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Pronto lloverá en la milpa.

Marcela

Aquí voy a mencionar dos anécdotas en un sólo escrito, con el mismo fin, tampoco soy tan dispersa. O sí, pero no hoy.

1.

En días pasados, una persona en quien confío mucho profesionalmente, me envió un mensaje diciéndome que ahora sí comenzáramos a plantearnos un proyecto. Sin titubear le dije que sí. De ahí partió la plática que hizo que derive lo que viene en párrafos más adelante.

Mis padres son de rancho y eso se refleja mucho en la forma de cómo escribo, por lo tanto, será muy frecuente que me lean citar frases o dichos propios que quizá muchos no conozcan, pero ese tampoco es el punto. Decía mi abuela que no contara mis planes porque la envidia tiene oídos; porque se salan; porque la gente es así y uno muy escéptico a todo, más porque soy capricornio y no creo en cosas que no estén comprobadas por la ciencia, de cualquier modo se cuida y evita contar lo menos posible hasta que se concreta.

Nuestros mensajes son muy delatadores y ojalá nadie nos hackeé pero después de llover ideas sobre lo que queremos, y divagar mucho, llegamos a esa plática donde hablamos sobre lo celoso, egoísta e hijoeputa que es el mundo de las letras. Parafraseando a mi interlocutora, con comillas porque no vaya siendo, “Dante debió incluir al círculo literario como uno de los círculos del infierno”, debido a que aquí en Zacatecas, la élite dentro de ciertos medios, aquí apuntamos al cultural, es malditamente cerrada y si no eres de su agrado o no te consideran digno de ellos, simplemente, no funcionas. A pesar de que ella es licenciada en letras, lo reconoce. Y entonces vienen a mi mente todos los fuchis que he recibido de parte de ese gremio, y de todos los que no tengan qué ver con RRHH y administración, por ser una egresada del área económico-administrativa.

La experiencia más traumática en mi haber, fue un taller impartido por la UNAM (Versal), traído por el Instituto Zacatecano de Cultura donde había cupo limitado, yo me enteré por algún chismoso pero la convocatoria sólo se había difundido en carreras de humanidades de la Universidad Autónoma de Zacatecas. Debías mostrar currículum, portafolio (book) y carta de exposición de motivos. Lo hice, creí que no tendría oportunidad pero bendito lo que sea, me quedé. No lo creía pero no la rechazaba y ahí empezó mi semana tortuosa. Yo, Sandra, acostumbrada a que no me rechacen, a ser la graciosa, el centro de atención y a la simpatía de la gente; era la apestada del grupo porque ¿Qué tenía qué hacer ella en un grupo donde sólo había licenciados y maestros en letras y filosofía? ¿Cómo me atrevía a robarle el espacio a alguien a quien sí le competía ese taller? ¿Cómo es posible que me hubieran aceptado si sólo era una licenciadilla en administración? Y sí. A los 28 años por primera vez sentí el rechazo escolar; prácticas donde me tenía que acomodar el profesor porque nadie me juntaba en sus equipos; trabajos donde yo sólo tenía que presentar porque para eso había estudiado, sin tomar en cuenta mi opinión; minimización de mi intelecto porque ¿Qué iba yo a saber de tal autor si no lo había llevado en la retícula? Y, *inserte sonido del violín más pequeño del mundo*, lo que más me entristeció fue que en el convivio final, donde partieron un pastel y dieron postre, a mí, sentada entre otros dos del gremio, me saltaron y no me dieron mi respectiva porción. Así, como cuando eres el único al que no invitan al cumpleaños de Lupita cuando estás en segundo de primaria, así me sentí y fueron los hermosos, humildes, cálidos y humanos egresados de letras y filosofía los que lo lograron.

Terminó el taller y me sentí aliviada porque ya no tenía que lidiar con la tensión de sortearlos, esperando que diera una respuesta equivocada para comenzar a cuchichear. Una cosa bonita que hizo el maestro, porque siempre me veía sentada desde antes a la hora de la comida (comía sola *violín más pequeño, otra vez*), fue decirme que yo le gustaba porque iba en blanco, sin aspiraciones o pretensiones de querer sorprender a los demás. Y así lo era.

2.

Los recuerdos de Facebook me mostraron que, hace cuatro años, salía de una entrevista para una agencia cotizadísima en exDF para manejo de redes sociales. Aunque sólo iba por un par de meses a un taller de redacción, ahora sí aplica lo de “por diversión”, mandé mi currículum.

Recibieron casi 300 CV (o eso nos dijeron)
La vacante era para sexo masculino.
Pedían experiencia comprobable; yo sólo tenía algunos artículos de revistas de música que había escrito, Twitter y Blogspot.
Quedamos 17; 3 éramos mujeres.
El perfil solicitado era mercadotecnia/publicidad/comunicaciones/afines. Yo era la única administradora del grupo.
También era la única que no era del exDF, y egresada de escuela pública.
Fue la entrevista laboral más pesada, estresante y difícil que he tenido.
La paga, en ese tiempo, eran $22 mil pesos libres mensuales.
Salí fumando -yo no fumo- y con el cerebro al borde del colapso.

Mi tiempo de volver a Zacatecas había llegado y ellos no entregaron resultados cuando quedaron sino hasta dos semanas después, yo ya estaba en casa y un lunes, recibí la llamada. El puesto era mío.
No lo tomé por miedo, por sexto sentido, por tonta, por lo que haya sido. No me arrepiento, vinieron muchas experiencias que nada puede costearlas, ni esa buena paga de hace cuatro años.

PD. Hace una semana recibí una oferta de trabajo de $3 mil pesos mensuales aquí. En 2016. En donde estoy necia de querer quedarme. Por pura dignidad (y regaño de mi papá si lo tomaba) no lo acepté. Sigo desempleada.
PD2. Desde entonces respeto mucho a los CMs y creadores de contenido; también creo que, aunque soy buena, ya no quiero jugar a eso.
PD3. Que le digan que no, no implica que no se pueda.

A veces parece que todo está en nuestra contra; los NO van a inclinarse en la balanza y los NO PUEDO serán también pesadísimos; la presión social tampoco ayudará y, sin decirte nada, te susurrará que te rindas. Ignoren todo. Yo -ahora- quizá no tenga autoridad moral para darles ánimos porque estoy a punto de colgar la toalla pero todavía me queda algo que me dice que no es el momento. A veces es bueno tomarse un rechazo como personal para coger impulso. Podría escribir un libro de fracasos que no lo fueron pero ya después será.

“Ya pronto te lloverá en tu milpa, Sandra María”, dirían mis siempre sabios rancheros.

PD4. Todos somos geniales en algún aspecto, yo más, pero todos lo somos.

Díganle a Miguel Ángel Cornejo que ya me suelte y que me regrese mi amargura.

EL PRIMER SORBO DE CAFÉ.

Ale Rodríguez

Cada taza de café revela mi imperfección. Esa mezcla de sabor amargo con aroma delicado hace que busque identificarme con mi bebida al querer ser como ella y darme cuenta de que estoy lejos de esa diplomacia cada mañana.

Cuando no quiero decir nada y tengo tantos sentimientos por expresar, sólo tomo mi caliente brebaje y en ese primer trago se desvela todo mi sentir, me quedo en tranquilidad con el alma, mi cerebro se limita a sentir la perfección que provoca en boca ese primer absorbo del día.

Cuando tengo miedo de seguir viviendo, cuando tengo demasiadas cosas en mi mente y no sé ni por dónde comenzar, cuando no sé ni siquiera que pensar, cuando todo va mal o simplemente cuando todo va perfecto, cuando te comienzo a extrañar demasiado o cuando intento olvidarte, la mejor forma de acompañar cada sentimiento incontrolable es ese primer sorbo de café.

Recuerdo la primera vez que pedí un “tinto” en esa cafetería en la esquina de la Av. Caracas, jamás olvidaré como mi lengua trató de identificar los distintos granos y calidades de tostado, la frescura y la fecha de molienda de ese envasado, fue como si se detuviera el tiempo a mi alrededor, la vida pasara rápido de frente a mi y yo sólo disfrutaba de esa hermosa taza de café. Fue la intriga más linda que mi corazón ha sentido, tratar de descubrir que historias tenía que contarme ese grano molido, las caras que había visto a lo largo de su vida, las historias que había escuchado y las manos que lo habían trabajado, en ese primer sorbo tú puedes vislumbrar instantes de su vida que se identifican con la tuya, estaba extasiada porque iba a consumir una taza de café en el país cafetero por excelencia, fue hermoso. Pero fue más hermoso verte cruzar la calle acercándote a mi e interrumpiendo mi encuentro efímero con ese primer pocillo colombiano, pero esta deliciosa experiencia jamás se comparará con el aroma que tiene el café que prepara mamá cada mañana y que me despierta con una sonrisa, porque ella lo programa desde la noche anterior, así, cuando ni bien han sonado las alarmas del despertador, tú ya puedes apreciar el delicado aroma que desprende la cafetera burbujeante, y eso es amor expresado cada amanecer, no me importa que ella utilice café americano, no me importa tener que despertar temprano para alcanzar café en casa, no me importa que mi taza con decorado especial que utilizo diariamente deje de ser exclusiva, es ese momento en el que no te importa el mundo, si no sólo lo que estas absorbiendo desde tu primer sorbo de café. Es cuándo tus memorias y pensamientos se alinean para fortalecer el espíritu y obtener una mejor perspectiva del día que se avecina.

Me encanta como el tomar café se ha convertido en un estimulante social, no hay mejor encuentro para amigos, amantes y familia que el compartir una taza. Frecuentamos esa excusa para reunirnos y se ha convertido en el pretexto perfecto para sonreír por las mañanas, la ilusión de sentir tan precioso sabor en la boca y seducir mi mente con el placebo de que ese compuesto es lo que me está haciendo despertar del desaliento de haber dormido por largo tiempo, es incomparable. Mi mamá me enseñó a tomar café, pero también me enseñó a compartirlo, al preguntar a todos los visitantes a la casa, cabe mencionar siempre son muchos: ¿Gustas una taza de café? O cada desayuno servido ¿Alguien más va a querer café? Si no lo hiciéramos público, el secreto quedaría entre tu y yo, pero qué mejor que ver a alguien sonreír por la misma satisfacción de ese primer sorbo.

Nunca he entendido a las personas que no toman café, soy una persona de opiniones abiertas, pero en específico no comprendo como hay gente que puede decir: “A mi no me gusta el café”, mi cerebro simplemente no procesa esa información; y paralelo a ello, he escuchado muchos argumentos de por qué tomar café es malo para el organismo, sinceramente, a mi me gusta demasiado y lo disfruto bastante, no creo que el goce de una taza diaria de café me mate, pero si así lo hiciera, que delicia saber que la imperdonable presencia del café en mi vida me mató, satisfecha porque la saboreé a cada trago.

Ese roce de sus labios con los míos, sentir cómo se calienta mi organismo al advertir su inexorable andar, hasta la más escondida fibra de mi ser, porque cada mañana él es quién huele elegante y serio, su textura robusta y su cálido abrazar me hacen sentir especial. En el primer contacto siempre te seré fiel, que me despiertes con un beso rebosante y sentir cómo me deseas es la satisfacción mas hermosa que cualquier enamorado espera sentir, después de ver como los rayos del sol atraviesan la ventana y tratar de percibir el olor a tierra mojada por el sereno de la noche anterior, eres lo primero que pienso cada mañana y lo que empuja mi vida para comenzar a sonreír, no estoy enamorada de ti, pero sí del primer sorbo de café.