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Perdón, Peña

Por Rogelio Cárdenas Vargas

Han pasado 16 años desde que el PAN logró la alternancia en nuestro sistema político con la llegada de Vicente Fox, aquel ranchero bonachón de bigote que prometió sacar a las víboras prietas, alimañas y tepocatas del sistema, no lo hizo. Después, un chaparrito pelón de lentes, prometió traer seguridad a nuestro país y terminar con el narcotráfico, tampoco lo logró.

12 años perdidos en discursos llenos de promesas de cambio que nunca llegaron. Ahora, el guapo que salvaría a México del subdesarrollo gracias a un conjunto de reformas estructurales que permitirían al país sacar su máximo potencial en beneficio de la ciudadanía, pide perdón no por no lograr sus objetivos discursivos, sino por no poder ocultar su corrupción, por su incapacidad, por su estupidez.

Hace unas semanas, la intervención de Obama sobre el concepto de populismo que manifestó Peña Nieto duró muy poco entre nuestro medio político, pero evidencio el bajo nivel conceptual que poseemos en nuestro sistema. Peña Nieto, en aquella intervención alertaba los peligros del populismo en la política, palabra muy empleada en nuestro país para denostar principalmente a los políticos de izquierda, un concepto erróneo como se lo hizo sabe Obama.

Demagogia es la palabra que debió emplear, como la que han empleado tanto el PAN como el PRI para llegar a gobernar, discursos que dicen lo que la gente quiere oír, pero sin sustento o con pocas posibilidades de poderse efectuar. La demagogia que lo llevo a pedir perdón en su discurso sobre la ley anticorrupción, como llevó a López Portillo a llorar en un informe de gobierno.  La demagogia que empleo Vicente Fox o Felipe Calderón asegurando que ellos no eran como el PRI y que cambiarían nuestro país, sin cambiar nada.

Son muchos años ya de gobiernos demagogos, de gobiernos de discursos populares y de acciones para los privilegiados, de fantasías discursivas y acciones punitivas, que agravan la desigualdad y enfrentan a la sociedad.

Ya ha comenzado la carrera presidencial, estamos transcurriendo los últimos tiempos del peor gobierno que me ha tocado vivir y teniendo a Vicente Fox en el retrovisor ya es mucho decir. Comenzaran los mensajes contra el populismo, los discursos del miedo, los discursos de la confrontación, los mismos discursos que nos tienen en el subdesarrollo, pagando combustibles caros, con empleos baratos y con el sistema educativo olvidado. Los discursos de la demagogia llagarán a nuestros oídos y quizá sea tiempo de hacer oídos sordos.

Quizá aquel monstruo populista no sea tal, si Obama se considera populista ¿a quien no le gustaría tener un presidente como Obama lo es para los americanos? Un presidente que piense en su pueblo antes de pensar en los consorcios, los poderes fácticos o las élites políticas y sociales. Debemos comenzar a distinguir entre populismo y demagogia, la demagogia la hemos sufrido innumerables años.

Alguna vez creí que no existiría ningún presidente capaz de sobrepasar la bufonería y demagogia de Fox, Peña me ha demostrado una y otra vez que me equivoqué. Perdón Peña, te sobrevaloré, no lo volveré a hacer.

Semana de malas noticias

J. Jesús Reyes R. del Cueto

Hace dos semanas escribí acerca de mi decepción después de un resultado sorpresivo y deprimente en las elecciones en Zacatecas.

Es importante mencionar que esa misma jornada electoral también dejó algunas buenas noticias en el gran voto de castigo que se dio al PRI, que perdió 7 de las 12 gubernaturas en juego, incluyendo históricos bastiones priistas como Durango, Quintana Roo, Tamaulipas y Veracruz.

De la misma manera, ganó por amplia ventaja el que, probablemente, era el mejor candidato en todo el país, el panista Javier Corral, un hombre honesto, crítico y de principios que, si bien mantiene una posición ideológica diferente a la mía, estoy seguro hará un gobierno honesto y cercano a la gente.

Estas fueron las últimas buenas noticias que recibimos a partir de la publicación de mi pasado artículo y aunque mi ánimo no es querer deprimirlos, es importante resaltar los retrocesos que han sucedido en estas dos semanas para la política mexicana e internacional.

En primer lugar está la aprobación de un Sistema Nacional Anticorrupción que es más simulación que otra cosa y en nada ayudará a reducir los altísimos niveles de impunidad y corrupción en nuestro país; simplemente será una maniobra para que la clase política pueda anunciar con bombo y platillo que efectivamente están siendo vigilados.

Junto con esta aprobación vino el aplastamiento institucional de lo que era la iniciativa ciudadana más importante en la historia de México, el famoso 3 de 3. Un total de 634,000 mexicanos firmamos la solicitud para incluir este mecanismo dentro del sistema Anticorrupción, para requerir que los servidores públicos o aspirantes a serlo se vieran obligados a presentar su declaración patrimonial, fiscal y de intereses y hacerla pública, para que fuéramos los ciudadanos los que vigiláramos y no las opacas secretarías de función pública.

Esta petición ciudadana histórica pasó en el Senado y en la Cámara de Diputados, pero con un pequeño pero importantísimo cambio, las declaraciones ya no tendrán que ser públicas y entonces el país sigue igual, sin la posibilidad de que sus ciudadanos escruten las ganancias de los poderosos.

Cabe mencionar que los votos estaban para que este mecanismo pasara en ambas cámaras (PRI, Verde y Nueva Alianza votando en contra y PAN, PRD, Movimiento Ciudadano y MORENA votando a favor). Sin embargo, gracias a la falta de pantalones de algunos Diputados y Senadores panistas, perredistas, petistas, de Movimiento Ciudadano y MORENA, que se ausentaron o no votaron a pesar de estar presentes, haciéndole la chamba al PRI. Entre ellos están la diputada zacatecana Claudia Corichi de Movimiento Ciudadano y el petista Héctor Adrián Menchaca Medrano, Senador suplente de David Monreal. Aquí y aquí pueden encontrar la lista completa de supuestos representantes populares que votaron en contra o no votaron. ¡Gracias por derrotar lo que hubiera sido una importante victoria ciudadana!

No podría tampoco ignorar los deplorables hechos en Nochixtlán, Oaxaca en donde la represión policial del gobierno federal resultó en la muerte de 9 personas y más de un centenar de heridos. Esto se dio en un enfrentamiento con los maestros de la CNTE, mientras bloqueaban una carretera en manera de protesta por la implementación de la reforma educativa.

Es cierto que la CNTE  nunca ha sido un ejemplo cívico de como manifestarse pacíficamente, sus métodos siempre han estado al borde de la violencia y afectación del derecho de terceros. Sin embargo, nada de eso justifica el uso de la fuerza para matar a 9 ciudadanos, por cuyas vidas el país entero debe estar indignado. Hay evidencias claras de que se usaron armas de fuego y de alto calibre para reprimir a los maestros y tendríamos que demandar como ciudadanos que cayeran varias cabezas responsables de los hechos (Aurelio Nuño primero y Osorio Chong después).

Las mesas de diálogo ya comenzaron entre la CNTE y la secretaría de gobernación y ojalá lleguen a un acuerdo que permita resolver las quejas, muchas de ellas justas, de los maestros que en ningún momento fueron consultados en una reforma que debió de tener como principal objetivo mejorar el sistema educativo en México, no solamente quitarles derechos laborales a maestros incómodos y subversivos. Si bien las mesas de diálogo apuntan a un buen camino, los familiares y amigos de esas 9 víctimas jamás los volverán a ver, y eso es algo inhumano y más cuando sucede a manos del gobierno. No cabe más que expresar nuestras condolencias y exigir que se esclarezcan los hechos y que los responsables (los de arriba), respondan por sus errores e incompetencias.

Yéndonos a noticias internacionales, ahí también hay malas noticias. En nuestro vecino del norte hace unos días la suprema corte, en una decisión dividida, decidió suspender el programa del presidente Obama que permitía que millones de connacionales indocumentados salieran de las sombras y regularizaran su status legal para poder trabajar sin miedo a ser deportados.

El voto se dio 4 contra 4, así que la decisión de suspensión de la corte menor se mantiene hasta que haya un noveno juez que pueda romper el empate. Esto no se dará hasta el próximo año que tome el poder el nuevo presidente (Trump o Hillary), debido a la inacción del congreso con mayoría republicana que no quiere darle a Obama la oportunidad de poner otro juez más en la banca de la suprema corte de aquel país. Mientras tanto, los que pierden de ese juego político son los millones que cada día tienen que andar con miedo, esperando que no sean separados de sus familias por una deportación.

Por último, el Jueves pasado Gran Bretaña (Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte) votaron para definir su permanencia o salida de la Unión Europea. A pesar del fuerte voto a favor de permanecer en la EU por parte de grandes ciudades (Londres, Manchester, Liverpool, etc.) y de Escocia e Irlanda del Norte, la mayoría de los Británicos (52%) decidieron salir de esa organización plurinacional en lo que se ha conocido como #Brexit.

Esto manda a la economía mundial a un proceso de incertidumbre y probablemente decaída gracias a lo que esto significa en los mercados internacionales de comercio. La libra esterlina cayó estrepitosamente, lo cual también ayudo a una caída más profunda del peso y a un anuncio preventivo del gobierno mexicano de que recortará el gasto público por 31,715 millones de pesos para evitar caer en recesión. Esto significa bastantes recortes en programas de apoyo público de los que se benefician millones de mexicanos, probablemente los más afectados y los que menos vela tienen en este entierro.

Esperemos que dentro de las próximas dos semanas sean más las buenas que las malas noticias. ¡Gracias por su lectura y hasta la próxima!

Carta abierta al Presidente Obama*

JESÚS REYES

En esta ocasión, queridos amigos lectores, les comparto una carta que le escribí al Presidente de los Estados Unidos de América, Barack Obama, en las vísperas de su visita a Toluca. En este espacio, la reproduzco integra:

Querido Presidente Obama:

Mi nombre es Jesús Reyes, soy un ciudadano Mexicano de 23 años viviendo en mi estado natal de Zacatecas. Sin embargo, por siete años fui un residente legal del estado de California en los Estados Unidos, del 2005 al 2012. Cursé la preparatoria por tres años en Albany, California y después fui premiado con una beca del 100 por ciento para asistir a la Universidad de California campus Berkeley. Completé mi licenciatura en Ciencias Políticas y un diplomado en Estudios de Paz y Conflicto en el 2012 y después de graduarme regresé a mi país para tratar de aplicar la educación que había recibido para mejorar la situación de mis compatriotas Mexicanos.

Siempre he tenido una gran simpatía hacia usted. Desde que incursionó en la escena política en el año electoral 2008, sabía que apoyaría gustosamente su candidatura porque para mí, usted representaba un cambio real en un sistema que lo necesitaba profundamente. Para mí, usted hablaba por los millones que no tenían voz; las minorías raciales, los que eran discriminados, los pobres no solo en Estados Unidos pero alrededor del mundo. Mientras me graduaba de la preparatoria y comenzaba mi despertar político me ofrecí a trabajar voluntariamente para su campaña; hice llamadas telefónicas, repartí calcomanías y posters, mandé emails, convencí gente. Recuerdo perfectamente el día que tomó posesión, su inauguración como presidente, el martes 20 de enero del 2009; recuerdo porque ese fue mi primer día como estudiante universitario y la práctica de laboratorio de química (quería estudiar medicina en un principio) que fue mi primera clase universitaria tuvo un receso especial para que todos pudiéramos ver su discurso inaugural, eso es lo que usted significó para toda una generación de jóvenes.

Su discurso ese día es probablemente uno de mis favoritos de la historia, especialmente me gustó el mensaje que le dio al mundo: sentí que era personal. Entendía pero no podía simpatizar con todas esas palabras que dirigió a la gente estadounidense, yo no era una de ellas, pero era parte del resto del mundo. Entre varias cosas que me marcaron, usted dijo “que Estados Unidos era un amigo de cada nación y cada hombre, mujer y niño que buscara un futuro de paz y dignidad”, propuso un mundo de “mayor entendimiento entre las naciones”. Sus exactas palabras fueron: “a aquellos que se mantienen en el poder a través de la corrupción y la mentira y el silenciamiento del desacuerdo, sepan que están en el lado equivocado de la historia” y “a la gente de las naciones pobres” les dijo que “prometía trabajar junto con ellos para hacer que sus campos prosperaran y dejar que las aguas puras fluyeran; para nutrir cuerpos necesitados y alimentar mentes hambrientas”.

Es precisamente por eso que le escribo a usted el día de hoy. Sé que actualmente está enfrentando un momento difícil en su presidencia, que sus números de popularidad no están donde ni usted ni yo quisiéramos que estuvieran y que las acciones que usted prometió tomar han sido difíciles de cumplir debido a una oposición terca y con la cual es difícil trabajar. Eso es un tema para otro día y otra carta; sin embargo, la relación que ha establecido particularmente con el gobierno de mi país es algo que me preocupa profundamente.

En un comunicado distribuido por la cancillería mexicana el pasado lunes 13 de enero, decía que usted le había llamado al presidente de México, Enrique Peña Nieto y lo había felicitado por la implementación exitosa de varias reformas constitucionales durante su primer año en el poder. Para mí, la realidad de que usted haya hecho eso y que piense que estas reformas son buenas para mi país va directamente en contra de lo que usted dijo en Washington esa mañana fría de enero del 2009. La realidad de mi país es que la mayoría de las reformas impulsadas por Peña Nieto son rechazadas por la mayoría de la gente y no reflejan lo que los ciudadanos quieren para el futuro de su y mi país. Esto es especialmente el caso de la última y más importante de las reformas aprobadas; la energética.

México siempre ha tenido un gran orgullo de su industria petrolera pública y la compañía que la representa: PEMEX. En 1938, uno de los mejores presidentes en la historia de este país, Lázaro Cárdenas (el Franklin D. Roosevelt de la política mexicana si usted quiere), nacionalizó y expropió el petróleo de nuestro país y expulsó a las compañías que lo estaban extrayendo. Esto no fue fácil y tampoco fue hecho simplemente por un falso sentido de patriotismo; Cárdenas entendía que el petróleo (ya que lo teníamos en grandes cantidades) podía ser la palanca del desarrollo que México necesitaba después de una revolución sangrienta; y aunque fue costoso expulsar a estas compañías, el pueblo de México se unió y voluntariamente le pagó al gobierno lo que pudieran para que México pudiera indemnizar a estas corporaciones y el petróleo pudiera ser nuestro y apoyar a las generaciones futuras.

Ahora, con el simple trazo de una pluma, Peña Nieto está abriendo esta industria clave a los intereses extranjeros y les está permitiendo producir ganancias de algo que es supuestamente solamente propiedad de los mexicanos. Es, aunque el presidente no lo quiera admitir, una privatización de facto. Sé que si usted es un creyente en el libre mercado no le parecerá esto tan insultante y ofensivo como le parece a la mayoría de los mexicanos, pero la realidad que hemos tenido que enfrentar en México es que esto ha pasado con un sinnúmero de otras industrias, para resultar simplemente en el detrimento del desarrollo de nuestro país. Los ferrocarriles fueron privatizados y ahora ya no tenemos trenes, la industria telefónica y de comunicaciones fue privatizada (regalada más bien) y esto creó precios exorbitantes para los consumidores y una de las fortunas más grandes del mundo cuando la mayoría del país vive en la pobreza, los bancos también fueron privatizados y un poco tiempo después la mayoría de estos se declararon en bancarrota y tuvimos que rescatarlos con fondos públicos (una deuda que seguimos pagando hasta el día de hoy). Por todas estas razones y muchas más, no estamos tan seguros que esta privatización de facto de la industria petrolera resultará en algo más que el despojo del único recurso que queda en las manos del pueblo.

Le digo todo esto porque usted propuso un mayor entendimiento entre naciones y es fundamental que usted entienda todo esto antes de que felicite a nuestro presidente por algo con lo que la mayoría de los mexicanos no estamos de acuerdo. Esta reforma fue escasamente discutida en el congreso y fue aprobada el 12 de Diciembre, un día en el que celebramos una fiesta muy sagrada, y los congresos locales la ratificaron solamente unos cuantos días después entre protesta y agitación social de algunos, mientras la mayoría de la gente se estaba preparando para las vacaciones. Ahora, mucha gente está proponiendo y demandando una consulta ciudadana para ver si en realidad esta reforma es apoyada por la mayoría de los mexicanos; como este es un tema clave en el sistema político de nuestro país lo único que queremos es que nuestro gobierno nos escuche. El partido en el poder ha negado la posibilidad de que esto suceda.

Usted puede preguntarse que si esta es la realidad, si la mayoría de la gente no está de acuerdo con las acciones de Peña Nieto, entonces ¿Por qué lo elegimos como nuestro presidente hace apenas dos años? La realidad es que las mismas cosas contra las cuales usted habló en ese discurso inaugural son las mismas cosas que él usó para ser elegido, corrupción y mentira; por esto: de acuerdo a su propio juicio, él (Peña Nieto) está en el lado equivocado de la historia. La elección del 2012 estuvo plagada de irregularidades y el dinero fluyó en cantidades increíbles para comprar el voto de la gente. Por más que mucha gente como yo tratamos de detenerlo, no pudimos hacerlo.

Como usted describió en su discurso, yo soy simplemente un hombre buscando paz y dignidad para mi país y sé que estas reformas pasadas recientemente no son la manera de lograr ese objetivo. También dijo que ayudaría a naciones pobres como la mía a crecer y prosperar y hay un sinnúmero de expertos que estarían de acuerdo en que felicitar a un presidente por ir en contra de la voluntad de la gente no es la manera de hacerlo.

Sé que esta carta tiene muy pocas probabilidades de llegar a sus manos y menos de que usted sea directamente el que lea estas palabras, pero tal vez es el mismo optimismo que usted infundio en mí durante ese discurso inaugural el que me empuja a escribirla de cualquier manera. Somos un país que necesita ayuda Sr. Presidente, un país con crecientes problemas de violencia, con homicidios y balaceras todos los días, un país lleno de pobreza indignante y desigualdades enfurecedoras, un país que después de haber luchado para terminar 70 años de la “dictadura perfecta” está enfrentándose a la posibilidad de que esta se establezca una vez más en el poder.

Por favor entienda la terrible realidad en la que se encuentra mi país y haga algo para detenerla. En el peor de los casos, deje de apoyar a un gobierno que no es legítimo en los ojos de muchos y al que le importa muy poco lo que la gente quiere.

Atentamente,

J. Jesús Reyes R. del Cueto

*Esta carta fue traducida al inglés y enviada tanto electrónica como físicamente a la casa blanca y a Organizing for Action, la organización comunitaria que encabeza el Presidente Barack Obama.