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El secreto de la disciplina

LUIS IGNACIO ESCOBEDO

Han habido personas que me han marcado en la vida. Significan mucho para mi, porque les debo mi formación y mi personalidad. Primero está la familia, que es el pilar de mi vida, pero también a las personalidades ajenas al núcleo familiar que me han ayudado en mi formación las aprecio como si fueran parte de ella.

Quiero hablar de la que quizá es la más importante y representativa. Una de sus frases más célebres, de mis favoritas y la que más repito es: “Los bailarines no nos creemos mucho, somos mucho”. El dueño de la frase es mi maestro Ignacio Sotolongo Rossel, bailarín de ballet clásico egresado de la Escuela Nacional de Ballet de Cuba.

Quizá se preguntarán ¿Por qué decidí escribir acerca de él? La verdad no lo sé. En la clase del día de hoy me di cuenta de que es todo un personaje. Aunque siempre lo he sabido, hoy me ha iluminado y eso me ha llevado a querer hablar acerca del maestro “Nacho”, como todos lo conocen.

La disciplina es lo que mi maestro me ha inculcado, a base de estar ahí y de amar lo que uno hace.

Recuerdo cuando entré por primera vez a su salón de clase, en el majestuoso teatro Fernando Calderón de la ciudad de Zacatecas. Ese día yo no sabía de qué trataba, ni de qué iba esa clase. Yo suponía que llegaría directamente a bailar, aunque no sé cómo, si no sabía nada de ballet clásico.

Cuando entré al salón, para empezar, me topé con puras niñas, lo cual no estaba mal. Nunca me quejé por eso, sino todo lo contrario.

Después una serie de ejercicios en la barra, en los cuales no podía ni mantenerme en pie; los brazos me dolían, al final la piernas ya no me respondían, en pocas palabras, acabé reventado y eso que tomé clase con las niñas pequeñas.

El maestro “Nacho” siempre ha sido exigente, pero sabe como hacerlo. Siempre te motiva a seguir, “si no duele no sirve” y “si no te sale una vez pues hasta que salga”. Yo en aquella época, como todo buen pre-adolescente, era un poco rebelde y fue gracias a él que me asenté en la vida y no me descarrilé. Todos los días, de lunes a viernes, dos horas de clase, y donde se te ocurriera faltar por alguna razón no justificada, así te iba.

Después de algún tiempo,el maestro “Nacho” me cambió de grupo, al intermedio. Posteriormente llegó un tiempo en el que tomaba dos clases al día, una con el grupo intermedio y otra con el avanzado. Lo hacía con el afán de no estar tan atrasado y no seguir haciendo el ridículo con las niñas pequeñas.

Recuerdo gratamente que, al final de la clase del último grupo, había ocasiones en las que nos daban las diez de la noche escuchando al maestro. Nos contaba anécdotas de cuando estaba en la escuela y posteriormente en la compañía de Camaguey, en su Cuba natal. Se nos pasaba el tiempo como agua y era gratificante escucharlo, porque te llenaba de pasión.

Con el paso de los días uno queda atrapado en el ambiente y entregado a lo que haces, y eso te hace ir cada día a tomar clase y a exigirte. El secreto de la disciplina, es la pasión.

Un maestro no es sólo aquel que te da la teoría y la práctica, sino aquel que te explica el por qué, que te fomenta la ambición de saber más, te invita a trabajar más duro y, lo más importante, que te apoya en todo momento. Aunque no sé si un maestro deba hacer eso último… Quizá sólo lo hace el maestro “Nacho” porque él con el tiempo se convierte en un amigo.

Mi respeto y admiración para este hombre que lleva tantos años dedicados a la danza, al arte, a formar artistas y a fomentar la danza en el mundo. Los últimos casi 15 años lo ha hecho en Zacatecas, con la única aspiración de que nosotros los jóvenes amemos el ballet como él lo hace. Lleva en sus manos la dirección del “Grupo Danzaría” que él fundó, y está a la cabeza del taller de danza clásica de la Universidad Autónoma de Zacatecas, del cual han surgido bailarines profesionales que hoy en día están trabajando en compañías del país. También la gran mayoría de maestras de ballet del estado, todos(as) han pasado en algún momento por las clases del maestro, o se han formado en ellas.

Ignacio Sotolongo Rossel es un ícono de la danza en Zacatecas.

“La esencia de todo arte es tener el placer de dar placer“ (Mikhail Baryshnikov)