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Un paso más allá del fracaso

LUIS IGNACIO ESCOBEDO

La ilusión es lo que nos hace caminar cuando estamos cansados, trabajar estando hartos, echar “palante” estando cabizbajos. La ilusión es sentir las ganas de seguir adelante a pesar de todo, es la esperanza que ponemos en alguna situación determinada, en un día, en una persona, en un romance o en un trabajo.

El problema viene cuando estas ilusiones se derrumban, cuando nos estrellamos contra la pared y nos caemos en seco.

Uno siempre trabaja y se esfuerza para tener el resultado que busca. Por desgracia, hay veces que ese esfuerzo no es suficiente, o simplemente uno es muy bruto para hacer las cosas bien. En ocasiones, ni siquiera depende de uno mismo. Un minuto es suficiente para echar a perder todo por lo que se ha trabajado durante años.

Lo importante es levantarnos de ese fracaso. Dicen “los errores hacen al maestro”. Hay veces que no lo creemos, pero, con el tiempo, si no nos hacen maestros, al menos nos enseñan algo.

Como ser humano, uno de mis mayores temores es justamente el fracaso, y es lo más cotidiano, no sólo para mí, sino para todo el mundo. Todos fracasamos y nos equivocamos a diario, pero lo importante no son los fracasos, sino las veces que nos levantamos.

Tarde o temprano, esos errores tendrán su recompensa; el éxito.

En días anteriores mi ilusión era nula, pero hoy tengo una llama encendida que me hace levantarme temprano para ir a entrenar.

El día que esa llama se apague, buscaré una nueva ilusión, la cual esperaré que llegue pronto.

Los artistas viven de ilusiones. Cada día, cada fecha en la que se presentan ante el público, es una ilusión nueva. Y por lo mismo nuestros días son exprimidos hasta agotarlos. Diario nos ilusionamos y emocionamos con algo nuevo o al menos tratamos de hacerlo para poder respirar.

Los éxitos son bocanadas de oxígeno puro. Las ilusiones son la base de los éxitos.

Una tarde torera

LUIS IGNACIO ESCOBEDO

Hoy escribo en día extraordinario, ya que no puedo dejar pasar este acontecimiento.

Este domingo por la tarde se llevó a cabo en el lienzo charro de Guadalupe un Festival de Escuelas Taurinas.

Me dio mucho gusto ver los tendidos llenos a pesar que sólo toreaba un muchacho de la tierra.

Hoy quiero expresar lo que desde el tendido tuve la oportunidad de apreciar, algo que me resultó muy motivante e importante.

El festival tuvo tres nombres propios:

El primero de ellos es Sol Miramontes. Una muchacha hija de torero y hermana de toreros. Me impresionó su valor sereno, valor inocente quizá por lo nueva que está en esto de los toros, pero a fin de cuentas se queda más quieta que una vela, desmayando el brazo hacia atrás de la cadera, pasándose el novillo muy cerca y toreando con soltura. Pocos muletazos de esa calidad, pero Sol Miramontes es un diamante en bruto que pulido puede valer mucho.

El segundo nombre es Ángel Escobedo, el torero local. Este muchacho está dando de que hablar, y se ha justificado en el ruedo tarde a tarde. Lo conocí hace apenas un par de años, cuando estaba empezando en la escuela taurina y la verdad es que ya entonces apuntaba maneras, una cabeza fría, corazón y, lo más importante, educación. En especial por estas dos últimas cualidades fue por lo que le brindé mi amistad y le abrí las puertas de mi casa. Entonces, y en broma, le llamábamos “El Niño de los Palillos”, por los que rompía en las tientas… Es un orgullo para mí verlo que día a día va mejorando y demostrando que puede servir. Hay que cuidarlo y llevarlo con pies de plomo, porque, como dice él en su estado de WhatsApp “La humildad es el secreto del éxito”. Enhorabuena, torero…

El tercer y último nombre de la tarde es el de “El torbellino de Querétaro” Juan Pedro Llaguno. Este hombrecito demostró en el lienzo charro de Guadalupe que mamó la torería desde que nació. Es un torero con solera y un carisma que rompe cualquier cuadro. Valiente y con actitud. Recuerdo que el día que lo conocí él tendría unos nueve años, si acaso, y ya andaba de torero. No me refiero a andar de figurín, sino con una afición desbordante y lleno de ilusiones. Me da mucho gusto verlo torear nuevamente y que sigue con la misma afición e ilusión del principio, si no más.

Torería, ilusión y ambición fue lo que viví desde el tendido al ver a estos muchachos.