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Impuesto Ecológico ¿Inicio de la revolución fiscal?

Eduardo Ernesto Hernández Castañeda

El 2017 nos recibió con modificaciones al orden mundial, nacional y estatal; a nivel internacional, el relevo de gobierno en los EEUU es quizás el suceso que más cambios vislumbra en el panorama político y económico global a corto y mediano plazo, además, el que más oportunidades nos dará de generar debate desde este y otros espacios de expresión.

En el nivel nacional, amén de las implicaciones del “fenómeno Trump”, iniciamos el año con la llegada del mayor “gasolinazo de la historia” que ante la falta de tacto y sensibilidad política social, además de la pésima estrategia de comunicación gubernamental, ha logrado que la sociedad mexicana muestre atisbos de reacción y cohesión social a través de manifestaciones de inconformidad, llevando a niveles históricamente bajos la aprobación del Presidente de la República y congregando voluntades y deseos ciudadanos, de detener los abusos del “Sistema”, independientemente de ideologías políticas.

Finalmente en el nivel estatal, el año nos recibió con el siempre impopular nacimiento de nuevos impuestos, dentro de los que destaca el denominado “Impuesto Ecológico”.

Es natural la impopularidad de los impuestos; es natural también la resistencia a aceptar su pago, resistencia que se acrecienta a medida que se incrementa el nivel de poder económico y político del sujeto que puede ser “afectado”; que en este caso, no es cosa menor.

El Impuesto Ecológico contempla cuatro vertientes que dan origen a su base gravable:

  • La remediación ambiental en la extracción de minerales.
  • La emisión de gases a la atmósfera.
  • El depósito o almacenamiento de residuos.
  • La emisión de contaminantes al suelo, subsuelo y agua.

No obedecen a meras ocurrencias, sino a lo que parece ser un acto de justicia social, por los efectos de una industria altamente extractiva, que ha convertido no solo a Zacatecas sino a buena parte de la América Latina en el proveedor del bienestar económico de los imperios y los países desarrollados: la minería. Industria cuyos efectos en muchos casos devastadores, han transferido al Estado su costos a mediano y largo plazo.

La actividad minera en México ha resultado sumamente redituable para el capital extranjero a lo largo de la historia. Zacatecas ha sido para el mundo, uno de los grandes proveedores de minerales desde tiempos de “La Colonia”; de ahí la existencia de territorios devastados como es el caso de la región de Noria de Ángeles, que por la explotación de la mina Real de Ángeles, dejó para otra vida la productividad  de sus tierras.

Zacatecas tiene en su subsuelo, algunos de los yacimientos de minerales más importantes del mundo, razón por la que en los últimos años ha recobrado su posición de uno de los principales productores de oro, plata, cobre, zinc y otros minerales.

No se pone en duda la gran contribución que por diferentes vertientes hacen las empresas mineras al desarrollo de la entidad; tampoco las labores de responsabilidad social y el cumplimiento de estándares de calidad en su producción y normas que pretenden regular el impacto de su actividad. Sin embargo, si se considera la explotación y el enorme valor de los bienes extraídos del subsuelo, resulta a todas luces insuficiente su contribución económica al erario nacional.

Uno de los argumentos para restar legitimidad al “impuesto ecológico”, ha sido que tiene fines meramente recaudatorios, argumento un tanto absurdo si se toma en cuenta que un impuesto tiene por naturaleza es fin: recaudar. No obstante las actividades que grava, analizadas con detenimiento, presentan dos puntos medulares para dotarle de legitimidad económica y social:

  • La recaudación como cobro a los daños causados al medio ambiente y la sustentabilidad de los territorios, por las industrias altamente extractivas.
  • El carácter de progresividad del impuesto, dadas sus características de gravar de facto, el nivel de actividad industrial altamente extractiva y sumamente redituable, sin afección directa a los beneficios de los trabajadores: una forma de impuesto al capital.

Llama la atención que los sindicatos se manifiesten en contra de un impuesto que grava la actividad empresarial -dentro del derecho que conlleva la facultad del Estado para ejercer la rectoría económica- en tanto no se han manifestado contra las reformas estructurales que hasta el momento han precarizado el estatus económico de la clase media principalmente, a la que por cierto, pertenecen la mayor parte de los empleados de las empresas mineras. Se percibe entonces una forma de “charrismo sindical” desde la iniciativa privada, que valga decirlo no es menor, dado el poder económico y de negociación de ese gremio tan bien organizado.

Particularmente considero, que ante estos embates y la crítica social que pudiera desencadenar, el Estado no debe ceder en sus objetivos de recaudación del impuesto; primero porque es la única actividad industrial sobre la que pueden mantener el mayor poder de negociación, ya que yacimientos mineros como los que se explotan en Zacatecas, no abundan en otras partes del mundo; segundo, porque representa el primer acercamiento con un acto de justicia fiscal distributiva, al gravar la actividad industrial (que reditúa en altas ganancias de capital) sin que los “perjuicios” causados, pueden ser transferidos legítimamente al trabajador.

Ha sido ideario de algunos de algunos de los últimos “Premios Nobel de Economía”, impulsar impuestos que graven las altas concentraciones de riquezas y que hasta le fecha gozan de ciertas formas “paraísos fiscales mundiales”: las transacciones financieras, las herencias, la acumulación de capital y la actividad extractiva de alto impacto.

Si bien la utopía útil del Impuesto Mundial al Capital (Piketty dixit) resulta muy distante, este impuesto bien puede representar el primer acercamiento a ello. Ahí radica el gran temor del empresariado (principalmente el minero): la eventual replica de este tipo de imposiciones en otras entidades federativas, en la federación misma y por qué no, en otras naciones. Por ello se entiende la fuerza con que reaccionan en su contra.

Ahora bien y para finalizar, los argumentos aquí vertidos, parten de la premisa de que los recursos eventualmente recaudados, se destinen adecuadamente a la promoción del desarrollo económico y social de Zacatecas. Ahí radica la otra cara de la moneda: someter al escrutinio popular, el histórico despilfarro del recurso público, los grandes vicios de corrupción, la escasa transparencia y rendición de cuentas, así como el enriquecimiento de políticos y empresarios consentidos del “Sistema” y no solo eso, sino actuar en consecuencia; pero eso, aunque es parte de la misma historia, es en sí, otra historia que por cierto, abordaremos continuamente en este espacio.

No olvidemos la recomendación musical para el día de hoy: “El clave bien temperado”, composiciones del genio musical Johann Sebastian Bach, que en expresión de su genialidad, explota todas las tonalidades de la escala cromática de la música occidental; obra ampliamente recomendada para relajar la mente y potenciar la concentración (al menos a mí me sirve) https://www.youtube.com/watch?v=hUt4PP_kQW8.

Nos seguimos leyendo, en la expresión de las Voces Cruzadas.

Al Chile!

México jugó los cuartos de final de la Copa América y a pesar de que las expectativas de la selección azteca eran altas, Chile les metió siete goles a cero siendo ésta la segunda peor goleada en contra de la selección mexicana.

La peor derrota del tricolor fue de 8-0 contra Inglaterra en un partido amistoso en 1961.

Es raro ver este tipo de resultados en el futbol, la verdad es que nadie imagino que Chile fuera a ser tan contundente y México tan inofensivo (por no decir malos).

Ni con el almanaque de la película de volver al futuro hubiera creído el marcador de 7-0.

La Selección o decepción no se entregó en la cancha. Luego de los dos primeros goles el equipo se desmotivo totalmente.

Se veían jugadores caminando como si no les importaran las consecuencias de su pobre desempeño que al final terminó en una humillante goleada que quedará en la historia.

Hasta para perder hay que tener dignidad y sobretodo respeto a la gran afición mexicana que siempre esta apoyando a pesar de llevarnos más decepciones que triunfos.

Faltaron líderes en la cancha, se necesitan jugadores como en su tiempo Cuauhtémoc Blanco que se entregaba al máximo con su equipo y lo transmitía a sus compañeros.

Quedan muchas dudas después del partido de ayer. ¿Donde esta Carlos Vela y los hermanos Dos Santos? ¿Por qué no metieron al experimentado Rafa Márquez? ¿Por qué teniendo porteros en buen momento, deciden darle la titularidad al descanchado Memo Ochoa que ha tenido muy poca actividad en su club?

Tanto la prensa como la afición somos muy exagerados para calificar el rendimiento de los jugadores porque cuando juegan bien ya los queremos en el Barcelona o en el Real Madrid y los sobrevaloramos. Pero cuando juegan mal, los criticamos severamente como si el bajo rendimiento del equipo en un partido fuera parámetro suficiente para analizar los errores, diagnosticar el problema y plantear solución.

El mal funcionamiento de un equipo va más allá de un encuentro, ya sea bueno, malo o pésimo como el de ayer. Para planear un mejoramiento es necesario llevar a cabo un proceso y se requiere de tiempo, sin embargo la Selección no ha podido tener estabilidad debido a los cambios constantes en la directiva y jugadores.

Ayer fue un día históricamente triste para muchos mexicanos que seguimos teniendo esa inexplicable ilusión mal correspondida hacia nuestro equipo de futbol, pero es justamente eso lo que lo hace interesante ya que tanto en la vida como en el futbol hay momentos buenos y malos. Pero lo más importante es no perder la fe.

Felicidades a todos los papás en su día y “1,000″ gracias a los seguidores de la página de Facebook de voces cruzadas, sin ustedes no tendría caso escribir.

Juventud ¿el ahora o el mañana?

“Por la esperanza del mañana sacrificamos el hoy,

Sin embargo la felicidad siempre está en el ahora.”

Jiddu Krishnamurti

Hace poco platicando con amigos, surgió el tema sobre la situación actual de nuestro bello México, la postura de algunos de ellos era: “todo está terriblemente mal, diciendo que no existe otra solución más que la de la revolución”, pintando el panorama desolador y posicionando al país como el mismo infierno.

Si bien es cierto que no es la gloria un país, donde más de la mitad de la población vive en condiciones de pobreza, donde el homicidio y el secuestro en muchas ocasiones queda impune, donde la corrupción y la avaricia de pocos merman los esfuerzos de muchos, lastimando gravemente a nuestra sociedad. No, definitivamente algo no anda bien y estos no son signos de buena salud.

También es cierto que polarizar al extremo el escenario lo que origina es perplejidad más que otra cosa.

No se trata de cerrar los ojos y negar las injusticias, tampoco se trata de cometer suicidio colectivo ante la falta de alternativas para poder vivir. Se trata de ser objetivo y proponer; más allá de polarizar ideologías deberíamos encontrar convergencias para así llegar a soluciones.

El insistir en negar los avances que ha tenido el país a través de los años, es un insulto y un menosprecio al esfuerzo de miles de familias que con su trabajo diario, han logrado de la nada construir un patrimonio para que las siguientes generaciones tengan mayores oportunidades de las que tuvieron en su momento. ¿Cuántas historias conocemos de padres de familia que sin estudios universitarios han logrado que sus hijos tengan licenciatura? Permítanme incluirme en esta lista.

No es algo para agradecer al gobierno, pues es su obligación el brindar estas oportunidades, pero es signo de que los trabajos se están haciendo. Claro que queda mucho por hacer, es entonces donde nosotros los jóvenes debemos hacernos presentes para que al igual que nuestros padres han luchado para legarnos un futuro más próspero, hagamos lo propio para que a las siguientes generaciones les toquen condiciones más favorables para su desarrollo.

Donde quiera se escuchan llamados a las juventudes para transformar y regenerar el país, desde distintas posturas. Dicen unos y otros que en los jóvenes esta la respuesta y esto es verdad. En esta generación tenemos la ventaja del acceso a la información, suerte que las anteriores no tenían, lo que favorecía a la opacidad, el oscurantismo y a las prácticas por debajo de la mesa.

Otro distintivo es la interconectividad en el flujo de información, ahora todos nos damos cuenta de lo que sucede y de quienes son los que tranzan y se enriquecen a costa de todo y de todos, llevándose entre las patas a luchadores sociales, puritanos, conservadores e ideólogos por igual, que no tienen mayor crimen más que interesarse y ser partícipes de la política. Esto debe terminar. Los convocantes de las juventudes, deben examinarse en introspectiva y a conciencia, para rectificar su actuar en caso de ser pertinente, pues las acciones de algunos no son congruentes con lo que tanto manifiestan, provocando en la juventud ganas de no querer saber nada que tenga que ver con política ni con políticos.

Desde aquí hago un llamado a los dirigentes para que prediquen con el ejemplo y nos brinden a nosotros los jóvenes los espacios para lograr tener incidencia en el rumbo de la sociedad. ¡Pero ya! No hay que esperar a ser absorbidos para ser permisivos. Necesitamos ser representados, que las propuestas que entre nosotros surgen sean escuchadas y puestas en marcha. La corrupción debe terminar junto con la avaricia de pocos, el reparto de la riqueza debe de ser equitativo. Porque las oportunidades las existen para todos.

Exijamos lo que nos corresponde, porque juventud no es sinónimo de inexperiencia. Seamos ciudadanos activos, en todo momento exigiendo el cumplimiento de nuestros derechos, permanezcamos permanentemente vigilando el ejercicio de los recursos, pero también siendo proactivos proponiendo para mejorar.

Como siempre agradezco su lectura y sus comentarios. Hasta la próxima.