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LA DESIGUALDAD Y LAS FORTUNAS HEREDADAS; LO PÚBLICO SE VUELVE PRIVADO

El trabajo del economista “en voga” Thomas Piketty (su libro “El Capital en el Siglo XXI”) nos proporciona cifras y datos reveladores de la acumulación de riqueza en el siglo XX. Su tesis central afirma que existe una fuerza que hace que el capital acumulado crezca a una velocidad mayor que la renta y los salarios, logrando con ello un efecto doble: 1) las rentas del capital devoran progresivamente las rentas del trabajo, y 2) la riqueza se concentra gradualmente en menos manos, a medida que se transmite de generación en generación, es decir, se hereda. ¿El resultado?: mayor y creciente desigualdad. Citando a Piketty: “El empresario inevitablemente tiende a convertirse en un rentista, cada vez más dominante sobre aquellos que no poseen nada, excepto su trabajo”.

No son ideas nuevas, pero reafirman de buena manera y con disposición de datos (de los que en pasado se carecía), lo que desde 1867 en “El Capital” describió y vaticinó, Karl Marx. ¿Será por eso que el libro causa tanto escozor en los partidarios principalmente del neoliberalismo?

No es en vano que “El Capital en el Siglo XXI” de Piketty se constituya ahora como un elemento teórico tendiente a restituir la ideología de la política económica de izquierda y por qué no, del socialismo. Es sencillo, “cuando la tasa de retorno del capital es superior a la tasa de crecimiento de la economía, la lógica dicta que la riqueza heredada crece más que el PIB y el ingreso de las personas”, y por tanto, generación tras generación, los ricos tienen la posibilidad de ser más ricos (siempre y cuando mantengan sus inversiones en el umbral de rentabilidad superior al crecimiento de la economía), mientras que aquellos que solo poseen como “capital” su fuerza de trabajo, pueden verse condenados al estancamiento, la precariedad y en algunos casos, a una analogía encarnada de cuasi-esclavismo.

Pero para tratar de entenderlo, ¿cómo es que el capitalismo puede llevar a tal situación de concentración de riquezas y la consecuente y creciente desigualdad?

Son diversas las formas, pero me concentraré en solo dos de ellas, que concatenadas parecen alimentar el “destino manifiesto” del “Club de los Elegidos” y el símil (en versión desafortunada) de “Los Perdedores de Siempre” (parafraseando el título de una de mis columnas anteriores en #VocesCruzadas).

La primera es la lógica natural ya mencionada arriba y argumentada por Piketty; es decir, la dinámica a través de la cual el rendimiento de capital excede a la tasa de crecimiento de la economía y que por tanto, implica el crecimiento del capital en mayor proporción al nivel de vida del trabajador común, propiciando por consecuencia la posibilidad de reinversión por parte de los capitalistas, en tanto el trabajador común en muchos casos, sobrevive sin poder destinar una proporción de sus ingresos al ahorro o la inversión. ¿El resultado?: Concentración.

La segunda forma tiene implícito un mal que aqueja a la política en general pero en particular a la que impera en el Estado Mexicano: La Corrupción; y no solo eso, sino que conlleva a un escenario aún más preocupante: La privatización de la riqueza pública.

Esta transformación de la riqueza pública en privada se da a través de la extracción de rentas mediante diversos mecanismos y apropiación de espacios de decisión que debieran guardar un carácter de públicos, pero que se encuentran cada vez en mayor proporción, al servicio de los privados:

  1. La apropiación de recursos naturales, materias primas básicas u otros productos en esencia son propiedad de la nación, sin que exista una contraprestación adecuada y provechosa para el Estado siempre escudados en el argumento de fomentar la inversión privada. ¿Ejemplos? Las grandes compañías de telecomunicaciones y la reciente reforma energética con resultados aún por conocer.
  2. El diseño institucional (marco jurídico, programático e institucional) del Estado en favor de los intereses privados, o más aún, su configuración diseñada y aplicada por aperadores al servicio (voluntario o coercitivo) de los intereses de los grandes capitalistas. ¿Ejemplos? El “Lobbing” ilegal en los espacios de representación popular y en las dependencias gubernamentales, así como el “Lobbing” legal pero ilegítimo, como las telebancadas.
  3. El denominado por Denisse Dresser “Capitalismo de Cuates”, que transfiere los activos “productivos” del Estado a la propiedad privada, pero a precios irrisorios e incluso financiadas descaradamente con público. ¿Ejemplos? Las privatizaciones de TELMEX e IMEVISIÓN (ahora TV Azteca).
  4. Los amañados “concursos públicos”, que transfieren el recurso público a manos privadas, mediante la asignación de licitaciones, invitaciones restringidas y adjudicaciones directas, para adquirir bienes destinados al servicio público, pero con costos exorbitantes (pocas veces o jamás auditados) para disfrazar el pago de “diezmos”, que en muchos casos llegan hasta el 30%. ¿Ejemplos? Podemos consultar la reciente investigación de PROCESO al Servicio de Salud en el Gobierno de César Duarte en Chihuahua (http://www.proceso.com.mx/?p=391652).
  5. La asignación de espacios burocráticos (aún con la existencia de un Servicio Profesional de Carrera) por motivos de compromisos político-económicos, desplazando a servidores públicos con experiencia y carrera, y propiciando la reducción de espacios disponibles para el trabajador común que carece de relaciones de influencia para acceder a los puesto públicos. ¿Ejemplos? En todos los gobiernos, sin distinción de partidos e ideologías.

Son estos, solo una muestra de los diversos mecanismos que fomentan la concentración de la riqueza “transgeneracional” sin contrapesos adecuados que combatan la desigualdad, y que por el contrario enriquecen a generaciones futuras que desafortunadamente agregan un ingrediente adicional a sus múltiples “cualidades”: la visceralidad en su actuar, que nos permite ver a los “ricos por herencia” cada vez más prepotentes e insensibles con el infortunio de los demás, con las posibles y desafortunadas consecuencias que su ascenso a espacios de poder, pudieran tener.

Me despido esperando sembrar la duda en el amable lector, que le permita posteriormente abrir los ojos de la conciencia a un problema enorme que aqueja a la sociedad mexicana: La transformación del espacio público en propiedad privada, tema que abordaré en posteriores trabajos.

No omito dejar a ustedes una estupenda recomendación musical, para deleitar el oído con el sensible tacto de uno de los mejores pianistas del Jazz; Art Tatum. Aquí el primer volumen completo de sus “Solo Masterpieces” (https://www.youtube.com/watch?v=1SnJSHfMAxQ).