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¿Por qué el miedo a volar?

Gisel Alvarado

La pregunta del millón que se le hace a cualquier tripulante aéreo es: ¿y no te da miedo volar?
La respuesta por supuesto es no, ¿ustedes deberían temerle? Tampoco, pero vamos a analizar el por qué de este sentir de la mayoría de los pasajeros.

El ser humano, naturalmente, le tiene miedo a lo que no conoce, así pues trataré de explicar qué es lo que causa que se pongan a rezar el rosario en vuelo y con suerte lograré que disfruten las turbulencias tanto como yo.

Antes que nada, conviene recordar que el avión es el medio de transporte MÁS SEGURO QUE HA INVENTADO LA HUMANIDAD. Y si les sirve de consuelo, ningún avión se ha caído nunca por turbulencia.

Vamos allá.
El asunto en cuestión es la Magnitud; el gran tamaño de un avión, más la larga distancia que va a recorrer, más la inmensa altitud a la que volará a más de 900 kilómetros por hora es la receta perfecta para el temor. Y para colmo, está la turbulencia, que es capaz de sacudir al avión, jalarlo, empujarlo y hacerlo caer varios metros, pero en todo caso no es algo para que el avión no esté preparado, recordemos que los aviones están diseñados para no caerse.

La turbulencia es aire enroscado de manera caótica, el aíre es un fluido y en los fluidos puede haber corrientes, las causantes de estas corrientes son la humedad, el frío, el calor, demás cambios climáticos e incluso la misma rotación de la tierra contra la dirección del viento. Estos son factores que nadie puede controlar pero que el avión puede evadir.
La nube más peligrosa para un avión tiene el nombre científico de Cumulonimbus, la cual es responsable de la turbulencia extrema, puede llegar a medir hasta 20 kilómetros de alto desde su base, y dentro de ella pueden encontrarse granizos del tamaño de un balón de fútbol, esto obviamente tira un avión pero aquí no se trata de meterles más miedo, sino de quitárselos, es por eso que el avión, tan precioso, cuenta con un radar en sus controles que detectan estas nubes con anticipación, para que así los pilotos puedan darle la vueltita lo más que puedan sin desviarse de su ruta asignada.
La próxima vez que viajen en avión y éste se mueva mucho, no es que el capitán “maneje” mal el avión, es que van atravesando una zona turbulenta que no pone en riesgo la seguridad del vuelo. Por eso hagan caso por favor y abróchense los cinturones de seguridad para evitar que caigan de sus asientos. Hagan de cuenta que están en Six Flags y disfrútenlo lo más que puedan.

Recuerden que pueden amargarse la vida pero no perderla.

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#2deOctubreNoSeOlvida

J. Jesús Reyes R. del Cueto

“2 de Octubre, no se olvida” se ha convertido en una frase famosa en este día. Trillada. Popular. Demasiado repetida para algunos. Con mucho significado para otros y vacía para muchos. Si la frase, tal vez, se ha convertido en algo sin sentido, el significado detrás de ella y de las personas que la pronuncian no debiera de ser olvidado. Porque lo que sucedió hace 46 años (aunque el gobierno todavía no lo quiera aceptar) es lo equivalente a una tragedia nacional. Un número todavía incierto de jóvenes fueron sujetos a una muerte fría, opaca, injustificada, violenta e injusta a manos de los poderosos. A estos jóvenes se les asesinó simplemente por tratar de ejercer su derecho humano a la libre expresión, y hasta el día de hoy no se ha hecho justicia por sus muertes. A muchos más jóvenes se les desapareció y/o se les sujetó a encarcelamientos y torturas también injustas e injustificadas. Lo peor de todo es que casi medio siglo después, una gran parte de nuestra población sigue sin saber lo que sucedió aquella tarde-noche en la plaza de las Tres Culturas. La gran mayoría sabe que hubo estudiantes asesinados, pero no la razón de su lucha o las circunstancias de su muerte. Para evitar otra gran tragedia, esto tiene que cambiar.

Como diría Fernando Delgadillo, el “2 de Octubre en Tlatelolco, continua estando presente, ronda en plazas y mítines, pavoroso y contundente”. El 2 de Octubre y su espíritu estuvieron en Tlatlaya, Estado de México el 30 de Junio. Estuvieron en Iguala, Guerrero el viernes pasado. Están en el politécnico y las decenas o centenas de instituciones educativas en donde los estudiantes todavía no pueden hacer que su voz sea escuchada en la toma de decisiones. Estuvieron en la represión del 1ro de Diciembre y en Atenco. Estuvieron en Acteal en 1997 y siguen estando con cada mujer ultimada en Ciudad Juárez. Están en cada parte y rincón de nuestro país. Están en la guerra contra el narco y la inseguridad. Están en cualquier lugar donde el miedo nos paraliza y nos detiene. Están en las calles de incontables ciudades que siguen cargando los vergonzosos nombres Díaz Ordaz o Echeverría (como nuestra propia Zacatecas). Están en los jóvenes que no pueden salir por miedo a que sean secuestrados o baleados. Están en los trabajadores de gobierno que no van a mítines políticos, se afilian forzosamente a partidos, o simplemente no pueden expresar su opinión política en las redes sociales por miedo a perder su trabajo. Están en los votos de miles que siguen sin ser libres del todo. Están en cada lugar en donde hay personas sin ejercer de lleno sus derechos y libertades.

Siguen estando en todos lados y la única manera de irlos erradicando y sacando de nuestra vida política y social es el conocimiento total de lo que paso aquel 2 de Octubre. Solo a través de la transparencia total y el esclarecimiento pleno de los hechos podremos ser libres del fantasma que todavía cubre esa plaza de las tres culturas y cada plaza en donde nosotros: los opositores, los cuestionadores, los críticos nos expresamos. Como ciudadanos tenemos que hacer nuestra parte; tal vez el gobierno nunca decida reabrir el caso y esclarecer los hechos, pero nosotros si podemos investigar e informarnos. Saber bien a bien lo que sucedió leyendo libros, viendo películas y documentales, escuchando los recuentos de la gente que estuvo ahí y todavía vive. Y después de conocer y entender los acontecimientos, también es nuestra responsabilidad, desde cada una de nuestras trincheras, exigir que los 2 de Octubres dejen de existir. No solo que dejen de existir en Tlatlaya, Iguala, Atenco o Acteal, sino también que dejen de existir en Hong Kong y en la plaza Tahrir. Dejen de existir en Caracas y Ferguson, Missouri. Dejen de existir en Kiev, Moscú, Aleppo y Mosul.

Para empezar, el que quiera saber más de lo que sucedió en Tlatelolco puede leer, el libro que (a mi parecer) es la mejor narración del evento que es La Noche de Tlatelolco de nuestra querida Elena Poniatowska. También hay un sinnúmero de documentales y películas al respecto, muchos de los cuales se pueden encontrar completos en Youtube como: Rojo Amanecer, El Grito, Matanza de Tlatelolco, Las claves de la Masacre, La Masacre de Tlatelolco. Obviamente hay muchas más fuentes e invito a los lectores que quieran ampliar esta lista, pongan sus sugerencias en los comentarios.

#2deOctubreNoSeOlvida

Recordando a un torero

Luis Ignacio Escobedo

En la historia de la tauromaquia hay toreros de suma importancia, pero hay uno que es especialmente interesante ya que marcó la historia, modifico lo establecido, vivió como los grandes, dicto cátedra de toreo y dio un gran paso en la evolución del toreo, la quietud.

Un escritor inglés llamado George Barker le dedica un poema llamado “The death of Manolete”, dentro de su libro “Vision of beasts and gods”, en 1954.

Muere tú, rey. Mitra. ¿Dónde estaba la muerte
oculta en las diez horas en que yacías tú
dándole a Linares su gran leyenda roja?
El monstruo. Muerto. Vivo el sol, llevaos el cadáver.

¿Gritó la espalda en su mano? La arena
lloró al verle caer. Tu, rey, muere. El miura
Mugió al cornar a su Dios. Pero la larga
cara de piedra, santa, se sintió más segura

Tan sólo en la quietud que corona siempre. Tú.
Rey, muerte. El matador, con rastros de toro en su vientre.
Se dirige altanero hacia su muerte bajo el capote;
Negro, islero hace honor al lugar donde cae.

¡Oh expiación! El rey y el toro rozándose,
comparían un reino. El estoque y el cuerno
duermen juntos. Justicia. Vosotros, reyes, morís.
Entre este hombre y este toro un mito ha nacido.

Evidentemente habló de Manuel Rodríguez “Manolete”. Muerto por asta de Islero en Linares el 29 de agosto de 1947.

El miedo la base del valor.

LUIS IGNACIO ESCOBEDO

¿Qué es el valor?

El valor es subjetivo y efímero. En el momento menos indicado puede desaparecer o puede suceder todo lo contrario.

Los toreros pasamos miedo y mucho, al igual que los corredores de coches, que los actores e incluso que los padres de familia. Obviamente son diferentes miedos y en mayor o menor cantidad, pero al fin y al cabo miedo. El miedo sólo tiene una razón de ser y es la falta de conocimiento sobre algo que se desconoce. En el caso de los toreros, por eso nunca se quita, porque cada toro es diferente, es un mundo totalmente distinto al pasado.

En mi caso particular yo paso miedo cada tarde que toreo, algunas más y en otras menos, dependiendo la importancia del compromiso, las condiciones del clima y obvio la catadura del toro, la verdad es que todo influye y lo único que puedo hacer para solventar el miedo es prepararme bien.

Todas las tardes que toreo doy gracias a Dios que me da la oportunidad de vestirme de torero nuevamente, y momentos antes de que salga mi primer colaborador (el toro) pienso “¿Qué estoy haciendo aquí? Esta es la última vez y me quito de torero.” En casi todas las ocasiones ese pensamiento viene a mi mente, pero después del primer capotazo se me olvida y al final del festejo lo que más quiero es una nueva tarde para torear.

Lo que quiero dar a entender con esto es que el miedo siempre existirá.

Entonces en si en sí ¿qué es el valor? ¿Es la ausencia total del miedo? A mi forma de ver las cosas; el valor existe gracias al miedo, sin miedo el valor no existiría. El valor es sobreponerse al miedo, superar nuestra fobia, nuestro trauma, nuestro temor…

Por eso en el patio de cuadrillas los toreros pasamos aceite y más cuando sabemos que esa tarde tenemos que triunfar y para triunfar tenemos que arrimarnos y hacer cosas que en verdad nos causan pánico. Como en mi casó lo fue cuando me he puesto de rodillas, cuando me fui a la porta gayola, o cuando puse los pares de banderillas cortas. Eso es superar el miedo, eso es tener valor, poquito y quizá medido pero valor a fin de cuentas.

El más miedoso puede ser la persona más valiente.