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Dos políticos de papel maché

J. Jesús Reyes R. del Cueto

Esta semana, México volvió a recibir devastadoras noticias. No, no estoy exagerando; la noticia de una invitación presidencial al candidato republicano, Donald Trump, es algo devastador para el país.

Después de uno de los meses más violentos en el gobierno de Enrique Peña Nieto, más escándalos de casas y propiedades de la familia presidencial adquiridas por métodos sospechosos, una economía que no levanta y empieza a decaer en el pasado cuarto del año y la noticia de que el presidente plagió una gran parte de su tesis profesional, después de todo esto, México no podría tener más malas noticias.

Sin embargo esta invitación y la sola presencia del candidato en territorio mexicano, dando un discurso enfrente de nuestra bandera y atrás de nuestro símbolo patrio probablemente fue el más duro de los golpes.

Muchos analistas políticos en ambos lados de la frontera no pudieron encontrar explicación lógica y razonable para dicha invitación. Para muchos, lo que vimos enfrente de nuestros monitores fue un movimiento táctico y diplomático por parte de la presidencia de la república que no esperaban fuera respondido de manera tan tácita, directa e inmediata por uno de los dos candidatos que fueron invitados, el más controversial y menos bienvenido por la población en general.

Lo que yo vi el miércoles pasado fue un intento desesperado de dos hombres, extraordinariamente pequeños en habilidades intelectuales y de liderazgo, de salvar y echar a flote dos barcos que se les están hundiendo bajo su comando, sin avistamientos de una mejor situación en el horizonte.

Por un lado tenemos al xenófobo e improvisado Donald Trump. Un personaje con un ego del tamaño del mundo que hará lo que sea necesario para mejorar su imagen e imponer ante la sociedad la idea de que es un triunfador nato. Trump ha hecho millones a través de algunos negocios exitosos pero también a través del fraude y el embaucamiento de miles de personas que han confiado en él y en su nombre. Su más reciente reto es tratar de convertirse, por su propia voluntad en la persona más poderosa del mundo.

El sistema político estadounidense se encuentra tan roto y corrompido que estuvo cerca de lograrlo; sobre todo gracias al completo desastre en el que se encuentra el partido republicano, una oposición conservadora reaccionaria y recalcitrante que ha pasado los últimos ocho años oponiéndose y bloqueando cualquier acción presidencial por parte de Barack Obama, principalmente por razones ideológicas e incluso racistas estúpidas y cortoplacistas.

Esta partido ha sembrado una plataforma de odio en los cada vez menos norteamericanos que concuerdan con su visión retrograda de las cosas. Lo que ha conseguido es despertar los sentimientos más oscuros de racismo y xenofobia de la clase media y baja de descendencia europea y color blanco que piensan que las razones por las que no han podido crecer y prosperar económicamente son las minorías raciales y especialmente los migrantes. Explotar estos miedos en una gran parte de la población, le sirvió a Trump para lograr su primer objetivo, ganar la nominación del partido republicano.

Sin embargo, poco a poco, este personaje se viene dando cuenta que no le va a alcanzar para ganar la presidencia, que los tiempos han cambiado, que el voto latino importa e importa mucho y que la mayoría de los estadounidenses (y sobre todo la mayoría en los estados más importantes) no lo respaldará en la elección general de noviembre. Ante esta posibilidad, el improvisado político se ve desesperado para evitar la catástrofe, ser derrotado cuando su plataforma se basó en ser un eterno ganador. Por eso suaviza sus posiciones en el asunto migratorio y acepta la invitación sorpresiva de un presidente mexicano inmiscuido en sus propios problemas; para verse diplomático, presidencial, de altura. Algo de esto logró al dar su discurso junto a Peña Nieto, pero no le va a alcanzar para ganar la elección.

Por el otro lado tenemos al que rehúso llamar “nuestro presidente”. Alguien desesperado, entre tanta crisis, de levantar la percepción de su administración o cuando menos mejorar las posibilidades de cualquier candidato priista en el 2018. Castigado el PRI en las elecciones estatales, el presidente y sus consejeros están dispuestos a intentar lo que sea para evitar perder nuevamente la presidencia y pensaron que invitar a Trump, ponérsele al tú por tú, decirle que no habrá muro en su cara, lograría que los mexicanos vieran a Peña Nieto como el defensor de todos los mexicanos y mejoraran su opinión de él. “Tal vez sea un corrupto, un copión, tal vez hasta un asesino, pero de que nos defiende nos defiende”, pensaron que iba a ser la reacción del pueblo de México.

Pero nuevamente les falló, como tanto les ha fallado. No pudieron anticipar el enojo, la traición, la indignación sentida por los mexicanos al ver que alguien que nos ha ofendido y amenazado es bienvenido a Los Pinos y tratado como jefe de estado y no como el candidato de pacotilla que en realidad es.

Estos dos hombres demasiado pequeños poco lograrán salvar. Uno, desgraciadamente ya gobierna, el otro nunca lo hará. En México, como siempre, el daño ya está hecho; pero el despertar del pueblo mexicano está más cerca de lo que parece y por más que quieran evitarlo con sus aves marías y jugadas inesperadas de último minuto, no lo van a lograr.

Megalomanía Americana

Rogelio Cárdenas Vargas

Es tiempo de elecciones, después de dos periodos Barack Obama dejará la silla para dar paso al cuadragésimo quinto presidente de la historia de los Estados Unidos de América. Es curioso ver como se ha desarrollado el proceso de selección de las candidaturas presidenciales en los Estados Unidos de América. Por el lado demócrata, el proceso ha transcurrido sin mayores sobresaltos, al contrario del proceso republicano.

Al iniciar el proceso, la presencia de un outsider como Donald Trump era solo una anécdota más y los republicanos más serios no lo consideraban una amenaza. Sin embargo, transcurrido ya más de la mitad del proceso, este rubio empresario va a la cabeza en número de delegados necesarios para obtener la nominación, algo que ha hecho saltar las alarmas no solo en el lado republicano, también en el demócrata.

El discurso empleado por Trump, xenófobo, violento e intolerante, ha hecho que sea comparado con el nacionalismo nazi, sin embargo, muchos de los simpatizantes de Trump son latinos a pesar de que el principal rival es un político de origen latino, Ted Cruz.

¿Qué hace que americanos de distintos niveles económicos, académicos e incluso quienes son afectados por el discurso de Trump lo apoyen? la megalomanía americana.

La sociedad americana es una sociedad que se cree el patriarca mundial, durante décadas los gobiernos americanos han fomentado la creencia de la grandeza de los EU a pesar de la existencia del resto de mundo, una sociedad que en gran parte se considera independiente en cuanto a lo positivo, lo grandioso es americano y lo negativo generalmente es un factor externo, como los migrantes.

Una sociedad que busca dictar el que y el cómo sobre el resto del mundo, tratando de imponer sistemas de gobierno, moldeando la ética a su antojo, tratando de decidir quiénes son los buenos y juzgando a los malos, imponiendo formas de vivir, de pensar, de morir, jugando a ser magnánimos, cuando están más cerca de los tiranos.

“Make America Great Again” es el eslogan de la campaña de Donald Trump, una frase que apunta hacia el resurgimiento del supuesto Imperio Americano, independiente y superior a todo, y esa es la imagen que representa Donald Trump, que encarna todos los pretendidos valores de esa sociedad, éxito, liderazgo, poderío económico, contundencia ante los rivales. Sin embargo esa no es la realidad y cada vez es más evidente la incoherencia discursiva de Trump,  un Showman que dice lo que la gente quiere escuchar y nada más.

Afortunadamente una gran parte de la misma sociedad americana se está dando cuenta del daño global que un personaje así podría ocasionar de llegar al gobierno de los Estados Unidos de América. No solo es el tema humanitario de migración, los poderes económicos advierten del daño económico que representaría el proteccionismo nacionalista que propone Trump, un proteccionismo que en nuestro mundo globalizado es impensable.

Aún queda un trecho para que la amenaza Trump se convierta en una realidad, pero la megalomanía americana existe y Trump la saco a flote, aún los afectados de la xenofobía del magnate se asumen ante todo americanos dejando de lado sus raíces y permitiendo que lo que inició como un bufón se convierta en un peligro para el mundo.