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Más Allá de Nuestras Fronteras (II)

Jesús Reyes

Por segunda vez en Voces Cruzadas, quiero enfocarme más allá de nuestras fronteras y analizar lo que sucede en otras partes del mundo. El pasado miércoles 7 de mayo del 2014 se realizaron elecciones generales en Sudáfrica, sin duda un país lejano y al que en muchas ocasiones no le prestamos atención. Sin embargo, deberíamos ya que es una de las potencias de la África subsahariana y uno de los países más importantes en vías de desarrollo como el nuestro. Ya si no por esto, está elección resulta de un significado especial ya que es la primera que se lleva a cabo después de la lamentable y reciente muerte de Nelson Mandela y también es la primera vez que la generación de jóvenes nacidos después de la era del apartheid puede ejercer su derecho al voto.

Para empezar, un poco de contexto; Sudáfrica hace ya 20 años logro liberarse del yugo de un sistema opresivo y dominador por parte de la raza blanca o afrikáans en contra de la mayoría negra llamado apartheid. El ejemplo de ser humano Nelson Mandela, junto con sus tantos aliados (negros y blancos, cabe mencionar) logró poner fin a este sistema mediante el uso de tácticas de resistencia civil pacífica en 1994 y entonces comenzó el trayecto de este país africano a través de la democracia. Desde ese entonces, el poder ha estado en manos del Congreso Nacional Africano, partido de tendencia social demócrata izquierdista que ha mantenido su liderazgo gracias a sus alianzas con fuerzas sindicales así como también sectores de la izquierda más radicales como el partido comunista.

Ya se cumplieron 20 años en el poder, sin duda demasiado tiempo, de un partido que si bien ha logrado avances significativos en términos democráticos en el país, también ha sido un partido infestado por escándalos de corrupción y no ha logrado llevar a Sudáfrica al verdadero desarrollo económico que saque a la mayoría de su gente de la pobreza. No obstante, en un país que sufrió tanto a manos de un sistema racista y de derecha, la oposición sigue siendo muy débil ya que sería muy mal vista una verdadera oposición de derecha. Lo más cercano que hay a esta oposición necesaria en una democracia en Sudáfrica es la Alianza Democrática, considerada centrista pero también liderada por antiguos activistas anti apartheid. Este partido es conocido por ser el más inclusivo y abierto a la política multi-racial, ya que tiene tanta representación blanca como negra y está encabezada por una mujer de raza blanca, Helen Zille.

Por primera vez desde el final del apartheid en aquella nación, el partido oficial no contó con el apoyo de los principales diarios y periódicos del país, quienes abiertamente se pronunciaron en contra del gobierno oficial y a favor de la opositora Alianza democrática. Estos hicieron lo anterior por los grandes escándalos en los que ha estado inmerso el partido en el poder. Primero que nada, estuvo el apoyo de dicho partido a la llamada ley de secrecía, la cual reservaba documentos oficiales de la luz pública y aseguraba la clandestinidad de ciertas operaciones gubernamentales, yendo completamente en contra del progreso internacional a favor de la transparencia y rendición de cuentas. En segundo lugar está el escándalo de Nkandla, una propiedad inmensa en manos del presidente Jacob Zuma que fue remodelada con inversiones millonarias y fondos públicos de origen fiscal.

Otra organización que dejo de apoyar al partido oficialista fue uno de los sindicatos más importantes del país, el de trabajadores metalúrgicos; con esto le dio un fuerte golpe al Congreso Nacional Africano. A pesar de todo esto, se esperaba que el partido dominante ganara las elecciones pero redujera su margen de victoria y control en las asambleas; y esto fue exactamente lo que sucedió. De haber obtenido un 66% de la votación en la elección pasada, el partido gobernante obtuvo un 62%, el cual no es un gran retroceso pero si indica el comienzo de una decaída y un desgaste natural de un partido que ha gobernado por tanto tiempo. Lo más interesante es el aumento de la popularidad de la oposición; la centrista alianza democrática obtuvo un 22% después de un mediocre 16% en el 2009 y mantuvo el poder en uno de los estados más importantes del país, Cabo del Oeste que incluye la segunda ciudad más importante del país, Ciudad del Cabo. Por otra parte, el recién creado Frente de Combatientes por la Libertad Económica (un partido de extrema izquierda surgido de antiguos miembros del Congreso Nacional Africano que comparten visiones más radicales y nacionalistas) obtuvo en su primera elección un interesante 6% de la votación.

Cabe esperar que, dentro de lo posible y sin recurrir a extremos, Sudáfrica entre dentro del futuro próximo al juego democrático de la alternancia, abriendo el poder a otras visiones, ideologías y maneras de gobernar; ya que de otra manera, es posible que surjan acciones violentas de descontento social como ha pasado ya en países como Venezuela, Ucrania o Siria, en donde el poder se ha mantenido en pocas manos durante mucho tiempo.