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Malinali’s Song, Sin Título

JESÚS REYES

La escena se desarrolla en un bar del centro histórico de la ciudad de Zacatecas. Es de noche, las campanadas normales de las iglesias circundantes han sido reemplazadas por la música de diferentes tipos que surge de los establecimientos que promueven la vida nocturna. El bar está localizado en lo que antes era una galería muy conocida; restos de esos días de arte plástico todavía cuelgan de las paredes.

Antes de que la música comience se ven por las esquinas del lugar los instrumentos que más tarde la emitirán, los clásicos de una banda juvenil: la guitarra eléctrica, el bajo y la batería, pero también se asoman otros instrumentos inusuales que invitan a pensar que la música no será como cualquier otra; se ve un violín, un pandero, una guitarra acústica y unos bongos.  Se anticipa que será una presentación innovadora y emocionante. La banda que se presentará es claramente zacatecana y de nueva creación.

La más grata sorpresa se da cuando el grupo musical comienza a tomar sus lugares junto a los micrófonos y los instrumentos son levantados para empezar la función. Siete mujeres unidas por el amor a la música agarran los instrumentos y con toda convicción comienzan a tocar. Yo en lo personal no se mucho de música pero puedo percibir que los sonidos son muy particulares. Ya poco en la música puede ser completamente original pero ellas al hacer su música la pueden llamar auténticamente suya, están cerca de esa originalidad. Lo mejor es que incorporan sonidos ya perdidos entre las bandas musicales de hoy, no temen al traer a la vanguardia lo antiguo, lo viejo; y en esta era en la que lo “vintage” se ha hecho “cool”, logran darle un sabor inigualable a baladas definitorias de la música mexicana como “Bésame Mucho” de Consuelito Velázquez o “Sabor a Mí” de Álvaro Carrillo.

La vocalista del grupo hace que estas incomparables letras suenen únicas al ponerles un timbre de voz muy particular; una voz que evoca a algunas de las cantantes de la liberación sexual femenina como Nancy Sinatra o incluso a una voz europea, italiana o francesa, de esas que conocemos a través de las películas. De la misma manera, en el ritmo latino de su voz combinada con el sonido de los instrumentos, también hace remembrar a cantantes de la bossa nova brasileña como Astrud Gilberto o algunas más modernas y cercanas a nuestro país como Lila Downs o incluso Ximena Sariñana.

Aquellos instrumentos que parecían “fuera de lugar” en una banda “moderna” o “alternativa” sumergen su sonido dentro de la música de una manera impresionante; el violín le da un toque nuevo, clásico pero también mexicano al asunto y los bongos hacen de toda esta mezcla un sonido al que uno no puede evitar el casi instintivo movimiento de caderas. Todo se reúne dentro de algo nuevo pero a la vez clásico, algo innovador pero a la vez familiar.

Ellas mismas niegan definirse como una banda de “covers” (los cuales hacen extraordinariamente bien), pero yo mismo me negaría a llamar sus interpretaciones de canciones ya conocidas “covers” porque son increíblemente auténticas. Sin embargo, para demostrar que vienen a proponer y no a repetir, presentan el único tema de la noche original: un reggae con título ausente que sin perder el sabor jamaiquino tan llamativo, hace de ese ritmo algo menos anglosajón y más latino. Las siete canciones presentadas en la noche son todo un éxito y se puede ver a todas luces que su futuro está lleno de más presentaciones parecidas pero con todavía más público.

Estas siete mujeres, Diana (Voz y Guitarra Acústica), Mitzi (Violín), Athenea (Guitarra Eléctrica), Yesenia (Bajo), Andrea (Batería), Itzel (Bongos) y Brenda (Pandero) se hacen llamar “Malinali”. Hace sentido el nombre, la reivindicación de esa figura, a veces tan odiada y en otras ocasiones tan venerada, la madre (lo queramos o no) de todos los mexicanos, de los mexicanos que somos hoy y ahora, de esa mezcla tan interesante surgida hace 500 años que nos hace la definición encarnada de la diversidad. Mujer en todo el sentido de la palabra, mujer amante, mujer compañera, mujer madre, mujer culpada por muchos males y que carga en sus hombros pecados mucho más allá de los suyos. Esa es la mujer que representan y le dan vida cantando y produciendo música de todos los géneros, con todos los sonidos pero intrínsecamente latina, con ese sabor que solo se encuentra del Río Bravo para abajo.

Y que mejor día que hoy, el día internacional de la mujer, para describirlas, para escribir de ellas, para rendirles honor y admiración a esas siete mujeres, pero también a lo que representan, a la figura que cargan por nombre y a todos los seres que comparten con ellas un género, una vida, al más del cincuenta por ciento de la población. Y es que “Malinali” se inserta históricamente en una conversación muy interesante acerca del papel que juega la mujer no solo en la música sino en la vida social del ser humano en general.

Al escuchar sus sonidos y ver la realidad de siete mujeres dando lo suyo, produciendo su música, no pude evitar pensar en las conversaciones que se han venido teniendo desde principios de siglo acerca de esta nueva generación de mujeres artistas que no solo están aquí para deleitarnos con su música sino también para decir algo de las realidades sociales y políticas que las definen y afectan como mujeres. Esa generación que definitivamente esta en su apogeo con el innovador concepto de “Pussy Riot”, mujeres que hacen música, que aman su arte pero que no se van a quedar paradas al ver a su país y a su mundo afectado por gobiernos corruptos, discriminadores y totalitarios. Ese es el tipo de artistas que tendríamos que promover y estoy seguro que “Malinali” tendrá mucho que decir, no solo en lo musical sino también en lo social, porque al ser un grupo totalmente femenino cargan cierta responsabilidad de hablar de y criticar las dificultades o ventajas que esto les pueda representar.

Enhorabuena a “Malinali” y a sus siete integrantes. Y para nuestros lectores, una sorpresa más, que una de las integrantes de este innovador grupo, también es parte de la familia de “Voces Cruzadas”, así que, como todos, espero escuchar más de su música y leer más de sus palabras. De un nuevo y zacatecano proyecto a otro, les deseo la mejor de las suertes.