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México y el “Contrarreformismo”

Ante la ausencia prolongada e injustificada no hay pretexto, así que sin más ni más aquí estoy, reapareciendo con palabras y conjeturas que pretenden siempre servir de motivo para la reflexión de aquellos que me honran con la lectura de estas pequeñas aportaciones.

En la vida social y política de México hemos tenido algunos puntos de inflexión que para bien o para mal han cambiado el rumbo de la historia; el movimiento de Independencia, que mejor dicho fue una lucha por el derecho al “autogobierno”, pero que a final de cuentas representaría la primera lucha social de nuestra historia moderna; la Reforma, que sentó las bases del Estado Laico en el que aunque vapuleado, actualmente vivimos; la Revolución, que sentaría las bases del México moderno con sentido social y que materializaría los anhelos de los idearios de la Reforma; y de ahí damos acaso un brinco enorme en la línea del tiempo para llegar al que lejos de ser un movimiento social, constituye el retroceso de los grandes logros sociales de antaño, me refiero a la adopción del modelo Neoliberal en el periodo que corre desde 1982 hasta nuestra actualidad y en el que identifico dos momentos claves que modificarían sustancialmente la historia de nuestro país: 1) 1994 con su tratado de libre comercio, el levantamiento zapatista y los magnicidios de Luis Donaldo Colosio Murrieta y José Francisco Ruiz Massieu, sendos políticos del hasta entonces aún parcialmente revolucionario PRI y 2) 2012-2014 con el espíritu que yo llamo “contrarreformista” que viéndolo objetivamente, representa de facto la marcha atrás del sentido social de nuestra constitución de 1917 en materia laica, laboral, energética y buena parte de la educativa.

Vale la pena mencionar, que para hacer posibles estos dos puntos, más allá de las fronteras mexicanas, el año de 1989 jugaría un papel fundamental, ya que el acuerdo cupular entre políticos, empresarios y el vaticano, con el incitado movimiento de protesta “Solidaridad” (del que quizás y solo quizás, tomara el nombre el programa social estrella del entonces presidente Carlos Salinas de Gortari) en Polonia, sí, el país de origen del entonces Papa Wojtyla, en el que mucho influyó política y socialmente, terminaría con el “imperio” soviético socialista, que representaba quizás el freno al libre avance del Neoliberalismo rampante.

Ese periodo entonces, de 1989 a 1994, redireccionaría la historia de nuestro país, pues a partir de ello se fortaleció enormemente el sector empresarial, se desmantelo la estructura gubernamental que el revolucionario institucional logro construir para impulsar el desarrollo de la nación, se reestructuró la relación gobierno-narco fortaleciendo enormemente a este último, se desarticularon en buena parte los movimientos de izquierda que resistieron luchas incluso armadas y en resumen se reconfiguraron las directrices socioeconómicas de México.

Pero gracias a la resistencia social y de algunos entonces todavía dignos izquierdistas, el proceso de instauración neoliberal, se retrasó un par de décadas, en las que paulatinamente nos toco vivir la privatización gradual de los bienes del Estado (con grandes político-empresarios amigos del gobierno en turno, favorecidos), la desarticulación y/o cooptación de los movimientos sindicales, la disminución del poder del Estado, el crecimiento exponencial de los poderes empresariales, principalmente el de los medios de comunicación, el reformismo constitucional a diestra y siniestra y la consecuente disminución de derechos sociales y del ya de por sí insuficiente, estado de bienestar.

Calificar a la implementación del neoliberalismo como retroceso, no es capricho del que escribe; tal afirmación está sustentada por la enorme fábrica de pobres en que dicho modelo se ha convertido y la constante abolición de los derechos sociales conquistados en las señaladas luchas. Así, mientras los resultados de esos antiguos movimientos, aún con las imperfecciones y el mal desempeño de nuestros gobiernos, representaron al menos hasta la década de los 70’s algún esbozo de mejora para un buen sector de la sociedad, esperanzados en el proyecto de nación que con la Expropiación Petrolera impulsara el Gral. Lázaro Cárdenas, el más reciente punto de inflexión, el neoliberalismo, ha posicionado a México en un ambiguo y poco claro horizonte, en el que no se vislumbra un proyecto de nación con sentido social. En sus argumentos se percibe como única justificación, una vez consolidado el entreguismo de los recursos energéticos, ceder todo tipo de recursos a la clase empresarial internacional, para recibir de ellos el beneplácito de promover el desarrollo de nuestra nación de la mano del desbordado libre mercado y el capitalismo salvaje, sustituyendo así la obligación incumplida del Estado, pero a través de la promoción del consumismo, y “los millones y millones de empleos” que generarán (una vez que tomen posesión de los recursos) a costa de los bajos salarios y la consecuente enorme concentración de utilidades.

Hoy gracias a ese “contrarreformismo” vivimos en un país en el que la esperanza de desarrollo de los grupos vulnerables se desvanece, en tanto la concentración de la riqueza y los beneficios de los grandes empresarios y políticos se incrementan, asegurando para ellos la prosperidad generacional al menos en el mediano plazo.

Ante todo esto, vale la pena preguntarse ¿qué país heredaremos a nuestros hijos, los ciudadanos “de a pie”?, ¿qué se vislumbra para ellos en el futuro mediato?, si la “buena voluntad” de los “contrarreformadores” se ve rebasada por el salvaje actuar ya conocido de las grandes transnacionales, ¿con qué capacidad institucional recuperaremos lo que es, o fue nuestro?, ante el abandono de facto de la falsa izquierda actual (AMLO incluido) en los momentos claves del “contrarreformismo” ¿habrá la capacidad para generar un movimiento social (ya no de izquierda, sino simplemente social) que nos permita afrontar los abusos de políticos y empresarios? ¿Despertaremos como nación, o seguiremos en la pasividad en que el sistema político y el modelo económico dominante nos han hundido?

Son solo algunas de las preguntas que en este momento agobian mi mente.

Pero para el disminuir o disimular ese agobio, siempre el buen Jazz, retomando también nuestras recomendaciones musicales, en esta ocasión con el gran guitarrista Pat Martino interpretando la “sabrosa” pieza, Blue Bossa (https://www.youtube.com/watch?v=MyB5YBA2l4M).