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Trump vs. Hillary

J. Jesús Reyes R. del Cueto

Este pasado lunes se dio el primer debate presidencial en los Estados Unidos entre la candidata demócrata, Hillary Clinton y el candidato republicano, Donald Trump. Antes de este importante encuentro mis predicciones personales eran que Clinton ganaría con una buena ventaja. Ella es una política tremendamente preparada y con años de experiencia enfrentándose a un personaje improvisado, con nula experiencia y sabiduría de asuntos públicos y además con opiniones racistas y aislacionistas que tienen apoyo solo en lo ya es una minoría en este país: hombres heterosexuales, blancos y cristianos que ya no son suficientes en número para ganar una elección presidencial.

Las encuestas generales publicadas en los días anteriores al debate indicaban lo mismo, con una ligera ventaja de Clinton de cuatro o cinco puntos porcentuales. Pero también indicaban una victoria demócrata los predictores que son aún más importantes, los votos electorales. Recordemos que en Estados Unidos el candidato que gane el voto general, sino más bien el candidato que logre reunir más votos electorales asignados por los estados; entre más grande es el estado, más son el número de votos electorales que este estado posee.

Dicha matemática electoral en esta contienda de ninguna manera favorece a Trump, ya que dado su bajo apoyo entre minorías y afroamericanos ha hecho que estados como Florida, que normalmente son esenciales, favorezcan por altos márgenes a la Ex-Secretaria de Estado Clinton. Otros estados que normalmente son victorias aseguradas para los candidatos presidenciales republicanos, ahora están en la contienda; tal es el caso de Georgia, Arizona y en una de esas Texas. Por todas estas razones era, y aun es de esperarse que Clinton se alce con la victoria.

Sin embargo, el lunes del debate despertó ciertos miedos en mí de la posibilidad de una victoria de Trump que antes estaban al menos parcialmente latentes. La principal razón es una invaluable lección que he aprendido en estos últimos meses en clases de comunicación y medios: los debates y una buena parte de los votos, se ganan con emociones y no con hechos. Esto suena triste y decepcionante si es que queremos que las personas mejor preparadas y que más saben sean los que ganen debates, votos y elecciones, pero desgraciadamente así funcionan las cosas. Para convencer a una gran parte del electorado que vote por ti, debes de convencerlos a través de alguna conexión emocional; las principalmente usadas en la arena político-electoral son la esperanza, la ira y el miedo.

El lunes Trump me demostró porque ha convencido a millones de personas de que voten por él y su proyecto a través de conectar con las partes de su corazón (en realidad cerebro) que está enojado por la situación actual y que tiene miedo de migrantes y terroristas que cambien o transformen a “su” país de algo que hace mucho tiempo ya no es. Este no sería un problema si Hillary contraatacara con un mensaje emocional propio, uno de esperanza. Un mensaje que les llegue a los corazones de los norteamericanos y su infinito (y, según ellos, único) potencial; que les haga saber que solo logran ser mejores y avanzar cuando están unidos y van más allá de sus divisiones raciales o generacionales. Sin embargo, esto no se le da a Hillary, lo suyo son los planes, las propuestas, los números, pero no las conexiones humanas.

A pesar de lo que acabo de describir, es cierto que Trump también mostró una debilidad: el hecho de que fuera de su enojado y gritón ser, no hay mucho más allá de su personaje, eso es todo, y a la gente le está empezando a disgustar. Un personaje que le grita e interrumpe durante 90 minutos a una mujer preparada y lista para gobernar tampoco es muy agradable; más si eres una mujer que has tenido que soportar que tus compañeros de trabajo, jefes, esposos o familiares hagan lo mismo contigo. Por este detalle, espero y pienso que Hillary sigue controlando su destino, y a menos de que suceda algo fuera de lo normal, ganará la elección. Pero el peligro de un güero loco, un muro y el regreso al poder de una política xenófoba y excluyente está ahí y está cada vez más presente.