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La torería natural.

¿Qué es la torería?

La torería es algo subjetivo, difícil de definir. Empecemos por aclarar que no es pose, sino una razón de ser. Es don, privilegio, cualidad. Puede haber torería en la pose, pero más allá de eso, es algo que brota natural. No sólo al torear, sino al andar por la plaza, por la calle, por la vida. Dijo Rafael Guerra “Guerrita” que, para ser torero, hay que parecerlo.

Dos grandes exponentes por todos reconocidos de torería son; Curro Romero, de España, y Lorenzo Garza, de México, de quienes los aficionados decían que sólo con verlos partir plaza, el boleto estaba pagado.

La torería puede brotar por igual en el fracaso y en el triunfo. En la vuelta al ruedo con los trofeos, o bien en el percance. Hasta la manera de abandonar la plaza después de una tarde infeliz puede hacerse con torería.

Tres ejemplos actuales que periodistas utilizan al hablar de torería:

– Torería como conjunción de actitudes positivas en el transcurso de la lidia (seriedad, disposición y vergüenza torera). Joaquín Vidal: “Llovió y sin embargo se estaba tan a gusto en la plaza. Y fue porque se lidió una verdadera corrida de toros, y los lidiadores traían seriedad, una disposición, una vergüenza torera. Torería llaman a esa figura, que en diversos pasajes hizo explosión y puso a latir los corazones”[i]

– Torería como expresión formal dentro de una concepción fundamentalmente estética de la lidia (pisar el ruedo, irse hacía el toro, salir de las suertes). Miguel Ángel Cuadrado: “Para que se supiera lo que es la torería, Carlos Escolar Frascuelo dictó ayer tarde en Las Ventas un curso completo de cómo hay que pisar el ruedo, irse hacía el toro y salir de las suertes con el paso medido y ritual.”[ii]

– Torería cómo logro capital o meta máxima, incluso más allá del mero triunfo. Juan Miguel Núñez: “Antón Cortés toreó como sueñan los toreros, algo que parece imposible, pero que fue feliz realidad por la gracia y la torería, por el valor para estar en el sitio y en los momentos justos, por el aroma que desprendía cada movimiento, por la torería, en suma.”[iii]

La torería podría calibrarse como la posibilidad de realizar algo que pocos hacen, algo casi inalcanzable para el común de los mortales. Es cualidad extrema, tan oculta para la mayoría y al mismo tiempo tan natural para los elegidos.

Hay acciones que hacen perder la torería. Zabala de la Serna, famoso periodista taurino, enumera entre otras:

– Golpear al toro durante la lidia.

– Desabrocharse el chaleco, el corbatín o peor aún la taleguilla, porque hace calor o por asfixia.

– Correr al momento de brindar un toro.

– Celebrar que el toro cae muerto como quien celebra un gol.

– Envolverse en un mantón de manila en una vuelta al ruedo.

– Quitarse la montera como si fuera un casco.

 

Definitivamente, la mejor forma de salvaguardar la torería estriba en que el propio torero sea consciente de la grandeza y singularidad del oficio, y que lo defienda día a día, dentro y fuera del ruedo, con su actitud, su forma de ser, su forma de estar; su torería.

[i] Crónica de Joaquín Vidal (El País, 22-5-2006).

[ii] Crónica de Miguel Ángel Cuadrado (El País, 13-10-2002)

[iii] Crónica de Juan Miguel Núñez (Efe, 13-5.2004)

Una tarde torera

LUIS IGNACIO ESCOBEDO

Hoy escribo en día extraordinario, ya que no puedo dejar pasar este acontecimiento.

Este domingo por la tarde se llevó a cabo en el lienzo charro de Guadalupe un Festival de Escuelas Taurinas.

Me dio mucho gusto ver los tendidos llenos a pesar que sólo toreaba un muchacho de la tierra.

Hoy quiero expresar lo que desde el tendido tuve la oportunidad de apreciar, algo que me resultó muy motivante e importante.

El festival tuvo tres nombres propios:

El primero de ellos es Sol Miramontes. Una muchacha hija de torero y hermana de toreros. Me impresionó su valor sereno, valor inocente quizá por lo nueva que está en esto de los toros, pero a fin de cuentas se queda más quieta que una vela, desmayando el brazo hacia atrás de la cadera, pasándose el novillo muy cerca y toreando con soltura. Pocos muletazos de esa calidad, pero Sol Miramontes es un diamante en bruto que pulido puede valer mucho.

El segundo nombre es Ángel Escobedo, el torero local. Este muchacho está dando de que hablar, y se ha justificado en el ruedo tarde a tarde. Lo conocí hace apenas un par de años, cuando estaba empezando en la escuela taurina y la verdad es que ya entonces apuntaba maneras, una cabeza fría, corazón y, lo más importante, educación. En especial por estas dos últimas cualidades fue por lo que le brindé mi amistad y le abrí las puertas de mi casa. Entonces, y en broma, le llamábamos “El Niño de los Palillos”, por los que rompía en las tientas… Es un orgullo para mí verlo que día a día va mejorando y demostrando que puede servir. Hay que cuidarlo y llevarlo con pies de plomo, porque, como dice él en su estado de WhatsApp “La humildad es el secreto del éxito”. Enhorabuena, torero…

El tercer y último nombre de la tarde es el de “El torbellino de Querétaro” Juan Pedro Llaguno. Este hombrecito demostró en el lienzo charro de Guadalupe que mamó la torería desde que nació. Es un torero con solera y un carisma que rompe cualquier cuadro. Valiente y con actitud. Recuerdo que el día que lo conocí él tendría unos nueve años, si acaso, y ya andaba de torero. No me refiero a andar de figurín, sino con una afición desbordante y lleno de ilusiones. Me da mucho gusto verlo torear nuevamente y que sigue con la misma afición e ilusión del principio, si no más.

Torería, ilusión y ambición fue lo que viví desde el tendido al ver a estos muchachos.