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De Autos, Combustibles y Políticas Públicas

Eduardo Ernesto Hernández Castañeda

Me confieso como una de las personas que usan poco el transporte público, aun y cuando viajo en él en promedio tres o cuatro veces a la semana; una de esas personas que viven sobre el tiempo y que procuran moverse de un espacio a otro de la forma más sencilla: en el vehículo particular.

¿Qué tiene ello de relevante? Si se analiza aisladamente nada, pero si se contempla el gran sector de la sociedad con los mismos hábitos de traslado, vaya que cobra relevancia.

Desde el inicio del milenio, la industria automotriz ha sido una de las que mayor impulso ha recibido por parte del gobierno federal. Hoy México ocupa posición en el Top 10 de los países con mayor producción; es el primero en América Latina y el segundo mayor exportador global. Se ha generado excelente mano de obra calificada y de bajo costo para la industria, que ha repercutido en la instalación de plantas ensambladoras de marcas Premium como BMW (mi sueño), marcas “medias” de excelente calidad como Mazda, Honda y Toyota (mis favoritas) y marcas populares como Nissan, Ford, Volkswagen, Chrysler, General Motors, entre otras, que solo para 2015 fabricaron arriba de 3.5 millones de unidades, 80% de ellas destinadas a la exportación.

Aparejada con esta gran producción, el Gobierno Federal ha impulsado políticas para facilitar el acceso al crédito como herramienta para promover el consumo de productos automotrices. Hoy vemos circular muchísimos más vehículos que en el milenio pasado, conducidos en buena proporción por personas de estratos sociales para los que en aquella época, hubiera sido impensable poseerlos. Sin duda todas ellas, políticas que han ayudado a hacer de la industria automotriz, uno de los pilares fundamentales de la economía mexicana.

En apariencia nada reprochable; sin embargo, el impulso a políticas que favorecen el uso del transporte privado, deberían ir acompañadas de inversiones importantes para la generación de infraestructura carretera y urbana adecuada para su circulación, así como de una cultura vial adecuada, fortalecimiento del transporte público y el fomento a mecanismos para garantizar la sustentabilidad de las ciudades, cosas que evidentemente no han sucedido, al menos con la intensidad necesaria.

Lo que sí ha sucedido, es que se ha creado una sociedad consumista -y en buena proporción dependiente- del producto automotriz y por consecuencia, una sociedad altamente consumidora  del insumo fundamental para su puesta en marcha: los combustibles.

Al amparo de todo ello, se entiende la jugosa caja de recaudación que la venta de combustibles -a través del aún “monopolio estatal” PEMEX- representa para el Gobierno Federal; y también a partir de ello y en función de la ley de oferta y la demanda, se entiende la enorme elasticidad de que gozan para incrementar su precio sin sufrir grandes impactos en su demanda. En palabras comunes, en ello radica el hecho de que a pesar del sustancial crecimiento de los precios de los combustibles en este milenio, el mexicano siga consumiéndolo sin recato alguno, aportando una gran cantidad de recurso a las arcas públicas, pero a su vez, contribuyendo a la degradación del medio ambiente y al impacto en la salud de la ciudadanía en general.

Y es que, en palabras del Senador del PAN, Francisco Búrquez, tan solo el más reciente “gasolinazo” representará para el Gobierno Federal, la recaudación de 300 mil millones de pesos extra, cifra nada despreciable si se considera la histórica baja recaudación impositiva en nuestro país, pero que con una visión prospectiva, resulta a todas luces insuficiente para contrarrestar el alto costo que a futuro tendrá en la atención en salud y la regeneración de infraestructura y el medio ambiente.

Lastimosamente, aunque pragmáticamente inteligente, la estrategia sigue siendo la misma: cargar la mano al consumidor-contribuyente cautivo, sin solucionar la problemática de recaudación de fondo, sin dar solución a la escasa capacidad institucional para hacer que paguen más quienes más tienen. Sin embargo, a diferencia de la recaudación por concepto de otros impuestos, esto tiene una parcial solución en mano del consumidor: sencillamente dejar de consumir el combustible; dejar de usar el transporte privado.

La parcial solución no está en protestar por el alza a los precios de los combustibles, que valga decir, han mitigado el enorme vació fiscal provocado por la disminución de los precios internacionales del “crudo”; tampoco estaría en limitar el crecimiento de la industria automotriz, menos aún en su etapa de auge; la solución parcial está en protestar y obligar a los gobiernos, a fomentar la verdadera mejora en los sistemas de transporte público, para que resulte atractivo y beneficioso en economía y calidad para el ciudadano promedio; un sistema de transporte que deje de priorizar los intereses de los concesionarios constituidos en mafias, y ponga en el centro al interés público; un sistema de transporte sustentable, amigable con el medio ambiente y debidamente integrado de acuerdo a las necesidades de las ciudades y a su planeación urbana y territorial; un sistema que por consecuencia, disminuya el alto grado de consumo de combustibles y obligue al Gobierno Federal a replantear las políticas públicas en materia fiscal, de desarrollo urbano y de impulso a la industria.

Reflexiones personales, banas pero no tan banas.

Como recomendación musical para el día de hoy, una adaptación del clásico al jazz, a cargo del gran genio musical de Miles Davis. El Concierto de Aranjuez, de su obra Sketches of Spain. Grandiosa. (https://www.youtube.com/watch?v=tSGUPsAeL34)

LAZARO: LEVANTATE Y ANDA

J. Jesús Reyes R. del Cueto

Por fin lo lograron; las fuerzas políticas que desde el 82 han intentado desmantelar lo que queda del estado mexicano y entregarlo a manos privadas por fin llegaron a la gallina de los huevos de oro: el petróleo. No quiero tocar las clásicas alarmas nacionalistas y socialistas: ¡SE VENDE LA RIQUEZA NACIONAL!; pero al analizar las cosas fríamente no veo espacio para una mejora sustancial.

El problema de Petróleos Mexicanos y de la Comisión Federal de Electricidad, como el de todo el sistema gubernamental en nuestro país, ha sido, es y seguirá siendo la corrupción; y esta no se toca, es más, puede ser que hasta se amplía con los posibles negocios entre entes privados y públicos. Aquella corrupción que ha alimentado al sindicato petrolero y su líder millonario Carlos Romero Deschamps con sus hijos (y mascotas) privilegiados o a diputados y senadores que piden “moches” y después hacen fiestas con señoritas de “moral distraída” gastando miles de pesos que pueden ser o no ser del erario público y así a muchos más.

La corrupción no se toca, ¿y que si? Pues la habilidad de PEMEX y la CFE de controlar recursos estratégicos para el desarrollo del país (quiera el gobierno federal aceptarlo o no, siguen siendo estratégicos, aunque en ley no se denominen así). La inversión privada y  mayoritariamente extranjera llegará a chorros y probablemente ayudará a levantar los números de crecimiento económico y Producto Interno Bruto, pero esto no se traducirá en mejores condiciones para el grueso de la población y menos cuando se entrega la riqueza nacional.

En la ronda cero se estableció que PEMEX mantiene el 83% de las áreas con reservas probadas y probables; suena a mucho pero bajo este esquema el propio director Lozoya Austin aceptó que durante los próximos cinco años que el estado mexicano las explote, seguirá sufriendo la paraestatal convertida en empresa productiva del estado de las mismas prácticas de carga fiscal que sufre en el presente. Para acabarla de amolar, hoy Videgaray aceptó que incluso este porcentaje de reservas pueden ser compartidas si PEMEX decide asociarse para extraer petróleo en casos en los que “no tenga la tecnología suficiente” para hacer lo que ha venido haciendo por muchos años, en aguas someras (no profundas) y con 90% de probabilidades de éxito.  

Ya cuando se comiencen a explotar las reservas “probables” PEMEX solo tendrá garantizado un 21% de estas; ya después de haber sido exprimido de la mayoría de sus recursos, entonces comenzará a competir “justamente” con empresas extranjeras que tienen más tecnología, más financiamiento, más apoyo gubernamental en sus países y pagan menos impuestos. ¡Vaya justa competencia! Parecida un poco a la que Slim y Azcárraga tienen con el resto de los competidores en telecomunicaciones. 

En estos días se ha comenzado una campaña de desprestigio para justificar el desmantelamiento de estas dos importantes empresas paraestatales; se hacen notas y reportajes acerca de lo grave y generalizado que es el robo u ordeñamiento a los ductos de PEMEX o los “diablitos” que se cuelgan de las redes de luz eléctrica sin pagar un centavo, y como esto resulta en pérdidas extraordinarias para el estado mexicano.

Pues sí, eso hay que aceptarlo, gracias a las reformas ya no habrá robos de este tipo; vayamos diciéndole adiós a los diablitos de tantos años, porque no crean que las empresas extranjeras se dejaran robar tan fácilmente, seguro que no. Ahora habrá grupos paramilitares como los hay en Nigeria u otros países protegiendo absolutamente cada kilometro de ductos para que nadie se atreva a robarle un centavo a Shell, Chevron, Exxon Mobile o British Petroleum. Hay que ver lo que tener compañías extranjeras de esa magnitud le ha hecho a países como el nuestro y les digo desde ahorita, los resultados no son muy placenteros. Y es muy probable que estas terminen robando más en evasión fiscal que los diablitos colgados de los alambres.

Pero antes de que políticos empiecen a presumir que van a dejar de existir los robos y las pérdidas millonarias hay que recordarles que los diablitos existen por una razón muy simple, porque los precios son muy altos y los salarios muy bajos y las personas van a valerse de lo que este a su disposición para poner comida en la mesa, o luz en la casa, o gasolina en sus carros.

Ah pero no nos alarmemos ni pensemos que las grandes empresas que vendrán van a abusar de nosotros o “comernos vivos” como nos advirtió el gobernador de california Jerry Brown; no pues para eso estará la Comisión Nacional de Hidrocarburos y el Gobierno Federal que se asegurará que los contratos estén hechos al pie de la ley y las licitaciones no rebasen lo establecido por la normatividad. ¡Sí, claro! Pues si las licitaciones, compras, ventas y contratos entablados por nuestros gobiernos siempre están en regla y no son para nada corruptos…

Para ejemplo la perfecta licitación del nuevo sistema IAVE por Caminos y Puentes Federales (CAPUFE) a un empresario del Estado de México (que sorpresa), que según la testigo social, la Doctora Mónica Barrera, fue la más desaseada que ha visto en su carrera; causando con esto, que el estado contratara la propuesta más cara y menos eficiente y generara un montón de problemas para los usuarios de la red carretera en el país. ¡Por supuesto, hay que confiar en nuestras instituciones! 

Twitter: @CachusRRC