un visitante, una escalera reducida en un costado del edificio lleva hasta una puerta elevada, de donde se accede a un espacio casi completamente oscuro. Una vez dentro pueden visualizarse 11 cilindros de concreto expuesto, con un corte sesgado en la parte superior y una pequeña apertura en la parte inferior. Aún sin saber la trayectoria de la artista, o el propósito de la instalación, la geometría de los elementos, su escala, su configuración y la iluminación hacen casi de forma inmediata que uno se sienta espiritual, abierto y de alguna manera expuesto, pero también diminuto. Unas escaleras en la oscuridad llevan hasta el centro de los cilindros que están dispuestos en medio círculo y a partir de ahí once rampas de concreto guían a los visitantes a cualquiera de los cilindros. Dentro de estos monumentos, a la altura de una banca, se encuentra una laja semicircular, donde uno puede tomar asiento por unos minutos o por un largo tiempo. Al voltear hacia arriba, y ver la superficie cilíndrica que se extiende hasta perderse, uno siente una protección y una anonimidad especial. La acústica del espacio alienta los lamentos, y aún sin saber nada de la exposición o de la artista, uno inmediatamente siente el deseo de gritar, de llorar, de rogar, de decir entre susurros o entre sollozos que uno ha pasado tantas cosas.

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Entré ahí sin saber de la exposición lo que ahora sé. Me senté con el acompañante con el que iba y en cuestión de minutos, ambos habíamos dicho cosas profundas, de nuestra infancia, de nuestro pasado, de nuestros fantasmas. Miedos del futuro, y duelos del presente. Mientras los decíamos, uno a uno se iban absorbiendo en el concreto y acababan por esfumarse en la oscuridad. Protegidos por la geometría estuvimos unos minutos en silencio, casi como esperando que algún proceso finalizara. Antes de salir del lugar volteamos hacia atrás desde una plataforma y nos dimos cuenta que ahora, este monumento tenía para nosotros algo sagrado.

 

 

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La naturaleza que llevamos dentro

Andrea Mantecón

El psicólogo alemán Erich Fromm en 1964 propuso el término Biofilia para describir la atracción que sentimos a todos los seres vivos. Algunos años más tarde, Edward O. Wilson en su libro Biofilia (1984) buscó explicar este deseo de estar conectados a la naturaleza ligándolo al proceso evolutivo humano. Wilson argumenta que la supervivencia de los humanos en algún momento dependió de encontrar un ambiente con acceso a agua, alimentos, refugio y protección. Indicadores de que un ambiente era apto podían ser cuerpos de agua, vegetación exuberante o la posibilidad de un refugio de depredadores o un escondite desde donde pudieran cazar presas. Aquellos individuos que pudieran reconocer estas características en un lugar eran más propensos a sobrevivir.

Como concepto, esta teoría ha sido generalmente aceptada, sin embargo sólo con la tecnología reciente se ha podido estudiar el tema más a profundidad. En los pasados 40 años, científicos y diseñadores han estado estudiando la conexión de la naturaleza con el cerebro y el cuerpo humano encontrando una conexión cableada.

Estudios como el de Roger Ulrich comenzaron uno a uno a determinar patrones claros. Ulrich analizó los datos de recuperación de pacientes en cuartos de hotel con y sin ventanas y comprobó que los pacientes en cuartos con vistas a la naturaleza se recuperaban más rápido, con menos comentarios negativos y menos necesidad de analgésicos fuertes. Por otro lado, en la Universidad de Washington, Peter H. Kahn encontró que vistas a la naturaleza reducían la presión más rápido que los de una pantalla con una imágen de la naturaleza, y que la pantalla la reducía más que ninguna vista.

Más y más hallazgos continúan demostrando el poder de la naturaleza en nosotros y considerando que en promedio los americanos pasan 90% de su tiempo en espacios interiores (1) y hay evidencia para pensar que la situación es similar en el resto del mundo (2), la importancia de mantener los espacios conectados con la naturaleza es imperativa.

Recientemente, Terrapin Bright Green, una firma de consultoría y planeación ambiental generó un documento donde se enlistan 14 patrones del Diseño Biofílico, basados en los experimentos de distintos investigadores y universidades. La lista incluye los beneficios que cada patrón genera, que van desde la reducción de la presión arterial, reducción de las hormonas del estrés, y mejoras en la concentración y el desempeño cognitivo, hasta el impacto positivo general en la actitud y felicidad. Los patrones, están divididos en tres clases:

La naturaleza en el espacio

Referente al contacto con la naturaleza viva.

  1. Conexión visual con la naturaleza
  2. Conexión con la naturaleza (no visual)
  3. Estímulos sensoriales
  4. Sensación térmica y flujo de aire variables
  5. Presencia de agua
  6. Luz dinámica y difusa
  7. Conexión con los sistemas naturales

Naturaleza análoga

Referente al diseño que semeja a la naturaleza formalmente y a través de la paleta de materiales.

  1. Formas y patrones biomórficos
  2. Conexión Material con la Naturaleza
  3. Complejidad y orden

Naturaleza del espacio

Referente al diseño que semeja a la naturaleza conceptualmente en los espacios, como una cueva, o una montaña, o inclusive un lugar seguro dentro de un ambiente con riesgo, como un puente.

  1. La perspectiva
  2. Refugio
  3. Misterio
  4. Riesgo y peligro

Esta compilación de los esfuerzos que se han realizado por años y por distintas personas e instituciones funciona como un marco de referencia para diseñadores y usuarios y busca que eventualmente el diseño de espacios sea responsable en mantener una conexión saludable entre las personas y la naturaleza contribuyendo en su máximo potencial a la salud y bienestar de las personas que los habitan.

Ya sea como diseñadores o como usuarios de un espacio, es importante entender la necesidad antropológica de estar en contacto con la naturaleza. No se olviden de las ventajas físicas de organizar sus escritorios de manera que puedan ver el cielo, escuchar los pájaros o sentir el aire. De sentarse a tomar un café en el patio, de abrir las ventanas y dejar al aire correr. De generar espacios con cuevas y recovecos, con detalles que semejen a la naturaleza, con curvas que los envuelvan y materiales que los aterricen.

Foto: Grace Farms, SANAA

Referencias:

  1. Kepleis NE, et al. (2001) The National Human Activity Pattern Survey (NHAPS): A resource for assesing exposure to environmental pollutants. J. Expo Anal Environ Epidemiol.
  2. Ott WR (1989) Human activity patterns: A review of the literature for estimating time spent indoors, outdoors, and in transit. Proceedinds of the Research Planning Conference on Human Activity Patterns, EPA National Exposure Research Laboratory.

Fuentes:

  1. Terrapin Bright Green. 14 Patterns of Biophilic Design, Improving Health and Well Being in the built Environment.
  2. Peter H. Kahn et al. The Human Relation With Nature and Technological Nature.
  3. Edward Clark, Christopher Flint Chatto. Biophilic Design, Strategies to generate wellness and productivity.
  4. Roger S. Ulrich. (1984) View through a window may influence recovery from surgery.