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El segundo cerebro

ANA GABY DE LA TORRE

El intestino es sin duda el órgano multifuncional por excelencia, si bien hasta hace algunos años se creía que sus funciones eran meramente digestivas y se le consideraba como una simple cañería, recientemente se ha descubierto que hay muchísimas más cosas que este extraordinario órgano hace por nosotros, tareas tan diversas y variadas, que incluso lo han hecho ser reconocido por la ciencia como “el segundo cerebro”, “el órgano metabólico oculto” y “el otro genoma”.

No es pues, de extrañarse, que un intestino saludable sea un punto clave para gozar de una buena salud, ya lo dijo Hipócrates hace 2500 años: “Toda enfermedad comienza en el intestino”, y tal vez, ni siquiera él sabía hasta que punto tenía razón, desde ese entonces.

Hay un cerebro en tu intestino…

Se le conoce como Sistema Nervioso Entérico (SNE), está localizado en las capas de tejido que forran el esófago, el estómago, el intestino delgado y el colon, y no es otra cosa más que una red neuronal formada por nervios y neurotransmisores, ¡si! neuronas en tu intestino, de 400 a 600 millones, para ser exactos,(eso es más de 3 veces la cantidad de neuronas que hay en el cerebro de una rata).

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EL SNE está conectado directamente al cerebro, lo que de alguna manera le permite influenciar nuestra conducta, y es por eso también que cosas cómo el estrés y la ansiedad, pueden ejercer un efecto tan fuerte en nuestra digestión. Al mismo tiempo, el SNE es capaz de actuar de manera completamente independiente del Sistema Nervioso Central (SNC), no estamos conscientes de ello, pero este segundo cerebro produce el 95% de la serotonina y el 50% de la dopamina que existen en el cuerpo humano, ¡cómo lo oyes! nuestro intestino produce gran parte de las hormonas de la felicidad y el placer que hay en nuestro cuerpo.

Naturalmente, estos hallazgos han llevado a realizar aun más investigaciones acerca de relación entre la salud del intestino y algunos trastornos del comportamiento humano, tales como la depresión, el insomnio, la agresividad, etc., incluso ha surgido una nueva ciencia llamada Neurogastroenterología, la cual básicamente estudia como las emociones influyen en el aparato digestivo, y que considera al intestino como el centro de la llamada “inteligencia emocional”.

Hay 100 trillones de bacterias que viven en tu intestino…

Para apreciar la magnitud de ese número, toma en cuenta que existen 10 veces más bacterias en nuestro aparato digestivo que células humanas en todo nuestro cuerpo. Se que suena bastante extraño, pero prácticamente somos una colonia andante de microorganismos.

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Estos microorganismos, indispensables para mantener una buena salud, forman la microbiota intestinal, antes conocida como flora intestinal. Las funciones de esta microbiota son muy amplias, van desde la digestión de alimentos y la degradación de sustancias que de otro modo no podríamos asimilar, hasta la síntesis de algunas vitaminas esenciales, como la vitamina K, necesaria para la coagulación, y la B12, muy importante para el funcionamiento del sistema nervioso. Además, la microbiota es una barrera contra las bacterias “malas” y ayuda a que nuestro sistema inmune funcione de una manera adecuada.

Cada vez más y más enfermedades han sido ligadas a disturbios de la microbiota intestinal: diarrea, diabetes, obesidad, arteroesclerosis, colitis, enfemedad de Crohn, y hasta el autismo. No son meras asociaciones, una microbiota intestinal alterada, en verdad puede causar enfermedades. En estudios realizados en ratones a los que desde su nacimiento se les mantuvo en completa esterilidad, para que ningún tipo de microorganismo, bueno o malo, pudiera invadir su aparato digestivo, se observó que los animales tuvieron menor talla, eran más propensos a adquirir infecciones, mostraron defectos en el desarrollo del aparato digestivo, así como niveles altos de colesterol y problemas en el metabolismo de las sales biliares, y lo que es aún peor: tuvieron problemas en el desarrollo cerebral y en el comportamiento. En otras investigaciones, se ha logrado determinar que la microbiota intestinal de pacientes obesos es claramente diferente a la de personas en su peso óptimo, y se ha probado que si se trasplanta microbiota intestinal de un ratón obeso a un ratón libre de gérmenes, éste último, ¡se vuelve obeso!. Así mismo, en la Universidad de Washington, en Estados Unidos, se comprobó la eficacia de usar trasplantes fecales como tratamiento de la obesidad. Para comprobar el éxito de la terapia, los científicos utilizaron parejas de ratones gemelos, en los que uno de ellos presentaba un peso normal, mientras que el otro era obeso.

Gracias a ésta gama de estudios, existe hoy en día una nueva terapia, que consiste en hacer trasplantes fecales, de individuos sanos a enfermos, y aunque sé que suena asqueroso, han resultado extremadamente útiles en algunas enfermedades, sobre todo infecciosas.

¿Qué afecta la salud intestinal?

Desgraciadamente, por el estilo de vida que llevamos en la actualidad, prácticamente todos los seres humanos tenemos una microbiota intestinal alterada, ya que la composición de ésta, depende de lo que comemos, de los niveles de estrés y ansiedad a los que estamos sometidos, y al uso de antibióticos. En adultos, la microbiota puede tardar hasta un año para normalizarse después de tomar antibióticos e incluso puede no recuperarse nunca.

¿Cómo puedo mejorar la salud de mi intestino?

Hay muchísimas cosas que puedes hacer si te interesa mejorar tu salud intestinal, pero para ser breve, te dejo 5 puntos clave y bastante sencillos para comenzar a cuidar de tu intestino:

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  • Consume probióticos: son microorganismos vivos, bacterias o levaduras, presentes en algunos alimentos (vegetales fermentados o ciertos lácteos de buena calidad), o en suplementos. Te ayudarán a repoblar tu microbiota intestinal. Los mas comunes son las especies Lactobacillus y Bifidobacterium. OJO: si eliges algún producto lácteo, verifica que no contenga azúcar, sin afán de quemar marcas, pero ese primer nombre que se te vino a la cabeza, ése no, ni los que se le parecen. Si elijes suplemento, verifica la dosis con algún profesional de la salud.
  • Aumenta consumo de prebióticos: fibra, que ayuda a restaurar la flora intestinal, se encuentra en alimentos como el plátano, la cebolla, el puerro, etc.
  • Usa los antibióticos como último recurso: si bien en algunos casos pueden salvar vidas, el uso irresponsable e injustificado de antibióticos puede acabar con tu microbiota intestinal fácilmente.
  • Dale a tu aparato digestivo un descanso: intenta no hacer comidas pesadas y evita harinas refinadas, comida grasosa y aléjate del azúcar.
  • Incluye vegetales fermentados en tu alimentación, son potentes desintoxicantes y ricos en probióticos.

Espero que después de leer esto, no subestimes la salud de tu aparato digestivo, y en especial la de tu intestino, recuerda que si hay algo mal con tu intestino, hay algo mal con tu salud.

¡Gracias y hasta la próxima!