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Juan Belmonte, el mito.

LUIS IGNACIO ESCOBEDO

Juan Belmonte García, “El Pasmo de Triana”, nacido en el pintoresco barrio de Triana, Sevilla, España, el 14 de abril de 1892, es probablemente el torero más popular de la historia. Considerado por muchos como el fundador del toreo moderno fue, como mínimo, un revolucionario del arte taurino.

 

Encabezó una época de oro del toreo,  junto con José Gómez, “Joselito” o “Gallito” y el mexicano Rodolfo Gaona. Hubo una fuerte rivalidad entre Belmonte y “Joselito” como toreros, pero fuera del ruedo los unió una gran amistad, que se mantuvo hasta la fatídica fecha en la que “Gallito”, es decir, “Joselito”, sufrió una fatal cornada en Talavera de la Reina, Toledo, España, en 1920.

La rivalidad profesional de estos dos toreros tuvo mucho éxito en todas las plazas de España, era algo nunca visto, se producía una gran expectación por verlos torear juntos. Al morir “Joselito”, Belmonte quedó como el torero más popular.

 

La carrera profesional de Belmonte se desarrolló entre 1913 y 1936, año en el que se retiró. Se había apartado de los toros antes, en 1922 y en 1934, pero la definitiva fue en el 36, año de inicio de la guerra civil española. Fue por muchos años el que más corridas toreaba por temporada.

Cuando era niño, pertenecía a una pandilla de muchachos que, aparte de  las travesuras habituales, gustaban de torear clandestinamente en ganaderías a las afueras de su Sevilla natal. Uno de los emotivos recuerdos que cuenta Belmonte en su autobiografía es cuando hacían “la luna”. Así se le decía cuando toreaban a escondidas, por la noche, a la luz de la luna.

Un personaje importante en la preparación y creación como torero de Juan Belmonte fue un banderillero amigo de su padre; Calderón, de la cuadrilla de Antonio Montes. Calderón le apadrinó en las tertulias, preparó el camino para sus primeras actuaciones y le ayudó a mejorar su técnica. Belmonte aprendió viendo torear y ejerciendo el toreo. Tiempo después, Calderón pasó a ser miembro de su cuadrilla.

Belmonte fue revolucionario en el toreo porque impuso su forma de torear. Antes de él, torear consistía en evadir las embestidas del toro sobre las piernas. Con gracia y valor, sí, pero siempre “por piernas”, es decir, moviéndose, sin quedarse quietos. Su conocimiento o “su ignorancia”, como algunos taurinos de la época decían, lo llevó a torear como nunca antes se había visto; quieto. Su dominio de los terrenos le permitió ejecutar el toreo despacio y poniéndose en terrenos cercanos al toro. Impuso los ahora conocidos tres tiempos del muletazo: parar, templar y mandar. Estableció su famoso dicho “Ni te quitas tú, ni te quita el toro, si sabes torear”, parafraseando al “Lagartijo”, quien decía: “O te quitas tú o te quita el toro”.

Belmonte “impuso” al resto de matadores el torear quietos, pese a que el toro de entonces no siempre lo permitía. Este concepto de toreo se redondeó con la llegada de Manolete, quien alcanzó la quietud total. La aportación de Belmonte al toreo fue la estética, la base del toreo clásico durante todo el siglo XX.

 

Al retirarse de los ruedos, se dedicó al campo; a su ganadería y a los caballos, que tanto le gustaban. El día en que ya no pudo subirse a un caballo, a sus 70 años, Juan Belmonte decidió terminar con su vida, un 8 de Abril de 1962. Para él no poder disfrutar de su campo y sus caballos no era vida. La depresión lo llevó al suicidio.

Siendo en vida un mito del toreo, su muerte lo consolidó como el mítico Juan Belmonte.