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El rey del campo bravo

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LUIS IGNACIO ESCOBEDO

 

El pasado 13 de abril, en la importante feria de Sevilla, hubo un acontecimiento taurino histórico que quedará grabado en la memoria de todos los que tuvimos la fortuna de verlo por televisión. Seguramente más aún en los que lo vivieron en la mismísima Real Maestranza de Caballería de Sevilla.

Se dio el indulto de “Cobradiezmos”, astado  de la ganadería de Victorino Martín en la gran faena de Manuel Escribano. Es Cobradiezmos un toro cárdeno claro, bien puesto de pitones, enrazado,  que embistió humillado, noble, codicioso, con clase y, lo más importante, un toro BRAVO. Digo “es” y no “era” porque el indulto se traduce en la vida misma, volverá al campo, como semental, seguramente para el resto de sus días.

En los más de doscientos años de historia del coso sevillano, la Real Maestranza, sólo dos toros han sido indultados. El primero fue “Arrojado”, de la ganadería de Núñez del Cuvillo, lidiado por José María Manzanares (hijo) el 30 de abril del 2011. Un toro negro listón, con mucha clase al embestir, de menos a más, que nunca se cansó de embestir por bajo y entregado.

Para que un toro sea indultado debe tener todo un conjunto de virtudes; clase, repetición, fijeza, verdad, recorrido, calidad, humillación, intención de embestir, aguante, fuerza y, lo más importante, bravura. Puede quizá faltar alguna de las otras, pero nunca la bravura.

El indulto de un toro bravo es el reconocimiento más importante para  un ganadero. Es el premio al trabajo de años y años seleccionando su ganado en las tientas, definiendo la línea que quiere para sus reses, desechando lo que no le gusta y dejando para criar las vacas que sirven a su propósito. Siempre el indulto es el mayor premio y, siendo en un plaza como La Maestranza, mucho más.

Ver a un toro volver a los corrales con todo el público puesto de pie aplaudiéndole, es una emoción que no es fácil describirla con palabras. Como aficionado es algo majestuoso ver le dan al toro el valor y la importancia que merece, como debe ser. Como torero es una experiencia que no todos pueden vivir, pero darle esa satisfacción al ganadero y al mismo toro de volver al campo bravo, es indescriptible. Como ganadero, ver a tu cría, a tu creación, a tu toro volver a casa por esa puerta de toriles, siendo ovacionado por todo el público puesto en pie, debe ser impresionante.

El toreo es grandeza y el toro es el rey del campo bravo. Este tipo de acontecimientos nos emocionan a todos los aficionados, nos llenan de ilusión, de orgullo y satisfacción.

A estas alturas “Cobradiezmos” ya debe haber sido curado y estará recuperándose en su rancho, listo para ser el amo y señor de la ganadería, ser el padre de las próximas camadas, las que se lidiarán en el futuro en las plazas de España y el mundo, incluyendo La Real Maestranza de Caballería de Sevilla, como su padre.

¡Viva la fiesta de los toros!

“Si hubiera sido animal, hubiese escogido ser toro bravo” Julián López “El Juli”

Arrepentimientos

J. Jesús Reyes R. del Cueto

A mi todavía corta edad he aprendido unas cuantas cosas que considero en la vida. Una de ellas es que hay pocas cosas más difíciles, duras y feas de enfrentar que los arrepentimientos. Arrepentirse de lo que hiciste o dejaste de hacer es algo muy complicado de cargar a través de los años; no son pocos los sabios que recomiendan vivir la vida al límite para nunca arrepentirse de algo y tienen mucha razón, porque comparando nuestra vida con la inmensidad del universo, la verdad es que no somos nada. Si la vida universal fuera un año entero, la historia humana serían los últimos 13 segundos del 31 de Diciembre. Y esa es toda la historia de nuestra especie, ahora imagínense nuestra vida como individuos dentro de este mundo: somos insignificantes. Por eso este consejo de vivir la vida al máximo tiene mucho de sabio ya que nunca sabemos cuando nuestro finito tiempo en esta tierra se va a acabar y disculpen los venerados lectores que me ponga filosófico de esta manera pero es mi modo de honrar a un ser que lamentablemente ya se encuentra del otro lado de la luz, en lo que probablemente es un mejor lugar. 

Mis palabras en este blog no suelen tener este tono, pero creo que ahora para mí es necesario hacer esto ya que el fallecimiento de un ser querido siempre es momento de reflexión para los que nos quedamos. Este acontecimiento es una de las cosas que muchos de nosotros más tememos y sin duda el poder superar estos momentos nos hace ver las cosas de una manera diferente y nos da cierta “sabiduría” que podemos compartir con nuestros prójimos en un intento efímero de apoyar a los que están pasando o pasaran en un futuro por esta realidad tan difícil.

Él, mi tío Ferdi, fue una persona reservada y callada, al menos en los tiempos que en realidad me acerque a él y lo conocí más profundamente. Era alguien con un corazón bueno y un espíritu noble, que siempre pensaba en los demás. Extremadamente inteligente, siempre buscaba maneras de inventar o crear algo que hiciera la vida más fácil para los menos afortunados y constantemente entablaba conversaciones cibernéticas con expertos en varios campos de estudio alrededor del mundo buscando la estimulación intelectual que no encontraba aquí. Esos son los recuerdos más frescos que tengo de él, cuando me platicaba y preguntaba a mí, como politólogo, la opinión que tenia de gente como Bueno de Mesquita, un especialista en teorías políticas de “juego” (como se llaman) aplicables a las relaciones internacionales y me presumía el contacto constante que tenía con él.

Siempre fue alguien que, como ya mencione, se preocupaba por los demás. Cargaba la característica familiar de la necedad, y por eso en ocasiones discutíamos acerca de temas en los que no estábamos del todo de acuerdo, como la política, la religión o la medicina alternativa. Cuando nos encontrábamos (cualquiera de sus seres queridos) en problemas, él era el que más se involucraba para saber que es lo que estaba pasando. Recuerdo al principio de mi carrera laboral, cuando tuve unos problemas para mi incorporación total y formal a mi área de trabajo, él cada vez que me veía me preguntaba, interesado, acerca de la situación. Lo mismo hacía cada vez que veía a mi padre después de sufrir un desplazamiento injusto e injustificado de su empleo. Él único arrepentimiento que tengo acerca de mi relación con él es nunca haberme tomado el tiempo por hacer lo mismo con él; preguntarle acerca de su trabajo, de sus intereses, empujar un poco para tener una conversación más profunda. Hace años lo hacía, con sus experimentos y sus intereses, pero al hacerse más reservado él y crecer y endurecerme yo, deje de hacerlo, deje de interesarme y eso es algo que me pesará por un buen tiempo.

Por eso escribo esto, para compartir ese arrepentimiento y tal vez, empezar a dejarlo ir. No vale la pena cargarlo, pero si aprender de él, de estos acontecimientos recientes que me han enseñado que arrepentimientos son de las cosas que hay que evitar, a la costa que sea. 

Más que nada, mi tío era un hombre bueno, noble y cariñoso; y en este mundo sin duda se le extrañará profundamente pero donde quiera que esté puede seguir vivo en todos nosotros, sus seres queridos. En los que podemos aprender de esto y cargar sus virtudes, que eran tantas, y representar honradamente esos genes que estoy orgulloso de compartir con él. Descanse en paz, Fernando José Reyes Bustamante. 

Un paso más allá del fracaso

LUIS IGNACIO ESCOBEDO

La ilusión es lo que nos hace caminar cuando estamos cansados, trabajar estando hartos, echar “palante” estando cabizbajos. La ilusión es sentir las ganas de seguir adelante a pesar de todo, es la esperanza que ponemos en alguna situación determinada, en un día, en una persona, en un romance o en un trabajo.

El problema viene cuando estas ilusiones se derrumban, cuando nos estrellamos contra la pared y nos caemos en seco.

Uno siempre trabaja y se esfuerza para tener el resultado que busca. Por desgracia, hay veces que ese esfuerzo no es suficiente, o simplemente uno es muy bruto para hacer las cosas bien. En ocasiones, ni siquiera depende de uno mismo. Un minuto es suficiente para echar a perder todo por lo que se ha trabajado durante años.

Lo importante es levantarnos de ese fracaso. Dicen “los errores hacen al maestro”. Hay veces que no lo creemos, pero, con el tiempo, si no nos hacen maestros, al menos nos enseñan algo.

Como ser humano, uno de mis mayores temores es justamente el fracaso, y es lo más cotidiano, no sólo para mí, sino para todo el mundo. Todos fracasamos y nos equivocamos a diario, pero lo importante no son los fracasos, sino las veces que nos levantamos.

Tarde o temprano, esos errores tendrán su recompensa; el éxito.

En días anteriores mi ilusión era nula, pero hoy tengo una llama encendida que me hace levantarme temprano para ir a entrenar.

El día que esa llama se apague, buscaré una nueva ilusión, la cual esperaré que llegue pronto.

Los artistas viven de ilusiones. Cada día, cada fecha en la que se presentan ante el público, es una ilusión nueva. Y por lo mismo nuestros días son exprimidos hasta agotarlos. Diario nos ilusionamos y emocionamos con algo nuevo o al menos tratamos de hacerlo para poder respirar.

Los éxitos son bocanadas de oxígeno puro. Las ilusiones son la base de los éxitos.